María tuvo a su padre hasta los tres años. Fue el 12 de febrero de 1977, cuando Carlos Andrada, de 26 años, desapareció en la esquina de Gerónimo Espejo y Godoy Cruz, en Santa Lucía, donde hoy está el barrio Camilo Rojo, en Santa Lucía.
Carlos Andrada era militante justicialista en la Juventud Trabajadora Peronista. Trabajó en la sección Vacunación de Animales de Salud Pública. Estaba en pareja con Irene A. y tuvieron dos hijos: María., la madre de los tres niños abusados, y Carlos Gustavo, quien tenía 2 años cuando desapareció su padre. Ése niño murió por una pulmonía, cuando su madre vivía en la pobreza y haciéndolo atender en los hospitales con nombre falso por miedo a que los represores la detuvieran o se lo quitaran.
La desaparición de Carlos Andrada aún está impune: “Desapareció un día domingo. Él sabía que lo estaban siguiendo y me dijo que le quedaba poco tiempo. Yo declaré esto en el ´83, pero nunca más supe nada de mi compañero, el padre de mi hija que ahora valientemente está afrontando este drama”, dijo Irene.
Respecto de la polémica decisión de la Corte, Irene –quien es diputada nacional suplente en el Frente para la Victoria- dijo que “esta Corte de Justicia hubiera sido muy elegante para la última dictadura. Siempre juzgué los atropellos policiales. Pero hoy la Corte violó los derechos de mis nietos y abusaron de nuevo de mis nietos”.
La madre de los niños, hija de un desaparecido
El dolor parece estar ensañada con María Angélica Andrada: su padre es un sanjuanino que desapareció en manos de la última dictadura militar.
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