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lunes 27 de abril de 2026

Opinión

El precio del malhumor económico: ¿impacta en las decisiones sanjuaninas?

Para potenciales candidatos, no será lo mismo ser la cara de la felicidad que la del ajuste. Les queda claro: se lo harán sentir. ¿Habrá retiros o cambios en la escuadra amarilla? Por Sebastián Saharrea
Por Redacción Tiempo de San Juan

Una semana y media atrás, el gobernador Sergio Uñac hizo su segunda aparición seguida en Santa Lucía en un puñado de días, a horas de regresar de su gira por el exterior y por Buenos Aires (casi lo mismo que el exterior). Se esperaba otro cara a cara con quien aparece como el más firme aspirante a confrontar con él por el cargo a gobernador el año que viene: Marcelo Orrego. Pero un detalle de última hora hizo que eso no ocurriera.

La sorpresa cuando el mandatario llegó al departamento del Este a presentar los primeros autos eléctricos fue que el jefe comunal no estaba. Había argumentado un sorpresivo viaje a Chile del que luego no hubo demasiadas novedades. Pareció estar más asociado a tener que responder por las desventuras del gobierno nacional que representa, más que al hecho de compartir escena con Uñac con quien se maneja naturalmente más allá de algún cruce últimamente.

Por primera vez en el ciclo, la representación política amarilla debe transpirar por defender la camiseta. Hubo tiempos en que sólo mostrar los colores deparaba un pasaporte al buen suceso. Parece haber mutado a lo opuesto ahora, aunque nada indica que lo seguirá siendo por siempre.

Se puede volver a los viejos laureles, pero lo que se dice ahora aparece cada vez más difícil ponerle el pecho a la defensa de las medidas que baja el equipo económico de Dujovne, la fatídica y estrecha cadena de Macri o las decisiones de fondo con las tarifas o la inflación. Sólo el ejercicio de hábiles duelistas dialécticos o cruzados convencidos de la necesidad de sufrimiento que atravesar para llegar al paraíso, podrá hacer más llevadero el trago.

Especial dificultad para los menos infundidos del espíritu Pro, alejados del corazón conservador y percepción económica en modo neoliberal. Que llegaron a las costas cambiemistas en estampida de otros espantos anteriores, pero que siempre les costó conjugar los tiempos verbales de “hay que pasar el invierno”.

Son esos los que defienden justamente los territorios en San Juan, y los que más tienen para perder si se generalizan las llamas o los bomberos no aciertan en la tecla: el santaluceño Marcelo Orrego y el rivadaviense Fabián Martín. Peronistas de matriz, amarillos por propiedad transitiva al cambio de equipo de Basualdo.

Forman parte de un equipo que frecuentemente los convoca a la Rosada a sacarse la foto grupal y reforzar las convicciones: la última fue la de toda la dirigencia en el despacho de Marcos Peña que pareció la celebración de una boda, con el jefe de Gabinete nacional y el intendente de Santa Lucía en el sillón principal y el resto de la dirigencia (Cáceres, Basualdo, Martín) en rol de padrinazgo.

Como todo buen equipo de disfruta los buenos tiempos y los factura a su favor, en las tormentas como ésta no tienen otra que poner el pecho y esperar que amaine el mal tiempo. Pero en el interín padecerá las consecuencias de esa pertenencia política, y la transición se les hará larga si las soluciones no llegan rápido.

Es obvio: ningún postulante de provincia puesto a representar estructuras políticas nacionales está atado exclusivamente a la propia suerte o capacidad. Depende de la pericia o impericia ajena, y la historia provincial está plagada de esos ejemplos. El asunto aquí es que la vida cotidiana les presenta a los dirigentes de Cambiemos sanjuaninos preguntas difíciles de responder todo el tiempo: los motivos por los que no se le ha dado su merecido a la inflación, tan fácil que parecía según las propias definiciones presidenciales; las verdaderas causales del golpe al bolsillo con el tarifazo eléctrico, los motivos del desesperado pedido de auxilio al FMI, pronunciado de una noche en la que todo estaba bien a una mañana en que todo amaneció torcido.

Esa administración de malas noticias viene siendo una novedad en tierras de Cambiemos, a medida que se desinfla la eficiencia de sus correspondientes respuestas discursivas: que no hay que vivir de prestado, que el que lo consume lo paga, que las provincias y municipios causan el tarifazo con sus impuestos, que en el FMI no son ningunos ogros como nos hicieron creer, que primero hay que saber sufrir como dice el tango.

Agrava el problema para los intendentes amarillos que están en primera línea de fuego el hecho de que siempre les aparece un vecino poniendo carne y hueso a esos flagelos: la señora que le llegó $10.000 de luz, el frentista que se quedó sin empleo, el estudiante al que no le alcanza para el colectivo ante la caída de subsidios nacionales, miles de etcéteras.

Y habrán notado también que donde vayan, les serán consultados éstos temas. Como corresponde a dirigentes que forman equipo nacional y que estarían embolsando beneficios gratis si la cosa funcionara sobre rieles: muchos de ellos son intendentes justo por esa razón, es decir que el motivo de su existencia es la pertenencia a Cambiemos. Les recriminarían, parece, si ahora lo esquivan.

En los momentos como éstos, corresponde también que ellos den respuestas, que defiendan el modelo y que no se escondan. La campaña será escenario entonces para conocer en qué dosis mantendrán el discurso, o dónde comenzarán a desmarcarse para salvar el pellejo propio. Y si los dejan, de uno y otro lado: tanto de los que buscarán hacerle sentir esa pertenencia porque ocupan el casillero de rivales políticos, como los propios que se sentirían traicionados ante un potencial paso atrás.

Acá es donde su vuelva al enigma inicial, sobre si este galopante malhumor económico deparará cambios en la grilla de Cambiemos sanjuanina. ¿Saldrá a la cancha el intendente Orrego si la situación no se revierte más temprano que tarde? ¿Estará dispuesto a poner la cara a la catarata de cuestionamientos sobre el gobierno nacional si, por caso, se desmorona la cantidad de obras de la nación en San Juan que parece quedarse en la banquina?

En el caso Fabián Martín, la cosa parece estar más clara: el posible refugio de su reelección en el departamento, posibilidad que Orrego tiene vedada. Tampoco es garantía en los tiempos que corren porque también allí tendrá disputa. Otro posible sería Rodolfo Colombo, pero el actuarista se siente más cerca de la Capital y tampoco es un vocacional cruzado del discurso macrista, pese a que es funcionario nacional.

No sería extraño que si la mejoría se demora, Orrego desensille desde donde nunca ensilló formalmente, una montura que le calza por naturaleza como la de postulante a gobernador por Cambiemos por sus condiciones políticas. Y que la posta resulte asumida por alguno de los cruzados en el desarrollo de la gestión nacional.

Si uno pregunta por cualquiera de las decisiones económicas de la Nación entre la dirigencia de Cambiemos sanjuanina, notará que los que defienden terrenos donde duele (intendentes) y los dirigentes que llegaron por refilón (los no Pro) ensayarán respuestas esquivas, se nota que les incomoda. Hay sólo dos que se muestran vocacionales, de convicción, no le sacan el trasero a la jeringa sino redoblan la apuesta: Roberto Basualdo y Eduardo Cáceres.

El primero pidió ser grabado cuando dijo que no volverá a ser candidato a gobernador (sería la cuarta). ¿Se viene entonces una fórmula amarilla pura?

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