Hace dos años atrás, en un descampado de El Mogote en Chimbas, personal policial realizó un macabro hallazgo: encontró los restos de una mujer descuartizada, cuyo caso sacudió a la provincia durante los siguientes días. Era el cuerpo desmembrado de Yamila Pérez, una joven que había desaparecido cuatro días atrás y era buscada intensamente.
A dos años del macabro hallazgo que estremeció a San Juan
Su amante, Evaristo Molina, asesinó a sangre fría a la mujer que había sido madre hacía unos pocos meses, quien se convirtió en una víctima fatal más de la violencia de género.
La noticia trascendió en los medios locales el lunes 18 de junio de 2018 bien temprano por la mañana, aunque el cadáver fue descubierto el domingo anterior por la noche. La Policía trabajó durante la madrugada en el escenario del horror ubicado sobre uno de los márgenes de un camino de ripio que conduce a la Comuna San Miguel, al este de calle Luna y a unos 500 metros al Norte de Oro.
Fue una vecina de la zona que caminaba por ese callejón quien se sorprendió con el cuerpo faenado. Según trascendió en ese entonces, vio un extraño bulto a un costado, se acercó a mirar por curiosidad y lo descubrió. De inmediato dio aviso a las autoridades, que se apersonaron a los minutos.
También se supo que la víctima estaba boca abajo y tapada con algunas prendas viejas y sucias. Versiones policiales indicaron que tenía parte del cuerpo desnudo, la cabeza destrozada, heridas punzantes en su torso, no tendría sus brazos y le habían arrancado parte del cuero cabelludo.
A los pocos días, el cuerpo fue identificado y la investigación -que había avanzado rápidamente- condujo directamente al asesino, quien fue detenido. Al verse acorralado por las diversas pruebas que lo situaban cerca de la escena del crimen, entre ellas una receta médica a su nombre en las inmediaciones del hallazgo, se quebró y confesó: "Yo lo hice".
Tras cinco meses de instrucción, el juez Guillermo Adárvez del Tercer Juzgado de Instrucción lo procesó por homicidio doblemente agravado por alevosía y violencia de género y 10 meses más tarde, el 30 de octubre de 2019, en un juicio abreviado aceptó la prisión perpetua.
Para desgracia de la familia, que ya había sufrido la pérdida de su ser querido, el vendedor de garrafas condenado nunca reveló dónde había enterrado el resto del cuerpo, una información que por ahora se llevará a la tumba.
Los últimos minutos de Yamila, la reconstrucción
La estremecedora crónica del 14 de junio de 2018, el día que Yamila Pérez fue asesinada por Evaristo Molina, el cual este la acuchilló en ocho ocasiones y como si fuera poco la desmembró.
Evaristo le llamó a Yamila y pactaron en juntarse esa noche del 14 de junio para que ella le haga los servicios sexuales. Yamila aceptó y salió de su casa rumbo a la esquina de calle Tucumán. Molina la buscó en su auto Chevrolet Prisma, ella se subió al vehículo y se fueron de la zona.
Molina tomó rumbo por Benavidez hacia el este y se bajó en una zona desolada. Le dijo a Yamila que se bajara para que estuvieran más cómodos y ella aceptó.
Él aprovechó la confianza que la dio Yamila y de la nada sacó entre sus ropas un cuchillo y le propinó una puñalada a la altura del pecho y después otras siete. Después de esto, Molina no paró y lo que hizo después fue peor, le despojó de su cara y sus brazos.
El asesino tomó el cuerpo y lo llevó a un descampado (precisamente calle Luna y Callejón Merino), cubrió su cuerpo con trapos viejos y se fue de la escena del crimen.
A las horas Nora D., una vecina del lugar, iba rumbo hacer compras con sus perros, hasta que en un momento los perros se separaron de ella y empezaron a ladrar un bulto, ella se acercó y vio el cuerpo de Yamila.
Nora, asustada por la situación vivida, se fue hacía su casa y no quería decir lo que vio pero sus familiares y amigos la convencieron de que lo haga, llamó a la policía y lo contó.