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sábado 21 de marzo de 2026

Historias del Crimen

El caso Nelly, la trabajadora golondrina que fue asesinada y semienterrada en el río San Juan

La chica tenía 17 años y una noche de marzo de 1995 fue a una cita. Nueve días después encontraron su cadáver en el río San Juan. El asesino, otro cosechador que mantenía un romance con la adolescente.
Por Walter Vilca

La cita fue a las 21 horas de ese día viernes en un viejo bar de la calle Rawson, en Albardón. Nelly llegó puntual, aunque fingiendo que pasaba por casualidad por ese lugar. “El Tucumano” la invitó a sentarse y ambos hablaron melosamente por el lapso de una hora mientras tomaban una cerveza.

Don Roque Neira, el dueño de la cantina, observó que la pareja se levantó de la mesa y abandonó el salón a las 22. No notó nada extraño en ellos, era habitual que los trabajadores temporarios hicieran una parada en su negocio los fines de semana, explicó días más tarde.

Desde el viernes 17 de marzo de 1995, no los volvió a cruzar. Nélida Martín Castro, tal cual era el nombre de Nelly, esa noche no regresó a la finca Carrascosa en Albardón y tampoco en los días siguientes.

Las vidas de los trabajadores golondrinas, para algunos no valen mucho. Porque nadie echó de menos a la adolescente de 17 años. Sus compañeros, los cuadrilleros para quienes trabajaba en la empacadora de uva y menos sus patrones, se preocuparon por su paradero. Ninguno de ellos denunció su desaparición, pese a que los días transcurrían y no se tenían señales de Nelly. Su ausencia debió resultarles extraña, en el tinglado donde dormían aún estaban sus pertenencias. Pero a nadie le importó.

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Testigos. Después del hallazgo del cadáver, las compañeras de trabajo de la víctima hablaron sobre su desaparición. Foto de Diario de Cuyo.

El viernes 24 de marzo de 1995, los policías de la Comisaría 18va de Albardón se sorprendieron a raíz de un llamado telefónico anónimo. Una voz masculina daba cuenta que había un cadáver sobre una orilla del río San Juan, al oeste del viejo puente de hierro que une ese departamento con Chimbas. Por el tono y las palabras, parecía no bromear. Esa persona, que no quiso identificarse, juró que todo lo que decía era cierto y pidió que fueran a corroborarlo.

Un mensaje tenebroso

Los uniformados dudaron de la credibilidad del informante, pero tomaron nota y comunicaron a sus superiores sobre el tenebroso contenido de ese mensaje. El mismo viernes, un par de policías salió a dar una vuelta por esa zona y no encontraron nada. La extensión de las márgenes del río y la maleza hacía difícil la tarea de inspeccionar todo.

El misterioso informante volvió a llamar a la Policía el día sábado y suplicó que siguieran buscando sobre el costado norte, que por ahí estaba el cuerpo y se sentía el fuerte olor. La insistencia de ese desconocido generó más intriga entre los uniformados y sus jefes, que decidieron armar un grupo para rastrillar un sector más amplio del río.

Ese sábado cubrieron una parte y el domingo en la mañana continuaron la búsqueda avanzando hacia el oeste, revisando cada recoveco. Al mediodía, mientras caminaban bajo el intenso sol y sobre la margen norte del cauce, a 2 kilómetros del puente de hierro, los agentes advirtieron un aire pestilente que no los dejaba respirar y las moscas que se arremolinaban al costado de un cañaveral. Uno de los uniformados hizo la punta tapándose la nariz y se acercó a ese lugar.

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El cadáver. Un policía custodia el lugar donde encontraron el cadáver. Foto de Diario de Cuyo.

El espanto se reflejó en su rostro. Entre las piedras y la arena asomaba lo que parecía una pierna humana y un brazo, en medio de los insectos y el mal olor. Los otros policías también vieron ese espantoso cuadro y no dudaron que era el cadáver una persona. Era verdad lo que decía el desconocido de los llamados telefónicos.

El hallazgo del cadáver

El entonces juez de instrucción Roberto Reinoso y su secretaria, la actual jueza correccional Mónica Lucero, se trasladaron al lugar con decenas de policías para inspeccionar la zona y levantar el cadáver. El cuerpo estaba semienterrado con piedras, de cúbito dorsal, con la pierna derecha flexionada y la única prenda que vestía era una remera oscura que estaba subida hasta el hombro. El avanzado estado de putrefacción indicaba a las claras que su muerte se había producido hacía más de una semana.

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Por la contextura física, los tamaños de sus pies y la cabellera, se trataba de una mujer. Posiblemente muy joven. Y rápidamente surgieron las sospechas de un ataque sexual y un asesinato. Habían tapado el cuerpo casi desnudo con piedras y arena con la intención de ocultarlo.

Los investigadores pidieron información a la Central de Policía de San Juan, pero en los últimos diez días no existían registros de alguna denuncia por la desaparición de una mujer. Los policías de Albardón sospecharon que podía tratarse de una de las tantas trabajadoras golondrinas que arriban al departamento en la época de cosecha. Por la cercanía, el primer lugar que visitaron fue la finca Carrascosa para entrevistar al personal y preguntar si tenía conocimiento de alguien que estuviese desaparecida.

