Unas pocas oraciones dedicó la Historia -con mayúscula- de San Juan al general Marino Bartolomé Carreras. Apenas algunas anécdotas sobre su mano dura -o sobre la firmeza de sus decisiones-.
Quién fue el Pibe Topadora, el general que alineó a San Juan y destruyó la casa de Laprida
Sin embargo, tuvo un rol preponderante en el diseño de la cuadrícula de la Ciudad de San Juan. Aún con un costo carísimo para el patrimonio local, según el historiador Rubén Guzmán: la destrucción de buena parte de la casa natal de Francisco Narciso de Laprida, presidente del Congreso que declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El general Carreras llegó a la provincia como enviado de la Revolución Libertadora -fusiladora- de 1955, que estuvo a cargo del general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas.
El gobierno de facto, que derrocó al presidente constitucional Juan Perón, nombró a Carreras como interventor federal desde el 17 de febrero de 1956 hasta mediados de 1957.
Arribó con un plan urbano bajo el brazo, con la premisa de la dictadura de mostrar que San Juan había sido cuna de la desidia peronista y que ahora podría reconstruirse con la conducción militar. Tal como cuenta el periodista Juan Carlos Bataller: "Durante la gestión de Carreras se fijó la línea de construcción en la ciudad de San Juan. Esto significó un gran cambio. Hasta ese momento había edificaciones que sobresalían de otras, transformando las veredas en algo caótico".
En un principio, los sanjuaninos recibieron con beneplácito la propuesta de un orden parejo para todos. Nadie estaba por encima de nadie. Todas las casas, comercios y reparticiones públicas que estuvieran mal ubicadas iban a ser derribadas.
"Cuando en 1957 se dispuso la línea, comenzaron las presiones. A algunas viviendas había que derrumbarles el comedor. Había comercios que quedaban sin vidrieras o iglesias sin frentes. Difícilmente un político habría dejado de sucumbir ante las presiones, amenazas e intereses en juego", describió Bataller.
La anécdota más conocida, que lo popularizó y lo puso en boca de las generaciones venideras, es un ejemplo de la intransigencia del general del Ejército argentino.
Había que dar paso a la creación de la avenida Ignacio de la Roza -central- hacia el Oeste. Para eso, debía derrumbar nada menos que el Palacio Episcopal, la Casa España y el cine Cervantes. Y así lo hizo. Derrumbó los tres mejores edificios supervivientes al terremoto de 1944.
Cuando llegó el turno de la Ferretería Zunino, hubo problemas. Don Marcelo Zunino había jurado que a él no le destruirían el local. Incluso, amenazó: "Voy a estar armado esperándolos". El día que la topadora estuvo frente al negocio, el propietario se atrincheró. Los obreros avisaron a la gobernación y diez minutos más tarde estaba el general Carreras en el lugar.
El militar subió a la topadora y pidió al conductor que avance: "Vamos a ver si se anima a tirar", dijo. Finalmente, no hubo tal resistencia. Zunino no disparó. Sólo vio como el frente de la ferretería era reducido a escombros. Todo en pos de la reconstrucción de San Juan bajo un rígido plan urbano. Así, Carreras se ganó el apodo de Pibe Topadora.
Según el difunto historiador Edgardo Mendoza, Carreras fue un personaje autoritario que trajo a San Juan "un plan de arriba" y actuó sin consultar a los sanjuaninos. Pero la cuadrícula casi perfecta que actualmente ostenta la provincia es gracias al militar. Un tributo a eso: la escuela del barrio Aramburu lleva su nombre.
También hay una faceta hasta ahora desconocida -o simplemente no divulgada- de la breve actuación del Pibe Topadora. El historiador alemán, con nacionalidad estadounidense, Mark Healy puso la lupa en la reconstrucción de San Juan y la disputa de sentido entre el peronismo y la dictadura.
"Carreras, hacia finales de la Libertadora, fue removido de su cargo por enfrentamientos con las elites políticas locales en San Juan. Y entonces esta figura que vino a desterrar el espectro de Perón y a completar la obra que Perón no había completado, tomó el micrófono y lanzó una diatriba contra estas oscuras fuerzas políticas que conspiraban contra el pueblo y contra la unión, contra el sano gobierno de un militar entregado y el pueblo, y que dimitía porque no podía luchar más contra estos elementos", escribió Healy en la Biografía política del terremoto de San Juan.
El Pibe Topadora aludió a la élite bodeguera por la resistencia que enfrentó durante el año que intervino en la provincia. Dimitió y generó una escena extraña o, cuanto menos, inusual para un militar de la dictadura argentina postperonismo.
"Al día siguiente hubo una enorme manifestación de obreros que llegaban hasta la sede del gobierno reclamando que quedara Carreras. Seguramente es la única manifestación obrera de importancia numérica apreciable a favor de un interventor de la Libertadora", remarcó el investigador alemán.
La excepción
De acuerdo a la hipótesis de Edgardo Mendoza, el general Carreras tuvo una excepción en el trazado de la ciudad: la casa del escritor y vicegobernador de San Juan Horacio Videla. "La casa de Videla estaba fuera de línea (avenida Libertador y avenida Alem), pero era un hombre con mucho poder, muy respetado y por eso no se la tiraron. Ningún otro sanjuanino pudo lo que Videla", dijo. Aunque es sólo una hipótesis sobre la curva que hasta hoy está en esa intersección de la Capital.