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viernes 24 de abril de 2026

Ni un minuto menos - Tiempo Argentino

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Gustavo Cirelli
 
Ayer nomás, el Parlamento sería escenario de un autogolpe; incluso, la vida de algún legislador correría peligro. Lo dijo una diputada que desde hace dos décadas oficia insuflando temor en la sociedad, va de huracanes que vendrán por todo a golpes, golpecitos, bandas de oficialistas armados y demás catástrofes. Pero no pasó (no se sorprenda, lector, que diga que se frenó porque ella lo hizo público). Ahora Elisa Carrió, sparring de Mauricio Macri para las PASO, podrá intentar nuevas profecías cuando el escenario mediático político se lo ordene.
 
Mientras tanto, en el Congreso y sus adyacencias hubo fiesta democrática. Mal que les pese a los sectores conservadores, el kirchnerismo, con 12 años de gestión, exhibió una capacidad de movilización intacta o incluso superior a otros años. Anoche, en el gobierno se entusiasmaban al destacar que el acto –esa liturgia única en la política argentina actual– fue el más concurrido en una apertura de la Asamblea Legislativa. Un despliegue impactante con el solo fin de acompañar a la jefa política de un proyecto que contiene, por ejemplo, a miles de pibes que hace una década estaban de guardapolvo jugando en la escuela o "cartoneando" junto a sus padres, y hoy abrazan la militancia con un entusiasmo que abruma a los escépticos y desquicia a los cínicos.
 
Otra definición oficial: "Fue una postal del kirchnerismo en toda su expresión." Llovió y bajo esa lluvia dulce se vio a familias con sus hijos, a jóvenes orgánicos o por la suya, a columnas de sindicatos, al PJ más tradicional, a viejos curtidos en marchas y reclamos. "Alegría y amor por Cristina", dicen. Agregan: "Esa relación de amor está más fuerte que nunca." Y redoblan: "Cuando hablan de que el kirchnerismo está en retirada, lo hacen con el Clarín en la mano; de otra manera no se puede entender por qué la calle demostró otra cosa." Y en la calle hubo un 18F, días atrás. Ayer se celebró el 1M. De eso se trata la democracia, por más que atormente a Carrió y otras y otros ilustres visitantes de Embajadas, esas que cuentan con mullidos felpudos para cobijarlos.
 
Critican a Cristina por destacar sus logros, por su balance. Por sus perspectivas. ¿Qué pretendían? Que pidiese perdón por ser la jefa de Estado electa por más del 54% de los votos en las últimas presidenciales. Que pidiese disculpas porque ciertas corporaciones no la quieren nada, incluida la judicial. Ayer en el recinto estaba un circunspecto Ricardo Lorenzetti, titular de la Corte y jefe de lo que la presidenta definió como Partido Judicial. Se descuenta que en las próximas horas el cortesano romperá su silencio público. Durante las casi cuatro horas de exposición, Cristina les dejó en claro a Lorenzetti, a propios y a extraños, que gobernará hasta el 10 de diciembre.
 
Ni un minuto menos.
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