Maurice Closs y José Alperovich son dos gobernadores indiscutidos en el universo K. A los dos les florecieron este año listas ultra K por los costados.
Les pasó al misionero y al tucumano el aterrizaje tan temido para cualquier líder distrital: que por el afán de sumar, desde la Nación terminen restando. Y por eso será de una relevancia considerable entender que el hecho de que no le haya sucedido a Gioja supone, además de un aval, una fenomenal tranquilidad.
Hasta ahora, el sanjuanino no deberá levantar la guardia ante los propios a nivel nacional y no tan propios a nivel provincial, como les ocurre a sus colegas. Y eso que se trata de dos gobernadores a prueba de fidelidad, provenientes ambos de las filas del radicalismo pero indisimulablemente alineados con el kirchnerismo en provincias en las que vienen enhebrando un triunfo detrás de otro.
José Alperovich es un incondicional desde que asumió, el mismo día que José Luis Gioja en San Juan. Siempre fue uno de los gobernadores más leales y exitosos del kirchnerismo en el interior del país, con marcas electorales por encima del 70% en sus dos reelecciones. Aportó gente a las filas nacionales, como su ex vice Juan Manzur que pidió licencia para incorporarse como ministro de Salud de la Nación, o su propia esposa, Beatriz Rojkés, consagrada en la vicepresidencia del Senado y ubicada tercera en la línea sucesoria nacional detrás de CFK y de Boudou.
Igual, el kirchnerismo más alineado con la Rosada le sembró en sus alrededores una lista de diputados nacionales que podría arañarle una de las bancas que están en juego.
Lo de Maurice Closs es aún más profundo. El misionero llegó al gobierno en 2007 como joven maravilla luego de los magullones de Carlos Rovira, como referente K sin discusión luego de haber hasta presidido la UCR. Fue reelecto en 2011 con el 75% de los votos y el mes pasado tuvo elecciones provinciales, en las que le salió su opositor más impensado: el Frente para la Victoria, agrupación kirchnerista –como él- crítica a la gestión provincial, que le quitó un número apreciable de bancas en la provincia. Una de las dos listas K que aparecieron nuevas en Misiones.
Closs encabeza el Frente Renovador Misionero y ante la oposición del FpV anunció la partida de sus legisladores nacionales del bloque oficialista en el Congreso. Igual, se empeña en repetir que “somos y seguimos siendo parte del gobierno nacional”, pero no le debe haber hecho ninguna gracia tener que sacar las espadas contra los que se unen a él en la dimensión nacional.
Dijo Closs para justificar su movida que “no podemos tener el mismo nombre que otra oferta electoral provincial que es claramente opositora a nuestra gestión y a nuestra identidad”. ¿Se puede ser “claramente opositor” a una gestión y “una identidad” provincial, pero abrazarse en el mismo modelo nacional? Con un agravante para Closs: la irrupción de Sergio Massa en territorio bonaerense se produjo con el mismo nombre de los misioneros –Frente Renovador- y eso despertó todo tipo de suspicacias sobre supuestas proximidades, que el propio mandatario se encargó de disipar. En todo moderado, pero disipar al fin.
La participación de Néstor o Cristina en el armado de las listas provinciales, en todos los distritos, siempre fue un motivo de discordia con los caciques de los distritos. Que lo diga Daniel Scioli, desplazado ampulosamente en el armado reciente de las listas para diputados provinciales, nada menos que los que deberán escoltarlo durante dos años.
En esas tensiones juegan varios fantasmas. Uno, la pretensión nacional de reclamar una parte del éxito de las gestiones provinciales y acomodar a sus más fieles en las primeras líneas de defensa del modelo. Otro, la destreza de los gobernadores en no producir desaires inútiles y sobrevolar por encima de los niveles de aceptación presidencial en sus distritos. Además de garantizar lealtad absoluta en el Congreso, pero por medio de dirigentes del riñón provincial.
Todo un arte no demasiado sencillo, que Gioja ha conseguido hasta ahora desplegar con autoridad en San Juan y le ha permitido una autonomía en la provincia no sólo al momento de armar la lista sino en la hora de verdad, cuando sus diputados deben levantar la mano en el Congreso sin pestañar y con vaso de agua en la mano.
La delicadeza de ese armado instrumentado a cada paso por gestos y acciones concretas es la que le ha permitido al gobernador Gioja diseñar su propia lista –para cargos nacionales, hay que subrayar- sin ningún tipo de interferencia a nivel nacional. Como no las tuvo nunca, excepto algún susurro muy aislado, desde que maneja los hilos políticos de la provincia.
Este año, Cristina y el alto mando político nacional decidieron intervenir menos en las provincias y con menos recelo, a excepción de los casos como el tucumano y el misionero en los que bautizó otras fórmulas K que buscan otros públicos pero que hacen algún ruidito a sus gobernadores leales. En general, cada jefe de distrito tuvo este año mayores “libertades” en sus armados respecto de lo que ocurrió hace dos años.
Tal vez por la necesidad de no espantar a nadie, ahora la Rosada dio juego y depositó la responsabilidad en sus lugartenientes. En el caso de San Juan, ni Cristina ni Néstor se vieron nunca en la necesidad de levantar el teléfono para quejarse por algún tropiezo legislativo de algún sanjuanino, por llamarle así a un voto en contra de las necesidades de la Nación. Y eso que en 10 años, los sanjuaninos que fueron al Congreso tuvieron sus bocados atragantados y sus conflictos con más de una ley que nunca siquiera hicieron públicas y menos votaron en contra.
Armó entonces Gioja con lo que un futbolero llamaría la formación de memoria: los que terminan mandato, a prueba de fidelidades, vuelven. Y una perlita con lo que aparece como una apuesta: Andrés Chanampa, candidato bloquista orgánico, jugando todos los boletos a conquistar una banca adicional.
Claro que podrá advertirse con comodidad que es Gioja, más que los integrantes de la lista, el que figurará en los créditos de ocasión y el que se juega su ranking en el corazón del modelo nacional: si su lista se ubica con niveles de aceptación destacados dentro del contexto nacional, será él quien recoja el gesto con una mejoría en su valoración nacional, que siempre Gioja traduce en acciones concretas para su provincia. Si el resultado es otro, también a él le caerán los cachetazos.
Se le abre al mandatario sanjuanino una chance para apuntalar su reputación. Si consigue meter a los tres candidatos a diputados –como ya lo hizo en 2011, claro que en un contexto diferente- estaría agrandando la representación kirchnerista, que en San Juan sólo renueva dos bancas. A escala nacional, puede servir para recuperar bancas que los K perderán en otros distritos, como Buenos Aires.
No sería un milagro, tampoco cosa fácil. Allí está octubre al alcance de la vista y sus efectos lógicos de reposicionamiento. Se juega mucho: Un buen resultado para el gobernador sanjuanino lo pondrá a pisar fuerte en el terreno de las definiciones de los próximos dos años.
Necesita buenos números de las urnas. Y juega con equipo propio. ¿Alguna duda de que hará una apuesta fuerte?
Gioja también rankea
El gobernador sanjuanino no aparece en la lista, pero se juega mucho en estas próximas elecciones. ¿Se abre otra vez un posible futuro nacional? El caso de dos colegas con listas paralelas.
Por Sebastián Saharrea
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