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jueves 23 de abril de 2026

análisis

Lo que Salta nos dejó … (luego Mendoza, Santa Fe, y al final San Juan)

Inicio de calendario electoral con mucha tela para cortar. El eje Urtubey-Gioja, generosas similitudes, constitución incluida. Aunque no parezca, chocaron Macri y Massa: ¿qué pasó? Y se vienen los vecinos: qué esperar de Mendoza. Por Sebastián Saharrea
Por Redacción Tiempo de San Juan
Juan Manuel Urtubey, el hombre de moda en el oficialismo nacional, tiene no pocas cosas en común con José Luis Gioja: gobierna una provincia tirando a importante, va por su tercer período, es uno de los "gobernas” de peso y si uno le pregunta en la intimidad, entre los postulantes a la sucesión de CFK elijen al mismo candidato: Daniel Scioli. Más aún, no esconde el salteño la condición de padrinazgo que sobre él ejerce el sanjuanino, a quien cayó de visita para hacer el aguante varias veces durante su convalecencia post-accidente.
Urtubey está de moda porque acaba de inaugurar el año político con un rotundo golpe de escena: su victoria en la PASO provincial por unos 14 puntos porcentuales sobre un caudillo provincial como Juan Carlos Romero no sólo lo posicionó con otros bríos en el tablero nacional sino que envió señales inconfundibles hacia el resto de las provincias, incluida San Juan. Se dice y se seguirá diciendo desde ésta columna que cada provincia tiene su propia fisonomía, y que lo que puede llegar a ser bueno para una resulte un fracaso para otra. Dinámica federal, si usted quiere, con algunos denominadores comunes en todo el país pero regado de cuestiones de pago chico. Igual, no estará de gusto analizar las moralejas de Salta en una provincia con muchos tonos similares como ésta. Y algunas proximidades asombrosas:
-Urtubey postula para su tercer período consecutivo, y debió sortear la valoración de la Corte Suprema de Justicia. A principios de año, el partido Frente Grande pidió la intervención del máximo tribunal para que decida si Urtubey puede o no puede, ante una confusa redacción de la Constitución Provincial redactada en 1998 y corregida en 2003 para que Romero (el ahora rival de Urtubey) pudiera presentarse. La apelación pidió que se aplicara la "doctrina Zamora”, el caso del gobernador santiagueño a quien la Corte le negó el derecho. Pero el tribunal lo convalidó. Obvia cualquier similitud con San Juan.
-El FPV se muestra competitivo. Bien lejos de las profecías que recitaron con imprudente anticipación el fin del kirchnerismo, algo de kirchnerismo –diluido en un generoso porcentaje, es cierto- hay en el triunfo rotundo del salteño. Urtubey tiene su corazoncito del lado de Scioli, y por tanto en la opción más lejana de los K puros, pero nunca dejó de portar la antorcha nacional. Al menos, el resultado salteño demuestra que no se trata de un quemo, un incendio o nada similar el hecho de aparecer electoralmente relacionado con los emblemas del oficialismo nacional. Todo un dato, vuelta de campana de lo que ocurría apenas un par de meses atrás cuando la ebullición del escándalo Nisman aconsejaban a más de uno tomar distancia por simple instinto de supervivencia. Al contrario, hoy parece más empujar que frenar, siempre depende del momento.
-El esquema uno y uno. El líder Urtubey, ya se ha dicho, por los bordes del kirchnerismo sin que eso espante a los más puros: se vio en el festejo a Daniel Scioli, también a Randazzo, Urribarri, Rossi. El vice, el intendente Isa, más militante K: dedicó el triunfo a CFK sin que nadie lo hiciera callar. ¿Una receta para el futuro?
