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sábado 21 de marzo de 2026

Historias del Crimen

El joven sanjuanino que fue a buscar pelea en Trinidad y murió de un palazo en la cabeza

Fue una noche de abril de 1952. Estuvieron tomando en un bar y, al marcharse, pasaron por la casa de un vecino con quien habían discutido. La respuesta no fue la que esperaban.

Por Walter Vilca

Una discusión entre borrachos, afirmaron. Pero también había una “pica” de antes, ambos eran vecinos de la zona capitalina de Trinidad. Entonces lo que pasó en el bar de Julio Martínez fue solo la excusa para sacar a relucir sus rencores y las ganas de trompearse.

Entre vasos de vino, José Martín Quiroga y su vecino César Armando Loyola se miraron desafiantes de una mesa a otra esa noche del viernes 18 de abril de 1952. El alcohol puso cargosos a algunos y a otros les hizo hervir la sangre. Ahí se buscaron la boca, aparecieron los insultos y también unos empujones que llevaron a la tensa situación al borde de la pelea entre los parroquianos.

César Armando “El Pillín” Loyola, que era mayor, se retiró del bar al promediar las 23 y decidió irse a dormir. José Martín Quiroga, de 18 años, continuó bebiendo junto a sus amigos Santos Coliguante y Máximo Toledo. Pero en vez de apaciguarse el clima hostil en el local, siguió la tirantez y en cualquier momento se armaba el alboroto.

Calle Mendoza.jpg

El ataque mortal se produjo en la puerta de una casa situada en esta zona, pero en 1952.

Los tres amigos se retiraron a las 23.30 y tomaron por calle Mendoza. Iban dando trancos y ladeándose de un lado a otro por la calle de la borrachera, pero José Martín había quedado molesto con “El Pillín” Loyola. Fue así que, cuando pasaron por la puerta de la casa del Pillín sobre la misma calle Mendoza al 1849 Sur, se paró todo desafiante. Esto sería hoy entre la avenida de Circunvalación y la calle Sarassa, en Trinidad, Capital.

Quiroga quería arreglar cuentas con el vecino y Toledo y Coliguante lo acompañaron, o al menos no se lo impidieron. “El Pillín” Loyola a esa ya roncaba, pero su mujer lo zamarreó al escuchar los gritos desde la vereda. El dueño de casa abrió los ojos y también oyó que lo llamaban desde la calle, pero también lo insultaban.

Loyola se asomó por la ventana y observó la presencia de los tres jóvenes, pero por consejo de su pareja volvió a la cama pensando que pronto se marcharían. Por el contrario, las puteadas y los llamados para que saliera a pelear no cesaron. Ya decidido, “El Pillín” se levantó, se puso el pantalón largo y los zapatos y caminó hasta la puerta. Miró a través de una ranura de las tablas y vio sólo a Toledo y Coliguante que estaban parados en la calle, como a 10 metros de distancia.

Según el propio Loyola, en esos instantes tomó coraje y salió a preguntar qué pasaba. Pero claro, también llevaba consigo un grueso palo, tipo garrote, que servía de tranca en la puerta. Ese elemento no era justamente para dialogar. Él se dispuso a enfrentar a los jóvenes, pero no esperaba que, a poco de atravesar el umbral, supuestamente le apareciera Quiroga de manera sorpresiva desde un costado.

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El titular de la noticia en la que se constó lo sucedido con Quiroga.

El dueño de casa aseguró que el joven le lanzó una trompada, pero alcanzó a esquivarla. De acuerdo con la versión de Loyola, primero empujó a Quiroga para apartarlo, pero éste se le fue encima de nuevo. Y sin darle una segunda oportunidad, ahí él le revoleó el palo. El golpe fue de lleno y tan fuerte que le sacudió la cabeza al muchacho, que trastabilló y cayó de costado sobre la vereda.

“El Pillín” Loyola, temiendo que los otros dos jóvenes lo atacaran, se metió a su casa y puso la traba en la puerta. Afuera, José Martín Quiroga balbuceaba y tiritaba el piso a consecuencia del tremendo golpe que había recibido en el cráneo.

Sus amigos pidieron ayuda y en los primeros minutos del sábado 19 de abril de 1952 trasladaron a Quiroga a la guardia del Hospital Guillermo Rawson. Entró con un cuadro de conmoción cerebral producto de una fractura de cráneo, informaron los médicos que lo asistieron. El joven fue intervenido quirúrgicamente y nunca salió de la terapia intensiva. Esa situación irreversible le pasó factura el martes 22 de abril, fecha en que certificaron su fallecimiento en el nosocomio provincial.

El acusado sostuvo que actuó en defensa propia, pero las pruebas demostraron que el joven no tenía ningún elemento ni arma. En cambio, él salió con un palo que parecía un garrote.

“El Pillín”, que ya se encontraba detenido, pasó a ser acusado de lesiones graves a homicidio simple. Porque, aunque él aseguró que salió defenderse y fue agredido por la víctima en un primer momento, el juez del caso entendió que no se justificaba el accionar de atacar con un palo a ese joven de 18 años.

El juicio escrito se concretó en 1956 y la defensa del albañil procuró reflotar la teoría de la legítima defensa sin éxito, pero el magistrado sostuvo que no se cumplieron los requisitos requeridos para calificar el hecho bajo esa figura: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y falta de provocación suficiente por parte de quien se defiende.

El juez concluyó que, si existía un peligro cierto para su vida, lo lógico y más seguro hubiera sido que se quedara resguardado en su casa. En cambio, el albañil agarró un garrote y salió a enfrentar al joven que supuestamente lo provocaba a los gritos. Con ese argumento, el titular del Juzgado del Crimen de Tercera Nominación ratificó la figura del homicidio simple y condenó a César Armando Loyola, apodado “El Pillín”, a la pena de 12 años de cárcel.

FUENTE: Sentencia del Juzgado del Crimen de Tercera Nominación y artículos periodísticos de Diario de Cuyo y Tribuna, y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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