Con 35 años es uno de los más jóvenes en la Gobernación. Atiende 50 personas por día entre los que llaman y los que van en persona. Es como un filtro de Sergio Uñac. Así se resumía el perfil de Luis Rueda en abril de 2016, cuando acababa de asumir como coordinador de la Unidad Gobernación. Ahora, 4 años y medio después, sigue siendo uno de los funcionarios mano derecha del gobernador y este joven de menos de 40 años acaba de ser ungido por los bloquistas, un partido centenario, como su líder.
Conocé a Luis Rueda: de ajero a presidente del Partido Bloquista
El ahora presidente del Comité Central fue presentado en sociedad por Tiempo de San Juan cuando apenas había asumido como funcionario provincial, tras una carrera meteórica. Esta es la nota que lo retrató:
El uñaquista que empezó desde abajo
Con 35 años es uno de los más jóvenes en la Gobernación. Atiende 50 personas por día entre los que llaman y los que van en persona. Es como un filtro de Sergio Uñac. Trata de resolver problemas para alivianarle el trabajo al pocitano, separados sólo por un breve pasillo. Mientras arde el teléfono, aparece un secretario pidiendo que busque cuatro mates para que el Gobernador lleve como obsequios a Estados Unidos, y al ratito otro le avisa que hay una protesta en la puerta de Casa de Gobierno. En esa vorágine anda Luis Rueda desde el 10 de diciembre. ¿Quién es Luis Rueda? Es una cara nueva en la política y llegó a la estratégica silla de subsecretario de la Unidad Gobernación en una carrera relámpago, desde muy abajo. Es bloquista. También uñaquista.
Luis, hijo de Nicanor Rueda y de Dolores Cornejo, se crió en Villa Aberastain, a una cuadra de la plaza. "Mi viejo murió cuando yo tenía 7 años, trabajaba en la Dirección de Arquitectura y durante una tormenta, en El Pinar, lo alcanzó un rayo”, cuenta. Entonces, su mamá tuvo que salir a trabajar de portera en la escuela Aberastain para darles de comer a sus 6 hijos. Fue dramático: estaba embarazada cuando quedó viuda. De Rawson se mudaron a Pocito, donde vive la familia materna y tienen una finca. Luis, en rol de hijo mayor apenas pudo se puso a trabajar la tierra que había quedado abandonada, y apostó a la cebolla y al ajo.
Tenía veintipico de años cuando se afianzó como productor, armando una cooperativa y gestionando la primera empacadora de ajos de Pocito. A la par de su trabajo surgió la política. Unos dirigentes del histórico PB lo vieron con energía y lo tentaron, cuando nadie en la familia de Luis había militado nunca. No se equivocaron: Rueda ganó dos internas del bloquismo –como delegado departamental y como presidente del comité Pocito-, fue presidente de la Juventud y hoy (2016) es la tercera autoridad del centenario partido a nivel provincial.
Ambas facetas, la de ajero y la de militante, lo habían llevado a conocer a Uñac. Se empezaron a ver hace casi dos décadas, cuando Luis andaba con el proyecto de la empacadora. De la mano del Frente para la Victoria, el bloquista fue en 2003 de candidato a concejal de Pocito, en la lista que consagró a Uñac como intendente. Pero no entró, entonces Uñac le dijo que se lo llevaría con él. Al final, perder lo hizo ganar un lugar privilegiado al lado de Sergio.
A Rueda lo conocen como la mano derecha de Uñac. Fue su secretario privado en la Cámara y ahora se lo llevó al Ejecutivo. En la oficinita donde siempre lo acompañan unas galletas dulces y un jugo de naranja funciona como una suerte de operador político y, tras bambalinas, conoce sobre todo lo que se decide en la casona de Desamparados.
Con Sergio, juegan al fútbol y comen asados juntos y para el joven Luis, el Gobernador es un hombre de consulta y un ejemplo.
"Siempre he trabajado duro y las cosas van llegando, a medida que uno crece en política van abriéndose puertas. No he pensado llegar a gobernador, la verdad que estoy aprendiendo”, dice ahora que la faceta de productor quedó en stand by. Todavía le quedan unos pendientes personales: tener hijos –está casado hace 4 años con Ana Peñaloza- y recibirse de abogado, para lo que le quedan alrededor de 13 materias. Tiene la intención de tener el título, pero no sabe dónde lo llevará la política.