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domingo 12 de abril de 2026

Historias del crimen

El policía celoso que mató a su mujer en 9 de Julio y recibió un irrisorio castigo

Fue un asesinato alevoso, le dio 5 puntazos. Sucedió en marzo de 1971 y, si bien el agente estuvo preso, el juez consideró que actuó en estado de emoción violenta
Por Walter Vilca

Era cerca de la medianoche. La cara del agente Daniel Ochoa lo decía todo, estaba nervioso y aparentemente ebrio. Tenía sus manos manchadas con sangre y cargaba un cuchillo. Sus compañeros de la comisaría se desconcertaron, más cuando con voz quebrada le dijo que acababa de matar a su mujer.

La escena fue tal cual la noche del jueves 11 de marzo de 1971 en la Seccional 11ra de villa cabecera de 9 de Julio. El asesino confeso era Daniel Ochoa, un policía de 36 años de esa misma dependencia que se entregó resignado tras ultimar de cinco cuchillazos a su joven esposa, Olga..

Hoy estaríamos hablando de un femicidio, en aquel entonces un diario señaló el hecho como un crimen pasional. Se mencionaba que el asesinato fue el corolario de una serie de discusiones de pareja, pero también se afirmó que el hombre la hostigaba y todo fue a consecuencia de sus sospechas de infidelidad. “Era demasiado celoso”, según comentarios recogidos en el vecindario por el diario Tribuna de la Tarde. Y es que constantemente reprochaba a Olga cada vez que cruzaba palabras con otro hombre y en cualquiera veía un posible amante. En esto mismo se amparó a la hora de justificarse.

Esa noche volvieron a discutir dentro de su casa en la Diagonal San Martín, cerca del centro de 9 de Julio. Pero tanto fue el odio que tenía este hombre que increpó a su mujer, en medio de los gritos tomó un cuchillo con una hoja de 15 centímetros y le clavó cinco puntazos en partes vitales del cuerpo. Ella cayó sobre un charco de sangre y, creyéndola muerta, el agente Ochoa salió caminando rumbo a la comisaría.

“Denotaba cierto grado de ebriedad y nerviosismo”, expresa un párrafo de la causa judicial. Entró con las manos ensangrentadas e hizo entrega del arma blanca. No se sabe si estaba arrepentido. Pero sabiendo que no tenía vuelta atrás, confesó a sus compañeros que había asesinado a su esposa.

A todo eso, otras personas socorrieron a Olga que agonizaba. La trasladaron como pudieron al Hospital Guillermo Rawson y allí fue intervenida quirúrgicamente por su estado crítico. No la pudieron salvar, falleció a las 10 del otro día.

Ochoa quedó preso acusado de homicidio agravado por el vínculo, dado que la víctima era su esposa y madre de sus hijos. Y como era de esperar, para tratar de aminorar el castigo él buscó cargar toda la responsabilidad en su mujer.

Esto se dio en el proceso del juicio escrito realizado ese mismo año. El fiscal del caso sostuvo que no había nada que lo eximiera de la pena de prisión perpetua. Es que estaba claro que atacó a su mujer indefensa con un cuchillo y la propinó, no una, sino cinco heridas mortales. Del lado de la defensa, se reconoció la autoría del asesinato, pero afirmando que el acusado actuó en un estado de emoción violenta, todo motivado por la supuesta infidelidad de su mujer.

Otros tiempos

Eran otros tiempos en los que primaban valores que imponían la condición y la reputación de hombre por encima de la mujer. Así fue que el juez del caso, en un fallo discutible, le dio parte de razón al agente de Policía.

En su sentencia expresó que el matrimonio estaba desquiciado “por la notoria infidelidad” de la víctima y que incluso, según él, en una “demostración de desvergüenza enrostró a su marido su situación de hombre burlado”. También señaló de su “triste situación”, que eso le hizo perder los frenos inhibitorios y que en la “emergencia” tomó un cuchillo que “accidentalmente” se encontraba sobre una mesa. Más adelante afirmó textualmente que “no hay que olvidar que el imputado es un hombre sencillo, con una cultura rudimentaria y que la generalidad de tal tipo humano, el mayor caudal de habitantes de nuestro país, rinde culto al varón y, aún inconscientemente, está proclive a castigar severamente a quién se burla de su condición, sobre todo si quién lo afrenta, es su esposa…”

En otras palabras, dio por sentado que el policía entró en un estado de emoción violenta por culpa de la mujer y que por eso la mató. Pese a que a tomó en cuenta la importancia, naturaleza y la modalidad del delito ejecutado, también valoró las circunstancias del suceso y que el acusado no poseía antecedentes penales. Así fue que, en su sentencia del 20 de agosto de 1971, consideró como “equitativa” y justa la pena de 3 años y 6 meses de prisión.

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