Luego del homicidio de José Luis Alé Maldonado dentro del Servicio Penitenciario, la causa que es investigada por el Tercer Juzgado de Instrucción, a cargo del juez Guillermo Adárvez, dio sus primeros pasos con el secuestro de teléfonos celulares que son peritados por especialistas y el resultado que se obtendrá podría ser determinante.
Preso asesinado en la cárcel: con cuatro sospechosos, la pericia a celulares será clave
Quienes están comprometidos son al menos cuatro reos, sospechados de haber participado en el crimen a sangre fría del hombre de 33 años y padre de dos niños, con el que compartían el mismo pabellón dentro del Penal de Chimbas.
Con los aparatos telefónicos a disposición de la Justicia y con la identificación de presuntos homicidas, pues se estima que el muchacho de gran porte físico fue asfixiado por más de dos personas, después de atacarlo con un elemento contundente, el magistrado que instruye en la causa iniciará con las indagatorias.
A partir de la decisión de Adárvez, comenzarán a marchar por los pasillos de Tribunales los principales sospechosos que se verán cara a cara con el juez y darán su versión de los hechos. Con mayores precisiones será posible aclarar de una vez por todas quizás el mayor de los interrogantes en el caso: el móvil.
¿Por qué lo asesinaron?; ¿tenía enemigos?; ¿saldaron cuentas pendientes?; ¿le tenían envidia por pertenecer a otra clase social?. Esas y más son preguntas sin resolver y que la familia de la víctima lucha para encontrar respuestas.
Alé Maldonado cumplía una condena de 13 años de prisión por matar de un cuchillazo a su cuñado y, a poco de gozar de las salidas transitorias, fue atacado salvajemente y su muerte fue disfrazada de un suicidio hasta que su propia familia, mientras lo velaba, descubrió que había sido asesinado, acorde al relato de la misma.
La causa había ingresado al Quinto Juzgado Correccional, en un principio, como presunto suicidio pero cuando el juez Matías Perrón recibió el informe de la autopsia, el caso pasó a mano del juzgado de instrucción ya que las evidencias en el cuerpo mostraban que no había sido un suicidio.
En medio de ese papeleo, la familia realizó el velorio y a partir de ello se desencadenaron los hechos. Según explican fuentes oficiales, cuando llegó el perito tucumano de parte no hizo falta intervenir nuevamente el cadáver. Con un simple vistazo y en base al informe original, el médico forense avaló la autopsia y entonces el caso comenzó a ser investigado como un homicidio.