Después de que se conociera que el juez que investigó el caso de la niña violada y embarazada que fue sometida a un aborto legal procesara con prisión preventiva al padrastro por abuso sexual gravemente ultrajante y sobreseyera a la madre de la menor, sospechada de complicidad, se conocieron detalles sobre el accionar del personal docente de la escuela a la que la nena asistía, que descubrió el horror.
Una maestra y una enfermera le salvaron la vida a la niña violada y embarazada que abortó
A lo largo del procesamiento, el mismo Benito Ortíz fue quien destacó la participación de la docente y directora de la Escuela Cristobal Colón del Cristo Pobre, quien se alertó sobre la situación y llevó a la alumna a la salita sanitaria que está situada al lado del establecimiento educativo, donde allí una enfermera le realizó el test de embarazo.
Según la investigación realizada, la maestra de la nena abusada notó que las conductas no eran normales como la del resto de sus estudiantes, ya que además de que hacía calor y la veía usar una campera grande de corderoy y corderito, en los recreos no salía a jugar con sus compañeros y de hecho parecía tener el menor contacto posible con sus pares.
Esta actitud retraída llevó a la docente a comentarlo con sus colegas que reforzaron las sospechas sobre que algo ocultaba y que podría tratarse de un embarazo. Fue entonces que la maestra aprovechó la clase de gimnasia que el curso de la niña tenía para llevarla al centro de salud con la excusa de que le vieran los ojos, pues antes había dicho que le ardía la vista.
Una vez en ese lugar, por señas le advirtió de sus sospechas a la enfermera que allí se encontraba por la prominente panza que la menor tenía. Ante la consulta de las adultas, la pequeña se cubrió el vientre y dijo que le dolía porque tenía gases. Intentaron auscultarle los latidos pero la niña se puso nerviosa y le quitó las manos de la panza. Cuando la menor tuvo deseos de orinar, la enfermera la acompañó al baño con un Eva Test, que a los pocos minutos dio positivo y confirmó lo que se temían.
Frente a esta situación, la docente y la enfermera le preguntaron si había sufrido un abuso y después de ello la menor se quebró y confesó. La pequeña sostuvo que no quería que metieran preso a su padrastro porque si no, no comían y además comentó que no le contaba nada a su madre porque tenía miedo que no le creyera.
Tras los hechos que se desencadenaron, la directora llamó a la policía y en el móvil de la fuerza de seguridad las llevaron directo al Centro ANIVI para radicar la denuncia e iniciar el proceso judicial que culminó su primera etapa, la de instrucción tras el dictado del juez de prisión preventiva.
Como denunciante de la situación, el rol de la mujer -cuyos datos personales no serán publicados para no comprometerla- resultó primordial para el proceso de instrucción que ejecutó el magistrado. Sobre el testimonio que ofreció, junto al de la profesional de la salud, fue fundamental por lo que pronunció: "Fueron quienes descubrieron el estado de embarazo de la menor y el posterior develamiento del secreto que la niña guardaba. El compromiso con la tarea de la docente fue lo que lo permitió".
Es que de no haber sido por la docente, por el desconocimiento que la madre de la menor tenía, tal vez el embarazo hubiera sido descubierto cuando este estuviera más avanzado. Informes psicológicos sustentaron la versión de la progenitora que aseguró no saber qué pasaba con su hija y que junto a su hija más chica, las tres sufrían violencia por parte del acusado identificado con el apellido Castillo.
Considerada como una niña que no sonería y nunca se mostraba feliz, después del traumático episodio que atravesó, cambió de forma radical, según apuntaron informes psicológicos de especialistas que acompañaron a la menor antes, durante y después de la intervención quirúrgica.