Encima de pocos, divididos
Nueva crisis -¿terminal?- en el bloquismo. Dos compañeros, retados a duelo. El recuerdo del Polo Bravo, con los ojos tapados y cada vez más extrañado. Sancassani, atrás de Conti: ¿es un amague? El partido, bien gracias.
Por Sebastián Saharrea.
Cuatro años después, una parte generosa de los protagonistas de aquel duelo electoral volverán a ser los mismos: los tres legisladores que ganaron su banca seguramente irán por la reelección (los oficialistas Tomas y Ferrá de Bartol y el PJ disidente Ibarra), pero Sancassani estará haciendo fuerzas para otro lado. De él se trata esta historia.
Aquella candidatura en tercer término de una lista de tres -difícil pero no imposible de acuerdo a la relación de fuerzas de aquel momento y también de éste- había sido una especie de reconocimiento para el zondino. El “Chango” manejaba el partido en esos días y dedicaba buena parte de esas horas a espadear contra el ala partidaria que le apretaba el cuello para abandonar la alianza –con perdón de la palabra- con el PJ.
El Polo Bravo, entonces embajador en Rusia, era la estrella que lo alumbraba, y el Chango apretaba los botones a miles de kilómetros de distancia. El Polo era el principal sostén de aquel vínculo: por convicción (llegó hasta a declararse de centroizquierda para acompañar su relación con el kirchnerismo, que lo había designado en Moscú) y por visión electoral. Entendía, con acierto, que si bien el PJ era una especie de “abrazo del oso” que le quitaba margen de maniobra, era el mal menor: reportar del otro lado hubiera significado consecuencias peores para el bloquismo, que antes de aquel entendimiento había caído a su mínimo histórico, fuera del Congreso Nacional donde supo ser un referencia federal, y hasta fuera de la Legislatura provincial. Así, en un frente con Gioja y aún revistiendo una absoluta minoría, al menos estaba conectado a un respirador artificial.
Soportó el Chango por aquellos días todo tipo de presión de parte de los pesos pesados del partido, hábiles para la opereta de café pero escurridizos al momento de poner la cara y ni qué hablar para juntar la plata para una campaña. A saber: que el PJ no les da nada, que mejor sería ir solos y con un discurso opositor, que sometían al partido a los intereses personales del Polo, o que Cristina era un portaviones a remos en una elección como la de ese año en a que aparecía a flor de piel “la confrontación”.
Ese 2009 fue el peor registro electoral del kirchnerismo en todo el país, jaqueado por la crisis del campo y el “alika alikate” en lo de Tinelli. Los dirigentes bloquistas que amagaron que romper disconformes con CFK, no rompieron: le escaparon al bulto, concientes de sus limitaciones en las urnas y de la dificultad de ofrecerle al partido un destino mejor separados que unidos. Y el bloquismo siguió respirando, más aún después de que dos años más tarde los opositores fueran derrotados en la interna partidaria y que los que se cortaron mordieron el polvo electoral en una pésima perfomance en 2011 (Juan Domingo Bravo, Juan Carlos Turcumán).
Así llegaron al 2013. Con el bloquismo crecientemente atrofiado y en plan de replanteo sobre si seguir o no como furgón de cola del oficialismo. Y justamente fue Sancassani, el presidente que había defendido a capa y espada su vínculo con el oficialismo provincial y nacional en honor de su amigo Polo, el autor del portazo más resonante.
¿Qué cambió entre entonces y ahora? Cambió que Sancassani se convirtió en diputado provincial por dentro de las filas oficiales, cambió que se murió Polo Bravo, cambió a que ahora en lugar de criticar a hijo del caudillo por mantener al partido de rehén por sus propios intereses critican a Graciela Caselles, y poco más cambió. El resto se mantuvo como entonces: el ala anti G y anti K siguió manteniendo el nivel de críticas al alineamiento del partido, pero no consigue convencer a nadie puertas adentro para torcer el rumbo a fuerza de votos internos, Gioja sigue siendo el gobernador y Cristina, por lo que se sabe, sigue manteniendo el mismo tono de siempre, que ahora sorpresivamente molesta.
Y en este encolumnamiento entre los pro-acuerdo contra los anti-acuerdo, cambió de lugar Sancassani. Si bien el despegue del diputado provincial se produjo por razones absolutamente formales (un cargo en Diputados que le corresponde al Bloquismo y el partido designó a Espejo), se le ha escuchado algún inconformismo de fondo. Empezó a cuestionar en público el contenido de los discursos de CFK –que, a decir verdad, hoy son menos de barricada que cuando Sancassani fue candidato K en el 2009, pleno conflicto del campo- y definió con contundencia: “Yo no soy ni oficialista, ni opositor”. En agosto del 2011, también había definido con claridad: “Somos parte de este proyecto que ha transformado la provincia”.
Queda esperar si el Chango redondea su alejamiento del bloque con su pase a la trinchera de los que resisten al PJ, cosa que no ha dicho pero que se intuye por el contenido de sus movimientos y su discurso. De hecho, ya quedó enfrentado al menos verbalmente contra la dirigente con la que se había puesto espalda contra espalda para defender el legado del Polo, la presidenta Graciela Caselles.
Junto a ella fueron los puntales de la defensa del acuerdo con el PJ, y los dos consiguieron bancas. Los tiempos cambian: ahora, se quedaron en lados distintos del mostrador. Y en el medio, circula un factor que pudo haber tenido algo que ver con el alejamiento del Chango, de acuerdo con lo que piensan Graciela y los pro-PJ. Enrique Conti, el dirigente de mayor peso entre los que critican la cercanía tanto de Gioja como de Cristina, y que viene amagando desde hace tiempo con presentarse por afuera del partido.
Ya intentaron los críticos dominar el partido, y no lo pudieron hacer. Ya integraron también una fórmula opositora junto al radicalismo en 2011, y tampoco les fue bien. Ahora orejean el ancho de espadas de su baraja: el ex ministro, que dispone de una imagen interesante y hace soñar a los rupturistas con que esta vez sí.
El asunto es que todos desconfían de lo que hará en definitiva Conti: si va en serio o será otro amague. Entre quienes lo siguen en el partido están los disconformes de siempre, a quienes ahora se les sumará Sancassani. Del otro lado, el oficialismo bloquista se rearma con otro de Zonda, Atampiz, en el lugar de Sancassani para volver a ser dos. Y todos detrás de la figura de Caselles y los iglesianos Mauro Marinero y Espejo.
Justamente Zonda es un buen caso testigo de la supervivencia bloquista. Es que el partido de la estrella sobrevive a base del valor de la marca, como esas corporaciones que reciben una sobrevida por el sello pero en realidad se comen el crédito.
De a poco, pierden su razón de ser, el manejo del territorio: en Zonda, ni los dirigentes bloquistas de peso como Sancassani o Atampiz aliados al control peronista del municipio pudo evitar una sorpresiva derrota en las urnas. Y al fin y al cabo, de votos se trata esta historia.
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