No es un gobernador cualquiera José Luis Gioja para Daniel Scioli. Fue el primero que le abrió la puerta para hacer base en aquellos tiempos en que hablar de candidaturas era pecado mortal para el modelo nacional y solía correr sangre como escarmiento. Es también el que lidera a un grupo no sólo de gobernadores sino también de líderes territoriales que se referencian con el "Flaco”.
Un misterio menos: Gioja va con Scioli, con toda la carne al asador
Estaba al caer, y cayó. Con fuerza: el sanjuanino mostró que jugará fuerte. Daniel, el candidato más digerible para el PJ sanjuanino, mostró sus cartas. Deja vu de aquel compromiso.
Por Sebastián Saharrea
No es Daniel Scioli un candidato cualquiera para José Luis Gioja. No sólo fue el primero en llegar aquel día triste del accidente en helicóptero que quedó como sello indeleble para la vida personal del mandatario y para la memoria política y social de la provincia. También pasaba bien seguido por el Hospital Italiano a darle una mirada, compartieron aquel año nuevo y mantienen comprensión cruzada: "sabés de adversidades”, le recordó el sanjuanino en referencia a otro accidente que casi cuesta una vida, fue en lancha y no en helicóptero y a Scioli también le dejó una marca evidente que llevará por el resto de su vida.
Scioli es además el candidato del oficialismo nacional que mejor mide, y por lejos el más digerible para el grueso del peronismo sanjuanino. Junto a Gioja mezclan en dosis similares los componentes de su visión política: relación con el kirchnerismo, lazos tendidos con otros sectores del peronismo, también hacia otros compartimentos sociales, y memoria siempre encendida. Era un secreto a voces que habría en algún momento un capítulo como el que ocurrió esta semana, con un apoyo contundente y por todo lo ancho del sanjuanino al presidencial bonaerense. Tenía que pasar, y pasó. Los matices también cuentan.
Si algo calzaba a medida para ésta función fue aquel compromiso público del 23 de abril del 2003 en un escenario montado frente al entonces Hotel Nogaró suscripto por el entonces candidato a presidente Néstor Kirchner, el aspirante a gobernador José Luis Gioja …y Daniel Scioli.
Bingo por donde se lo mire. Fue aquella promesa escrita una osadía en tiempos de convulsión como aquellos, pero a la vuelta de la esquina se convirtió en una herramienta de poder insuperable. Sobrecumplido en exceso, aquella margarita deshojada fue agregando pétalos y alumbrando el período virtuoso más generoso y extenso de la historia reciente. En aquella expresión de deseos de una fría noche otoñal figuraban la terminación de los diques Caracoles y Punta Negra (estrellados entonces por la falta de fondos y hoy terminados con el bonus track de Tambolar, en este momento en pleno inicio), la refinanciación de la deuda pública provincial (que poco tiempo antes había arrastrado al precipicio al gobierno de Alfredo Avelín), la negociación por el túnel Agua Negra (hoy convertido en túnel de 14 km ida y vuelta a punto de ser licitado), financiación para el Hospital Rawson (sólo resta un módulo) o las cloacas de Rawson (se sumó Chimbas), reasignación de cupos de la promoción industrial (se reabrió Sasetru, hoy Dilexis).
Por pudor, para no ponerse colorados y que aquella promesa de campaña resultara un poco más creíble, no se incluyeron como puntos del compromiso otros logros de esa relación. No figuró, ni más ni menos, que el Centro Cívico, tampoco el estadio y el teatro, ambos del Bicentenenario y arrancados en un viaje de helicóptero entre el aeropuerto y la obra del Centro Cívico en su primera inauguración.
Historia conocida, también frecuentemente olvidada o pasada por alto. Pero vigente por sus efectos y su condición de piedra basal para todo lo que vino después, qué mejor para Scioli que desempolvar el recuerdo de un pasaje de la historia reciente que lo tuvo de protagonista. Secundario, es cierto, protagonista al fin de aquellos días turbulentos, apenas días antes de la elección presidencial que puso arriba a la fórmula Kirchner-Scioli por default de quien había sacado aún más votos, Carlos Menem.
Sin forzar demasiado la memoria ni la búsqueda será posible encontrar registros –crónicas, fotos- del propio Scioli hablando en aquel recordado acto del 23 de abril de hace 12 años en plena calle, porque el gobierno de Wbaldino Acosta no le había prestado el estadio cerrado ante los incidentes que se produjeron tres días antes con la presencia del riojano. Recordado es también que allí comenzó el cisma bloquista vigente aún hoy: sobre el escenario en la calle estaba Leopoldo Alfredo Bravo, futuro embajador en Rusia como su padre Don Leopoldo, mientras Enrique Conti había fletado colectivos a La Rioja para el cierre de campaña de Menem.
Alguien se encargó de refrescarle a Scioli toda esa historia, el resto fue saltar y cabecear al gol. Qué mejor que un compromiso público sobrecumplido del que fue protagonista, qué mejor que su presencia y la de Gioja en ambas puntas de la historia, y qué mejor aún para sacar a relucir sello de pertenencia al proyecto nacional: en aquel acto y en la firma del compromiso hace 12 años, el centro de la escena estaba ocupado nada menos que por Nestor, quién podrá objetarlos ahora por algo diferente.
No es ese punto algo menor, sino por el contrario el centro del asunto. Se sabe, Daniel Scioli no es el preferido de la Rosada, probablemente sea el menos simpático a los instintos del kirchnerismo más puro. Se sabe también que desde hace tiempo, desde ambos sectores han intentado acercarse mutuamente a fuerza de interés común: el kirchnerismo tolerando la autonomía del bonaerense, Scioli hasta citando a Chavez, como hizo en el Auditorio sanjuanino. Quedan igual unos capítulos más a negociar entre ambas partes en su tránsito a octubre, puede resultar entonces que resurjan algunas fricciones. Reportar en un bando definido, como acaba de concretar Gioja, importará sus riegos. El lunes a la noche, todos los gobernadores –entre ellos Scioli y Gioja- mantuvieron un encuentro en la Rosada para evaluar la estrategia política común, hasta acá todo bien.
Por eso no fueron pasajes simples los que utilizaron tanto el sanjuanino como el bonaerense para sacar lustre a la imagen de Kirchner, a quien definieron como "el mejor presidente desde el regreso de la democracia”. Lo hicieron recurrentemente, con insistencia, mensajes al viento: están las fotos y las firmas de aquel compromiso fundacional que Scioli inmediatamente se encargó de traducir en una apuesta redoblada. Habrá segundo compromiso con firma estampada seguramente en la campaña de este año, incorporará la obra definitiva de Agua Negra, y sobrevolará el influjo de Néstor.
Con todo eso en la mano es que Gioja había decidido que era el momento oportuno de pisar el acelerador. Y lo apretó con ganas, con el estilo que le gusta imprimirle: toda la carne sobre el asador, un auditorio colmado, empresarios, intendentes, movilización, pasacalles y la ciudad completa pintada de naranja.
Caló bien hondo ese pedido que le hizo Gioja a la militancia en el partido la semana anterior. Ninguno se escondió, salieron todos a mostrarse. Scioli también hizo gestos: trajo a intendentes gravitantes del conurbano como Julio Pereyra, difundió generosamente a firma en su escudería del "Flaco”. Se habló luego de la vice para el sanjuanino, se seguirán interpretando los gestos. Como todo en estos tiempos: esperar para ver (o, en lenguaje autóctono, no almorzarse la cena).
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