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miércoles 29 de abril de 2026

Opinión

El dolor por Marita, o Charly al revés

País conmovido por el insólito fallo que absolvió a todos los acusados de secuestrar y matar a Marita Verón, el Gran Charly lo anticipó hace 32 años. Justicia y democracia no van de la mano. Por Sebastián Saharrea.
Por Redacción Tiempo de San Juan

“Los inocentes son los culpables, dice Su Señoría”, sentenció Charly García en su brillante Canción de Alicia en el País, del no menos sensacional disco Bicicleta de Serú Girán, suscripto en 1980. Arreciaba aún lo peor de la dictadura, los más inquietos sabían lo que pasaba, y García apelaba a una metáfora desgarrada que no pudo ser lo suficientemente comprendida por los generales de turno como para ser censurada: ya no hay morsas, ni tortugas, simpáticos animalitos con los que el país se refería a Onganía (la morsa), o al entonces maltratado y hoy afortunadamente revalorizado presidente Arturo Illia. O los brujos que piensan en volver, referencia excluyente al detestable López Rega. “Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie”, todo dicho.

Hoy no hace falta andar con metáforas. La sala II del Tribunal Penal de Tucumán lo dijo clarito y sin rebusques: absueltos. Uno de los fallos más a contrapelo de la sociedad, seguramente el más cuestionado de la historia, ahora que se puede cuestionar un fallo. Los camaristas quedarán en la historia negra del país, aún sin conocer los fundamentos de este desquicio. Charly al revés: “los culpables son inocentes, dice Su Señoría”.

Como ciudadano, uno puede –y debe- cuestionar a los funcionarios, y también a los miembros de los otros dos poderes republicanos: diputados, senadores y jueces. La diferencia es a que a los presidentes, gobernadores, legisladores, uno los puede desplazar con el voto. Tienen mandato acotado a un tiempo determinado y el voto popular alcanza para darles crédito o para despedirlos.

A los jueces no. La duración de su mandato es para toda la vida mientras dure su buena conducta, o su decisión. Sólo pueden ser desplazados por jury. Y encima no pagan impuestos.

La lenta adaptación a los tiempos democráticos ha producido en la Argentina una falta de equilibrio entre los poderes. Los que son sujetos de la voluntad popular se han adaptado más a un sistema democrático demasiado tenue e interrumpido. Este período es el primero de casi tres décadas de democracia, desde que la ley Saenz Peña habilitó el voto popular y cuatro años más tarde debutó Yrigoyen. Pocos años hubo en ese siglo de democracia, frente a los sistemas consolidados de Europa o EEUU.

Por lo tanto, los funcionarios han debido adaptarse a transpirar la camiseta democrática, mientras permanecen jueces designados por la dictadura o románicos de esos tiempos, y que se atreven a juzgar de manera liviana cada paso democrático.

Suscribo entonces la iniciativa de someter a consideración de la voluntad popular a algunos cargos de la magistratura, como lo ha anunciado el gobierno y pese a que lo hace en un momento especial. No al extremo de todos los jueces: me cuesta imaginar a un candidato a juez en campaña, con todo lo que hay que ver con el funcionariado en campaña.

Pero se podría comenzar con los fiscales, como ocurre en el país colonizado con una democracia más afianzada, EEUU, sin interrupciones militares desde su constitución como país hace más de 220 años. Allí, el alguacil de cada distrito debe ganar una elección, en lugar de lo que ocurre por estas Pampas con los rebusques de los Concejos de la Magistratura. Buena idea.
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