La portada de un diario decía: “Diecisiete años para La Coboy”. Fue la única vez que la vieron atormentada y envuelta en una crisis de nervios en público. Otra vez confinaban a prisión a esa temible mujer de Chimbas, también apodada “La Pañuelito” por el lienzo que siempre usaba en el cuello para cubrirse la quemadura que marcó su violento pasado. Ya casi nadie la llamaba “Charo”, el primer apodo de esa muchacha que supo ser, esa que desgració su vida con el asesinato de su pareja en 1995 y que al año siguiente fue sentenciada a 17 años de cárcel por el tribunal de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional.
"La Coboy", la sanjuanina que le dio una brutal paliza a su pareja y la dejó morir
Una noche de 1995, una mujer a la que apodaban “La Coboy” o “La Pañuelito” atacó a golpes a su concubino y lo dejó grave. El hombre pasó un día y medio en cama y cuando lo asistieron fue tarde. Ella era violenta y ya tenía una condena por corrupción de menores.
Rosario Lidia Carrizo, apodada “Charo”, “La Pañuelito” o “La Coboy”, andaba en malo pasos desde antes. A sus 44 años contaba con antecedentes por lesiones, desacato y una condena de 10 años de cárcel por prostituir a una niña. Pero la sentencia condenatoria del 27 de marzo de 1996 la dejó devastada y la confinó al penal de Chimbas por un largo tiempo.
Vidas cruzadas
Su historia de mujer ruda, la que enfrentaba a trompadas a los hombres y la que vendía sexo en la calle, sepultó la sufrida vida de “Charo” que pasó al olvido. Su triste fama se conoció en la década del 80 por esa causa penal por corrupción de menores y que le valió una condena en el penal de Chimbas. Al salir de prisión en 1994, no tuvo adónde ir y su vida se cruzó con la de Luis Daniel Oviedo.
Él también andaba en desgracia. Sus problemas con el alcohol destruyeron a su familia y desde octubre de 1994 estaba separado. Su esposa y sus hijos se marcharon a otra casa y el albañil quedó solo. En los meses posteriores se encontró con Rosario y entablaron una amistad que terminó en relación de pareja.
A fines de enero de 1995, la exconvicta se mudó a la casa de Oviedo en la calle 25 de Mayo de la popular Villa Unión de Chimbas. No fue el amor lo que los unió, a lo mejor eran sus soledades, la vida despreocupada o las largas borracheras. En esa casa no faltaban las juntadas y las peleas. Los vecinos solían contar que se escuchaban las continuas discusiones de la pareja y que se agredía mutuamente.
Luis Oviedo le temía a la mujer: “Tengo miedo que me corte el cogote”, le confesó una vez a su amigo José Rojo, mientras le contaba que quería separarse y echar de la casa a Rosario para volver con su esposa. “La Charo era celosa y no dejaba a Oviedo estar con los amigos. Ella se agarraba a trompadas con cualquiera. En cambio, él tomaba, pero no era pendenciero ni peleador”, declaró tiempo después ese otro hombre.
Una noche fatal
El sábado 1 de abril de 1995, Oviedo se encontró con su amigo Juan Carlos Lima y repitieron el rito de los fines de semana. Compraron una damajuana de vino y empezaron a beber, con “Charo” de compañía con una cerveza. Tomaron desde el mediodía hasta la tarde. A la noche compraron otros cinco litros de vino, para entonces ya estaban muy borrachos.
Lima se dormía. El dueño de casa le ofreció un colchón y éste se fue a acostar a una pieza ubicada en el fondo. Oviedo y Carrizo continuaron bebiendo un rato más hasta que discutieron y pelearon acaloradamente en la última hora del sábado y la madrugada del domingo 2 de abril de 1995. La vecina de al lado escuchó los gritos, los insultos y el ruido de golpes o cosas que arrojaban. Al parecer, en ese alboroto, Rosario tomó una barreta de hierro macizo y le pegó en la cabeza a Luis.
La siguieron en la vereda. Rosario le propinó una trompada y le arrojó piedras a Oviedo, que no se podía mantener en pie y cayó al canal -que no traía agua-. Él quedó tirado dentro del cauce y ella entró a la vivienda, pero a los pocos minutos regresó. “Daniel (así lo llamaba). Mi amor, vamos a la casa”, le dijo, según la vecina, que presenció toda esa escena y también observó que “Charo” o “La Coboy” levantó al albañil casi inconsciente y lo metió en la casa a la rastra.
A partir de ese momento no se los escuchó de nuevo. Lima despertó a media mañana del domingo y encontró a Rosario Carrizo limpiando y baldeando la casa. Oviedo seguía en cama y no se vía bien. Su amigo advirtió que estaba rasguñado, que un hilo de sangre le salía de uno de los oídos y se quejaba.
El amigo lo ayudó a pararse. “Ay, mamita”, decía Oviedo, y se tomaba la cabeza del dolor. Tenía la mirada como perdida. Lima supuso que era la resaca y lo acompañó a la cama para que descansara. “El Negrito se cayó y se golpeó la cabeza”, le aclaró Rosario, tratando de cubrirse.
