Por Florencia García
Un año sin Leila: las huellas del dolor y la vida después de la pérdida
Una mirada perdida por el movimiento involuntario de los ojos húmedos acompaña un respiro profundo que interrumpe el habla. La pausa se extiende a los labios que se fruncen para aguantar el llanto. Mueve la cabeza en negativa al no encontrar palabras suficientes para describir la angustia. Toma coraje, se acomoda y explica: “Mi hija lo amó tanto que le costó la vida”.
El 27 de junio de 2018 Paula Morales recibió una noticia que convirtió su peor tormento en una realidad. Le informaron que el cuerpo de su hija a la que buscada desde hace algunas horas, Leila Rodríguez de 24 años, había sido encontrado sin vida en un descampado, a pocos metros de su casa.
Paula viste toda de negro, sentada con el mate en el comedor de su nueva casa, la que debió elegir para reconstruir su vida y la de su familia.
Dejó Ullum, el lugar donde formó su familia, cuatro meses después del femicidio de su hija. “
Nos sentíamos observados, señalados y nos encontrábamos todo el tiempo con los padres del asesino de mi hija. No quería que mi nieta- Ambar (4) hija de Leila- crezca siendo señalada. Además, desde la puerta de casa se veía el lugar donde encontramos sin vida a Leila”, dice mientras rompe en llanto.
Si bien el dolor de la pérdida de su hija es indeleble, busca resignificarlo mediante el acompañamiento a otras madres y la concientización y prevención de la violencia contra las mujeres. La Zumba, su otro cable a tierra.
“Muchos me criticaron por bailar. Me decían que no me dolía la muerte de mi hija. Mi nieta no tiene mamá porque su papá la mató. ¿Qué quieren? ¿Qué también tenga una abuela depresiva?”, comenta.
Después de años de vigilia y un incesante pedido de Justicia por el crimen de su hija que aún continúa impune, Paula no disimula su indignación.
“Si le dan dos años es poco, si le dan diez es poco. Así le den perpetua va a ser poco. La perpetua la tenemos nosotros, los padres”.
Ante la consulta sobre el rol abuela y madre de Ámbar, el ambiente se transforma. Se percibe felicidad y distención en el ánimo de sus respuestas y los ojos adormecidos se encienden conmovidos en el entusiasmo de aferrarse al amor de su nieta para salir adelante.
“Tiene cuatro años pero es súper madura. Sabe todo, pero ella, mis otras nietas e hijas son las que me sacan adelante. No me dejan caer”.
Mientras conversa con Tiempo de San Juan, sostiene y acaricia un retrato sonriente de su hija. "Es la única forma de abrazar a mi hija que tengo".
El caso:
Leila Rodríguez, en ese entonces mamá de una nena de tres años, salió de su casa por la noche del martes 26 de junio de 2018, sin avisar dónde iba. Salió esa noche y nunca más volvió. Fue encontrada sin vida al otro día, en un descampado cerca de su casa.
Todo llevaba a Esteban Gabriel “Wilo” Pacheco. Era la única persona que estaba enemistado con Leila. Había sido su novio durante 7 años, era padre de su hija de 3 años y también había vivido con ella por algunos meses, entre fines de 2017 y principio de 2018. La relación se rompió y ambos terminaron muy peleados. Ella le inició acciones legales por la mantención de la nena, dado que no le pasaba dinero. Igual mantenían contacto y se veían por la hija en común, pero el joven no se resignaba a perder a Leila e insistía en reconquistarla, eso aparentemente lo llevó a cometer el crimen.
Para el fiscal Rodríguez quedó acreditado que “Wilo” Pacheco envió decenas de mensajes a Leila, los cuales ella contestó. También que hubo una llamada telefónica la noche del 26 de junio de 2018. Que en esa charla la citó. La chica dejó a su nena al cuidado de su hermana y su madre en su casa, en el Lote Hogar 55, Ullum. Y que cerca de las 22.30 salió diciendo “voy y vuelvo rápido”. Nadie lo sabía, pero fue a encontrarse con su ex novio. En el camino atravesó un descampado cercano a su barrio y ahí fue sorprendida por el joven, que la golpeó y la atacó a cuchillazos: dos puntazos fueron en la espalda y otros dos en el pecho, uno de los cuales le causó la muerte. Según el forense, el deceso de la chica se produjo en las primeras horas del 27 de junio. Su cuerpo quedó dentro de una cuneta frente a la calle Hermógenes Ruiz y el homicida lo cubrió con algunas ramas y hojas para ocultarlo. Él escapó en medio de la noche sin que nadie lo viera. Al otro día fue a trabajar con total normalidad; eso sí, se tapó el rostro con un gorro y una cuellera, todo para que sus compañeros no le notaran los arañazos.
Para ese entonces, los familiares de Leila la ya echaban de menos. Es que no había regresado. La hermana de la ahora fallecida llamó a “Wilo” para preguntarle si había estado con la joven, pero éste se negó. Ahí preparó su coartada: borró todos los mensajes y los llamados que hizo a la víctima y a su vez envió otros mensajes a su celular como para dejar sentado que no sabía de su desaparición.
Tras el hallazgo del cuerpo de Leila, la tarde del 27 de junio de 2018, todas miradas apuntaron contra “Wilo” Pacheco. La madrugada del día siguiente lo detuvieron en su casa del barrio Lago de Ullum y desde entonces quedó detenido.
Lo último:
El fiscal de instrucción Carlos Rodríguez pidió que den por cerrada la investigación y solicitó al juez que eleve la causa a juicio contra el único acusado, Esteban Gabriel “Wilo” Pacheco. El ex novio de la chica está procesado y preso en el penal de Chimbas por el presunto delito de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por violencia de género por el asesinato a cuchillazos de la joven madre de 23 años, en Ullum.
De ser llevado a juicio y en caso de salir condenado, el joven de 26 años podría recibir una condena de reclusión perpetua.