Cualquiera hubiese sido su víctima. Esa noche, “El Coreano” salió en su remis a la caza,dispuesto a buscar al azar a su presa en una calle del centro sanjuanino. La desdicha la tuvo una joven mesera de 19 años que subió a ese auto de alquiler con idea de volver a su casa y vivió un viaje casi sin retorno con este sádico remisero que la violó salvajemente, la golpeó de mil maneras -hasta con una piedra en la cabeza-, intentó ahogarla en el dique de Ullum y le clavó un destornillador varias veces para asesinarla.
“El Coreano”, el remisero que violó brutalmente a una chica en Ullum y la dejó moribunda
Imposible olvidar lo que fue ese brutal ataque cometido la madrugada del 9 de enero de 2007, como también la suerte de milagro de esa chica logró sobrevivir. De hecho, su testimonio permitió después identificar a ese remisero al que llamaban “El Coreano”, un apodo que se convertiría en sello de otras de las historias criminales más crueles de la provincia.
Su nombre real es Sergio Rolando Núñez Sánchez y en ese momento no se le conocía antecedentes, pero evidentemente dentro suyo llevaba esa alma perversa y asesina que despertó una noche de verano mientras recorría las calles capitalinas de San Juan a bordo de un Renault 19 de la remisera La Nueva Central. Fue en ese andar que vio a una chica que esperaba sentada en la parada de micros de la calle Mendoza, entre Mitre e Ignacio de la Roza.
Ella acababa de salir de su trabajo en un conocido café de avenida Libertador. Definitivamente aquella no era la noche de la chica, que primero buscó a un amigo para que la acercara a su casa y éste le respondió que no podía. Luego llamó a un remisero que siempre la llevaba, pero tenía mucha demora. Fue por eso que decidió aguardar en la parada de calle Mendoza para ver si aparecía su remisero amigo. Su mala racha quiso que pasadas la una de la madrugada se detuviera otro remisero en un Renault 19 que le ofreció sus servicios e insistió en trasladarla si iba a camino a Rawson.
Ella lo pensó y preguntó cuánto costaba el viaje. El chofer propuso cobrarle 6 pesos, oferta que la joven no rechazó. Fue así que subió al remis que tomó por Mendoza hacia el sur, sin sospechar siquiera lo que el remisero planeaba. El azar tampoco la ayudó, pues dio la casualidad que la chica recordó que debía pasar a buscar un dinero que le debían y un cd de música a lo de un amigo que trabajaba en un cyber de Rivadavia, entonces pidió al chofer que cambiara de dirección y enfilaron por Circunvalación al Oeste. En el camino, el remisero aprovechó para comprar dos botellas de cerveza con la excusa de que se las habían encargado. Minutos más tarde llegaron al cyber café de Meglioli, cerca de Ignacio de la Roza, y la joven bajó por unos minutos al local. Ahí nomás volvieron a tomar viaje, supuestamente con destino a Rawson.El remisero, en cambio, pidió pasar por la estación de servicio de calle Rastreador Calivar. Fueron a ese lugar y cuando estaban por retomar en dirección al Sur, éste dobló a toda velocidad por Ignacio de la Roza hacía el Oeste como yendo para La Bebida.
La joven preguntó nerviosa a dónde iba, no entendía nada. Ahí nomás él le dio una trompada en el rostro y la zamarreó en el momento en que ella intentó abrir la puerta para arrojarse del vehículo en movimiento. El hombre ya tenía abierta una botella e intentó hacerle beber cerveza a la fuerza, pero como ella se resistió, se la tiró encima. Y continuó pegándole, mientras le decía: ¡¿sos estúpida?! ¿No te das cuenta lo que está pasando? La paliza fue tal que quedó mareada y no se resistió más.
Un camino al horror
El remisero encaró hacia el dique de Ullum hasta desembocar en Playa Hermosa, frente al espejo de agua. Estacionó el auto y ordenó a la muchacha que se desnudara. A cada negativa le daba otro golpe y amenazaba con matarla. Así consiguió violarla de todas las formas dentro del auto. Ella se opuso y alcanzó a rasguñarlo, pero no lo frenó. Lo que vivió esa chica fue una tortura porque minutos más tarde la obligó a bajar del coche y la llevó a la orilla del dique. El muy maldito la agarró del cuello y sumergió su cabeza en el agua varias veces con el propósito de ahogarla. Parecía que el tormento no acababa nunca. El sadismo y la crueldad del sujeto no tuvo límites, pues ella todavía estaba exhausta y de rodilla sin poder sostenerse y aun así él volvió a abusarla salvamente.