Otro que vio a Oviedo en ese estado fue Rojo, el otro amigo. Este hombre pasó a saludar al albañil el domingo por la tarde. Notó sus heridas y la sangre en sus oídos, pero lo que más le sorprendió fue que éste no pronunciara palabra alguna, que estaba como abstraído y que no le sacaba la mirada a “Charo”.
Al otro día, en la mañana del lunes 3 de abril, el hijo mayor de Oviedo lo fue a buscar para que vaya trabajar a una obra y Rosario lo atendió por la ventana. “Tu papá está enfermo, no va a ir”, le contestó. El muchacho se retiró sin hacer preguntas. Al rato apareció Rojo, de nuevo, para ver cómo se encontraba su amigo.
Comprobó que Oviedo seguía en cama y no le respondía. Mientras trataba de darle charla, observó que el albañil se levantó de la cama y desnudo caminó tambaleando hacia la puerta con la intención de ganar la calle. Rojo alcanzó a detenerlo y lo llevó a acostarse.
Rojo salió alarmado y se dirigió a la casa de un hermano de Oviedo. Ahí contó a los familiares sobre su preocupación por la salud de su amigo. Les pidió que fueran a verlo urgente.
Estado crítico
Cerca del mediodía de aquel lunes, una sobrina de Luis Daniel Oviedo se presentó en la vivienda de calle 25 de Mayo y pidió permiso a Rosario Lidia Carrizo para ver a su tío. Esa joven constató el deplorable estado del albañil y fue a buscar una ambulancia, a la vez que avisó a sus otros parientes y a la exesposa.
Los rasguños y los hematomas en el cuerpo de Oviedo eran lo de menos. Los médicos que examinaron al hombre de 46 años en el Hospital Guillermo Rawson detectaron que tenía una doble fractura y una seria hemorragia en el cráneo. Presentaba una conmoción cerebral y a las pocas horas entró en estado de coma.
Rosario Lidia Carrizo insistió en la versión de la caída accidental. La expareja, sus hijos y los familiares de Oviedo hacían preguntas y crecían las sospechas que la mujer lo había golpeado de forma brutal. Los amigos y los vecinos abonaron esa teoría con sus testimonios.
El miércoles 5 de abril de 1995, Luis Oviedo falleció en la sala de terapia intensiva del Hospital Guillermo Rawson. La investigación policial para ese entonces estaba demasiada avanzada. Contaban con un testimonio clave, el del oficial Víctor Sánchez. El policía de calle de la Comisaría 17ma entrevistó a “La Pañuelito” días antes de la muerte de Oviedo y escuchó una confesión que la incriminó: la mujer le contó llorando que se arrepentía de haberle pegado a Oviedo con un hierro y que no tuvo la intención lastimarlo.
Ese día detuvieron a Rosario Lidia Carrizo bajo el cargo de homicidio simple. Los policías allanaron la casa de Villa Unión, inspeccionaron todo para recoger elementos de prueba y secuestraron la barreta de hierro, el elemento utilizado en el crimen.
El informe del médico forense Alejandro Yesurón fue contundente con respecto a la causa de muerte: concluyó que el albañil recibió un golpe con un objeto duro y que eso provocó la doble fractura en el cráneo. Descartó que esa lesión fuera el resultado de una caída o una pedrada; en cambio, sostuvo que las heridas en la cabeza coincidían con la de una agresión con un elemento largo y pesado como la barreta secuestrada.
La única responsable
Los testimonios de la vecina que presenció la escena en que Carrizo golpeó a Oviedo y de los amigos que contaron el estado en el que lo encontraron, complicaron a la única imputada en la causa. Su fama de mujer violenta y sus antecedentes penales, la hundieron más. En su defensa, “La Coboy” reiteró su versión sobre la supuesta caída de la víctima y aseguró que jamás imaginó que su cuadro de salud era delicado.
En el juicio, en marzo de 1996, Rosario Lidia Carrizo se abstuvo de declarar y, al momento de expresar sus últimas palabras, pidió clemencia: “Soy inocente”, exclamó.
Para la fiscal Alicia Esquivel, las pruebas acreditaban que ella golpeó a Luis Daniel Oviedo y que su intención fue dejarlo morir en su cama, por esa razón no buscó atención médica para él ni pidió ayuda a otras personas. La defensa procuró demostrar que, si existió una agresión por parte de la mujer, fue el contexto de una pelea de pareja y nunca se propuso matarlo.
Los jueces Diego Román Molina, Arturo Velert Frau y Raúl Iglesias remarcaron en la sentencia la personalidad primitiva, impulsiva y antisocial de la inculpada, además de sus antecedentes. Así fue que el 27 de marzo de 1996 condenaron a Carrizo a 17 años de prisión.
Un informe oficial señala que Carrizo recibió algunas conmutas de penas durante su estadía en el penal de Chimbas y así consiguió que le rebajaran los años de condena. Recién recobró la libertad en septiembre de 2008.
FUENTE: Sentencia de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.