Lágrimas de dolor, lágrimas de dos mujeres atravesadas por la tragedia, lágrimas. Y un abrazo, un abrazo con el pecho abierto de una madre que puede proteger y abrazar el desahogo de otra mujer. La imagen que publica Tiempo de San Juan está protagonizada por la madre de Leila Rodríguez luego de que se conociera que el femicida de su hija, Esteban Pacheco, fue condenado a prisión perpetua. Tiene una campera blanca y está hecha un bollito al lado de su marido. Quien va a su encuentro con los brazos abiertos es la abuela de Leila, su madre. Esa mujer que le secó las lágrimas, que la acarició y no se movió de su lado cada vez que el dolor le calaba los huesos. La foto es el abrazo del alivio.
El abrazo del dolor
A Leila la mató su ex pareja, Esteban Pacheco, en un descampado de Ullum. La asesinó a golpes y puñaladas. El femicidio se produjo en junio del 2018. Después de dos años finalmente llegó la sentencia. La Sala Tercera de la Cámara Penal y Correccional condenó a Pacheco a prisión perpetua al femicida. Durante estos años, la madre de la joven ullunera nunca dejó de compartir en sus redes algún mensaje para su hija y siempre pidió la máxima pena para el asesino de su hija. El día del alivio llegó. Aunque una sentencia no le devuelva a su hija, esa sentencia le devolvió un poco de esperanza en el mundo.
Durante los días que se extendió el juicio, Paula, la mamá de Leila, recibió el apoyo de otras madres que perdieron sus hijas víctimas de un femicidio. En la lectura de la sentencia, estuvieron esperando a a Paula las madres de Rocío Villalón y de Celeste Luna. Las mujeres conviven con el mismo dolor y con todos los miedos que se arrastran después de que un crimen de género sucede en una familia. El temor ante los hombres, ante lo que les puede pasar a las hijas y la melancolía de pensar qué más podrían haber hecho.
La madre de Leila estaba satisfecha por la sentencia, el fallo que metió tras las rejas al hombre que le quitó a su hija. Que haya justicia es el único reparo que tienen los familiares de las víctimas cuando un hecho así de aberrante sucede.
El abrazo de la madre de Paula es una especie de símbolo de esa contención femenina. De ese apoyo, de ese "yo te creo hija", "yo estoy con vos". Es un símbolo de amor también pero a la vez una marca de todo lo que no debe pasar. Porque el abrazo que debería haber sido es el entre Paula y Leila. Leila recibiéndose. Leila en el egreso de su hija. Leila siendo feliz. #NiUnaMenos