-La unión Massa-Macri no es garantía. Se hablaron años y se escribieron mares sobre la conveniencia opositora de unir fuerzas en el mismo punto: todos contra los K, y eso abarca a los dos líderes que mejor pintan en la oposición. Se ha reñido mucho: los radicales vetaron a Massa en Gualeguaychú, otros radicales dijeron no me importa (el jujeño Morales), en otros parajes fueron juntos igual (Mendoza). Salta fue una experiencia novedosa: el massismo y el macrismo unidos como si fueran un matrimonio peleado, y sin la UCR. El resultado no fue bueno: la unión no hizo la fuerza y el resultado de 33 puntos a repartir no satisfizo a nadie. Es cierto que la candidatura de Juan Carlos Romero fue impulsada sólo por el Frente Renovador massista y no formalmente por el PRO, también lo es que el compañero de fórmula de Romero –el exótico Alfredo Cornejo- se pintó de amarillo antes aún que el PRO y siempre tuvo buena vibra con el macrismo, que tuvo a sus candidatos a intendente encuadrados en este espacio conjunto con la gente de Massa.
-El juego del PRO en Capital, similar al del San Juan, no resultó. Se armó el macrismo en los pagos de Güemes de manera parecida a lo que viene insinuando en San Juan: sin candidato a gobernador y con una apuesta firme por la capital salteña, de la mano de un candidato fuerte que ocupa una banca en el Congreso. No es coincidencia los parecidos con San Juan: acá hay candidato a gobernador (Martín Turcumán) pero es de bajo perfil respecto del armador absoluto del espacio, Eduardo Cáceres, candidato a intendente en la Capital y diputado nacional. Sobra aclarar que tanto en un lado como en otro, el objetivo es formar cabecera de playa en el municipio más importante de la provincia. Pero en Salta la operación no tuvo éxito: bajó (o subió, para ser más literal) hasta Mauricio Macri a sacarse la foto con su candidato a la capital salteña, el diputado nacional Guillermo Durand Cornejo, pero el resultado lo dejó por un pelo abajo del postulante massista en la interna: sacó 21,7% de los votos, mientras que Gustavo Sáenz (impulsado por Sergio Massa) sacó el 22,4%. Doble derrota para la excursión macrista: fuera de competencia en Salta, y derrota a manos de su rival Massa.
-Al radicalismo solo, se lo comen los de afuera. Distrito extraño luego de tanto debate radical a nivel nacional, en Salta no fueron con ni con Macri ni con Massa. El resultado fue lamentable: apenas un 2% y muy lejos del tercero, a quien seguramente parecieron haber dejado el camino despejado: la izquierda del Partido Obrero, con el nada despreciable 7%.
Hasta aquí las moralejas salteñas, pero ya se vienen las mendocinas y santafecinas, y en seguida nomás las porteñas. En los tres distritos habrá que esperar derrotas del oficialismo nacional, la lectura más certera estará en las dimensiones.
Interesa Mendoza por vecino y porque administra temas regionales. No es indiferente quién gobierne, y allí se da una rara avis: todos contra el PJ, que por su parte también va dividido. Candidato excluyente es el intendente de Godoy Cruz Alfredo Cornejo: lo apoyan Cobos, Sanz, Macri, Massa y hasta los gansos, partido provincial estelar. Debería esperarse una cifra generosa, que si no pasa del 50% será exigua. Enfrente, el senador Bermejo saca ventajas al más kirchnerista Carmona, pero juntos dicen que pueden pelear.
En Santa Fe, el PRO se juega todo a un triunfo de los resonantes si el cómico Del Sel doblega a la unión Socialismo-UCR. Raro también, los socios nacionales (PRO-UCR) van divididos en Santa Fe, más raro aún que Reutemann reporta en el macrismo y su gente –el "lolismo”- juega con Massa. Después vendrá el convite porteño y así se seguirán contando los porotos hasta llegar a la última estación: la Nación y la mitad de las provincias, entre ellas San Juan. Para decirlo con metáfora futbolera, campeonato largo y de 30 equipos, y como tal con muchas oscilaciones.


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