Al rato, el hombre llevó a la chica al auto y exigió que se vistiera. En medio de tanto horror, la joven pensó por un instante que por fin todo iba a terminar, pero se equivocó. El delincuente arrancó el auto, partió por la ruta 14 como yendo hacia el Gran San Juan. El viaje no duró mucho. Cerca del badén del Río Seco, frenó el coche y lo estacionó en una huella. Otra vez la obligó a descender y la llevó empujando hasta detrás de una loma. En ese lugar, él sacó un destornillador que cargaba y empezó a darle puntazos en el cuello, en el pecho y el abdomen. Su intención era asesinarla. La dejó tendida y toda bañada en sangre, pero respiraba y se quejaba. El la quería muerta, entonces tomó una piedra con una de sus manos y con total alevosía le pegó un par de veces en la cabeza para liquidarla. En un rapto de conciencia, la chica dejó de balbucear y fingió estar muerta imaginando que así el hombrela dejaría en paz. Y así fue. El remisero regresó a su auto, sacó la cartera de la muchacha y le robó el celular. Después lanzó la cartera bien lejos y emprendió la fuga en su coche.
La chica permaneció casi moribunda, librada a su suerte en la oscuridad de la noche. Es más, perdió el conocimiento y pasó varias horas inconsciente hasta que reaccionó cuando los destellos del sol la despertaron. Ella recobró fuerzas de donde no tenía y sabiendo que no podía dejarse morir, se arrastró por la tierra y llegó a una orilla de la ruta. No se sabe cuánto tiempo estuvo allí.
Volver a vivir
Eran las 8 de la mañana del 9 de enero de 2007 cuando dos ciclistas vieron a la muchacha tirada, con su cabeza apoyada sobre el pavimento de la ruta y su cuerpo cruzado en la banquina. Su estado era calamitoso, pero respiraba. Estaba irreconocible por los hematomas en el rostro y los ojos, la cabeza llena de sangre, al igual que el resto de su cuerpo masacrado a puntazos. No tardaron en llegar los policías de la Seccional 15ta y una ambulancia que la trasladó de urgencia al Hospital Guillermo Rawson.
Ella igual no perdió la conciencia y relató su terrible odisea. Con palabras entrecortadas, pero firme logró contar paso a paso lo ocurrido, describió al remis, nombró la empresa a la que pertenecía y mencionó que el atacante era un tal Sergio. Es que él se había presentado con ese nombre. También dijo que era alto, delgado, morocho, de ojos algo rasgados, de pelo corto como tienen los policías y de no más de 30 años.
Esa mañana, los médicos debieron operarla de urgencia a raíz de la hemorragia interna y las graves heridas en el abdomen. Su vida corría serio riesgo, explicaron. A todo eso, los policías de Homicidios y de la Seccional 15ta salieron a tratar de ubicar al remisero. Contaban con buenos datos, de modo que fueron a la remisera y pidieron la lista de choferes que habían trabajado en la noche, en especial de los que tuvieran un Renault 19. El dueño de la remisera no quería problemas, así que señaló que el único que manejaba un coche así era Sergio “El Coreano” Núñez y el auto pertenecía a un señor de apellido Riveros. Los investigadores se dirigieron a la casa de éste último, en Rawson. Esa persona desconocía lo que había pasado y llamó por teléfono a Núñez para invitarlo a que viniera de inmediato a su casa. Obvio, no le comentó el motivo. Cuando el remisero llegó, los policías lo esposaron y lo llevaron a la Central de Policía. Un dato que no pasó desapercibido fue que mostraba rasguños en el pecho y el rostro. Además secuestraron el remis, que se constató tenía manchas de sangre en el interior. Más tarde allanaron su casa en calle Quiroz, en Villa Krause. Ahí encontraron escondido el celular robado a la víctima.
Sergio Rolando Núñez Sánchez, de 29 años, fue llevado a juicio en octubre de 2009 en la Sala I de la Cámara Penal y Correccional. Lo más conmovedor de ese debate fue escuchar el desgarrador testimonio de la joven frente a los jueces Arturo Velert Frau, Diego Román Molina y Raúl José Iglesias. La chica estaba destruida, no había vuelto a ser la misma desde aquel día del ataque y tuvo intentos de suicidios.
El acusado, por el contrario, apeló a hacerse el desmemoriado y esbozó la versión de que era una especie de amante de la víctima. Argumentó que se embriagaron juntos y tuvieron sexo, que luego discutieron porque ella amenazó con contar a su mujer sobre su romance con el objetivo de que perdiera a sus hijos. Según él, eso lo puso furioso y por eso la golpeó, pero no recuerda el resto. Su mentira se cayó a pedazos por el peso de las pruebas. Además, un informe psicológico indicó que “El Coreano” Núñez tenía una personalidad antisocial, impulsiva, con rasgos de perversidad y peligrosa.
El tribunal lo condenó por los delitos deabuso sexual gravemente ultrajante con acceso carnal calificado por el resultado, tentativa de homicidio doblemente agravado y robo agravado, conjugados todos ellos entre sí por las reglas de concurso real, y lo sentenció a cumplir la pena de 36 años de cárcel.
Desde entonces, “El Coreano” Núñez permanece en el penal de Chimbas. Goza de buen comportamiento, pero tiene mucho tiempo para estar ahí. Su condena se cumple en enero de 2043, aunque podría acceder a las salidas transitorias en 2025.