En un mundo donde la comunicación fluye constantemente y las acciones se esperan en tiempo real, a menudo nos encontramos enfrentando la desconcertante brecha entre lo que decimos y lo que realmente hacemos.
Cuando las palabras no coinciden con las acciones
Todos tenemos en nuestro círculo más cercano a alguna persona que suele actuar de esta manera. Habla y no cumple, ilusiona y decepciona,….Pero ¿Qué actitud debemos tomar frente a ellos?
Un gran número de personas, se caracteriza por este tipo de comportamientos que en muchas ocasiones generan daños económicos o emocionales irreparables. Hacen promesas, construyen proyectos y su discurso se adorna de grandes esperanzas y hermosas palabras. Sin embargo, cuando llega la hora de la verdad y surge el instante en el que necesitamos de esa persona, no está.
Todo lo dicho y reafirmado hasta la saciedad se queda en humo. Un humo frágil que desaparece por una ventana abierta. Tras esto, surge, sin duda, la decepción, el vacío y la falta de confianza, generándose frustración y bronca.
Habitualmente los seres humanos cuando recibimos este tipo de acciones nos preguntamos ¿por qué nos pasa esto a nosotros?, y la pregunta sería ¿para qué nos pasa? La respuesta es clara: Nos ocurre para que caigamos en la cuenta en que todos no somos iguales. Lo que para algunos es una palabra sin importancia, por ejemplo “mi amor”, para otros es una declaración de amor en toda regla con un compromiso detrás de lealtad. Puesto que nosotros mismos exigimos coherencia, respeto y responsabilidad hacia nuestra persona, también hemos de demostrar estas mismas dimensiones a los demás. Si hacemos una promesa, o decimos que vamos a hacer algo, debemos cumplir y honrar nuestras palabras.
Las Promesas no Cumplidas
Hay auténticos rompedores de promesas profesionales. Son personas habituadas al arte de las palabras huecas, falsas y llenas de frívola fantasía.
Puede que las hayamos conocido en la familia o que, a día de hoy, nuestra propia pareja, amigos, o socio tenga este mismo perfil. Nos hacen creer cosas que luego se demuestran que no se pueden mantener. Tanto es así que, durante un tiempo, incluso nos creemos sus justificaciones, y confiamos que se hará realidad lo que nos plantea, hasta que, poco a poco, nos damos cuenta de que todo es mentira y que solo se priorizan a sí mismos.
Nos abocan a una larga espera, a una falsa esperanza, que genera en ocasiones ansiedad y frustración. Y nos la genera porque aguantamos siempre un poco más por esa confianza generada que existe de cariño y amor. Sin embargo, al final llega la decepción y lo que más pesa es el vacío y la soledad.
Estas circunstancias tienen siempre un efecto colateral en nuestras emociones dañando nuestra confianza y seguridad, pilares fundamentales en toda relación, de ahí que reforzar estos dos conceptos solo se puede hacer siendo coherentes y estando alineados en nuestros pensamientos, en nuestras palabras y en nuestras acciones.
Todos deberíamos de recordar a diario que somos lo que decimos, unido a lo que hacemos, y en muchas ocasiones hablamos y decimos muchas cosas para quedar bien, o salir del paso, pero nuestras acciones no llevan el mismo ritmo y ahí aparece la famosa procrastinación que puede llegar envuelta en mentiras, obligando al incumplidor a patear la realidad para no enfrentarla.
La procrastinación es un factor clave en la discrepancia entre las palabras y las acciones. Esta brecha entre la intención declarada y la acción real puede ser frustrante y afectar nuestra relación llegando a desgastarse el vínculo ya que esperamos lo que nos dijeron, pero el hecho o la acción no se cumplió por falta de deseos, de interés, de amor, o de voluntad…….
La mentira como hemos dicho, es aliada en este coctel perverso y dañino y aparece cuando no coinciden las acciones con los hechos, generándose en muchas ocasiones estafas emocionales que dinamitan cualquier tipo de relación sana, al haberse incumplido las promesas realizadas.
¿Cómo debemos actuar en estas situaciones?
Solo hay un camino que nos devolverá la estabilidad cuando nos encontramos con personas con este perfil .Queremos dejar bien claro que cualquiera puede fallar una, dos o tres veces en su vida a su palabra por distintas circunstancias o situaciones, y cuando esto ocurre debemos asumirlo y enfrentarlo con entereza.
Sin embargo, cuando las decepciones se convierten en rutina, y moneda de cambio en nuestra vida, es necesario reaccionar. Debemos exigir congruencia, que sean coherentes con nosotros. Si alguien por ejemplo nos dice cada día cuanto nos valora, aprecia y quiere, pero cuando lo necesitamos nunca está a nuestro lado, y nos suelta la mano ante el menor problema realmente nos provoca una decepción que difícilmente podemos acomodar en ese instante ya que entendemos según aprendimos que quién nos ame estará junto a nosotros “a las duras y a las maduras”. Por eso es de vital importancia intentar, ante todo, practicar nosotros mismos aquello que exigimos. Es importante demostrar afecto a quienes amamos, de forma cotidiana y sin esperar momentos especiales, cumplir en lo pequeño y en lo grande lo que decimos, generar confianza a través de las palabras y las acciones, con gestos reales y sinceros.
Si nos encontramos o detectamos a nuestro alrededor “rompedores” profesionales de promesas y artesanos de las falsas palabras, es necesario poner distancia, alejarlos sin contemplaciones, y sin dar muchas explicaciones ya que el precio que se paga por este tipo de vínculos dañinos es muy alto y destructivo.
Mucho cuidado con las promesas virtuales
En la era de las redes sociales y la comunicación digital, es cada día más común observar y ver emociones y promesas en línea. Sin embargo, esta forma de comunicación puede llevar a un desajuste constante entre las palabras y las acciones. Es fácil publicar un compromiso público, pero la ejecución real puede ser mucho más difícil debido a las distracciones y la superficialidad de las interacciones en línea.
Muchas personas con autoestima baja o problemas con el manejo de la soledad suelen ser víctimas de promesas incumplidas y estafas emocionales en internet, ya que escondidos o camuflados bajo una pantalla es mucho más fácil mentir con palabras bonitas y no concretar acciones, ilusionando a las personas hasta el punto de creer y ser engañados en la amplia expresión de la palabra.
La Sincronización
Para cerrar la brecha entre las palabras y las acciones, es esencial cultivar la autenticidad y la autoconciencia. Antes de expresar una promesa o intención, debemos reflexionar sobre si estamos comprometidos genuinamente y si estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de nuestras palabras. La planificación cuidadosa, la toma de decisiones informada y el establecimiento de objetivos realistas también son pasos fundamentales para garantizar que nuestras palabras se conviertan en acciones.
Reconociendo las causas subyacentes y siendo conscientes de nuestras propias intenciones y motivaciones, podemos trabajar para sincronizar lo que decimos con lo que hacemos. Al cerrar esta brecha, fortalecemos nuestras relaciones, construimos confianza y nos acercamos a la autenticidad de lo que deseamos.
Escrito por: Carlos Fernández
Coach de Empresas y psicólogo
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