Datos reveladores

Un grupo de trabajadoras contó que de hace días faltaba Nelly, una adolescente de 17 años oriunda de Bolivia. Ella estaba junto con el contingente de los tucumanos. Su nombre era Nélida Martín Castro y desde enero trabajaba en esa finca. Las mujeres relataron también que la jovencita se veía a escondidas con el tucumano Miguel Martín Medina, otro cosechador que tenía una novia albardonera y jugaba a hacerse el amante de la adolescente.

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El asesino. Este es Miguel Medina, el homicida de la adolescente. Foto de Diario de Cuyo

Esas testigos dieron pistas claves y guiaron la investigación. Y es que ellas revelaron que la última vez que vieron a Nelly fue la noche del viernes 17 de marzo de 1995, cuando salió de la finca y no regresó más. También hicieron hincapié en un detalle de suma importancia. Recordaron que al otro día, el sábado 18, Medina pidió que le liquidaran sus jornales y abandonó la cuadrilla de forma intempestiva. Al capataz le dijo que su padre estaba grave y debía regresar urgentemente a Tucumán. Todo encajaba.

En esos días confirmaron la identidad de la víctima. La fallecida era Nélida Martín Castro, la joven boliviana de 17 años que desapareció la noche del 17 de marzo. El resultado de la autopsia señaló ese día como fecha de muerte y otra conclusión fue que su deceso se produjo por una hemorragia intercraneana a consecuencia de un duro golpe en el parietal derecho. El forense destacó que pudo ser una trompada o una pedrada. No acreditaron la violación, pero había evidencia de que mantuvo relaciones sexuales.

Pero un testimonio terminó de cerrar el círculo sobre “El Tucumano” Medina. Los investigadores lograron dar con Roque Neira, el dueño del bar de calle Rawson, quien les declaró que esa noche del 17 de marzo de 1995, Medina y la joven boliviana estuvieron aproximadamente una hora en su local tomando una cerveza y se retiraron juntos a las 22.

En Tucumán

A esa altura ya buscaban a Medina, también pidieron colaboración a la Policía de Tucumán para que lo localizaran en esa provincia. Su último domicilio era el de Villa Colón, en la ciudad tucumana de Aguilares, según los datos aportados por su exnovia. Tardaron días, pero el 8 de abril de 1995, los policías de esa provincia consiguieron capturar a Miguel Martín Medina.

A su arribo a San Juan fue llevado a declarar a Tribunales. Su explicación fue muy pueril. Reconoció que esa noche estuvo con Nelly en el bar, que después fueron al río, tuvieron sexo y ahí se generó una discusión porque ella le exigía que dejara a su pareja. Según él, en esos momentos ella sufrió un ataque de epilepsia, largó espuma por la boca y cayó pesadamente entre las piedras.

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A la morgue. Los policías de Criminalística suben el cadáver a la camioneta de la Policía de San Juan. Foto de Diario de Cuyo.

Como creyó que estaba muerta y, por temor a que lo culparan a él, decidió ocultar el cadáver, aseguró. Fue así que arrojó piedras y tierra arriba de su cuerpo, y escapó del lugar, agregó. También se excusó diciendo que no tuvo intención de matar a la chica y en ese momento no pidió ayuda porque tenía miedo.

En noviembre de 1995, “El Tucumano” Miguel Martín Medina fue enjuiciado por el tribunal de la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional, compuesto por los doctores Alfredo Conte Grand, José Domínguez y Antonio Fili. Hoy podría haber encuadrado el caso como un femicidio, pero en aquel entonces el fiscal Gustavo Manini acusó a “El Tucumano” del delito de homicidio simple.

Una condena asegurada

La defensora oficial Virginia Guillen reiteró la teoría del accidente. A su entender, el golpe que presentaba la víctima en su cabeza se produjo cuando Medina, en su desesperación por esconder el cadáver, arrojó una piedra sobre el cuerpo de la joven sin saber que todavía estaba con vida. En ese sentido, aseguró que hubo una omisión o negligencia al abandonar a la chica y se debía calificar el hecho como un homicidio culposo.

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Condenado. "El Tucumano" fue condenado a 9 años de cárcel. Foto de Diario de Cuyo.

Para el fiscal, esa fue una maniobra evidente destinada a ocultar el crimen. Además, remarcó que si fue un accidente por qué no buscó ayuda para salvar a la chica. Sin embargo, prefirió ocultar el cadáver al borde del río y cerca de un cañaveral para que nadie lo descubriera. Posteriormente abandonó la finca donde trabajaba y se fugó a su provincia. Por otro lado, explicó que la autopsia fue contundente y no encontraron indicios que la víctima haya sufrido un infarto o un ataque de epilepsia.

En el debate no se dilucidó el móvil del crimen, ni tampoco se comprobó la violación. En cambio, el tribunal llegó a la certeza de que “El Tucumano” golpeó y mató a la adolescente en el río y luego trató de enterrar el cuerpo. Se configuró una acción dolosa y correspondía que rindiera cuenta por el delito de homicidio simple, afirmaron en su veredicto del día 2 de diciembre de 1995 con el cual condenaron a Miguel Martín Medina a la pena de 9 años de cárcel.

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FUENTE: Sentencia de la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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