Lunes 2 de setiembre. Entre las 9 y las 13, cuatro tortuosas horas de testimonio por una entrevista, en medio de insólitas dificultades para reproducir el audio y el video. Fue aquella en la que Macchi habló de la ruptura de la “cadena de pagos”. La defensa de Carlos Macchi terminó impugnando el testimonio por considerar que el testigo –este periodista- criticó y descalificó al acusado y sosteniendo el criterio en lo que opinó en estas páginas. El jurado lo desestimó e incorporó el testimonio, y le aceptó el derecho de incorporar una queja por escrito que aún no concretó.
Lunes 9 de setiembre. A las 11.30, este periodista subió a la bandeja destinada al público para cumplir con su trabajo, escuchar un testimonio que le parecía interesante como el de Alfredo Castillo. Anoticiada al minuto, la defensa pidió que se retirara porque el periodista fue testigo y puede llegar a ser careado. El presidente del jurado, Humberto Medina Palá, solicitó el retiro, que se concretó inmediatamente.
Ambos roles –periodista y testigo- se tocan y son imposibles de disociar. Con un plus: la condición de testigo es un cargo público que tocó por el gran impacto público que causó una nota periodística, y por eso resulta ilógico –más allá de la discusión jurídica- que impida el ejercicio profesional. Esa condición lo hizo: este periodista se quedó sin escuchar un testimonio parecía relevante.
Hay que apuntar que el periodista ya había cumplido con su rol de testigo una semana antes, y que el ejercicio de la dimensión ética le impuso abstenerse de hacer algún comentario periodístico de un episodio informativo que lo tuvo como protagonista: no informó como periodista lo que él mismo dijo como testigo. Si el argumento es la posibilidad de que el periodista debiera enfrentar un careo posterior con alguno de los protagonistas, lo más razonable es utilizar el sentido común: ¿con quién van a carearlo, con el ex fiscal de Estado adjunto que estaba declarando?
Si la intención es no permitirle escuchar lo que se dice en todas las testimoniales ante esa posibilidad, se le está infligiendo un daño aún mayor a la libertad de expresión: se trata de la búsqueda de sacar de la cancha informativa a un periodista que se ocupó de manera intensa del tema, como tantos otros de la provincia. La libertad de expresión y el derecho a la información –no de los periodistas sino de la sociedad- están por encima de todo.
Ahora bien, ¿a quién se le puede ocurrir que sólo por el hecho de no estar, uno no se entera de lo que pasó puertas adentro? Criterios anacrónicos, tanto como anacrónicos fueron los medios tecnológicos que no pudieron reproducir con fidelidad una entrevista que cualquiera puede bajar y escuchar nítidamente en la siguiente dirección:
Periodista y (o) testigo - Por Sebastián Saharrea
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