La injusticia de Brizuela, en carne y hueso
Estar preso 3 años y 2 meses por error la cambió la vida para siempre al puntano, electricista y músico cuartetero. Fue condenado a 16 años de prisión por el abuso sexual de su hija, lo que era una mentira confesa.
Por Gustavo Martínez Puga
Junto a la Defensora Oficial N°2, Mónica Sefair, quien llevó el caso ante la Corte y logró el histórico fallo, Brizuela confesó cuál fue su primera reacción: “Lo primero que hice fue llorar, en la misma Corte. Yo creía que me habían citado para bajarme la pena, pero no para darme la libertad”.
Esa misma noche del martes 10 de septiembre último, Brizuela fue liberado en la cárcel de Chimbas: “Me estaban esperando mis hermanos y mi madre. La primera noche no pude dormir. Me desperté sobresaltado. Mi madre iba a mi habitación y me preguntaba por qué lloraba cuando dormía. Le conté todo lo que he vivido, lo que he visto todos estos días”.
Vivir la cárcel
Vivir un día en el Penal de Chimbas no es fácil. Así lo relata Brizuela: “Lamentablemente es muy incierto. Se puede estar muy tranquilo y al ratito ya todo puede ser muy distinto. A mí siempre me respetaron, pero ahí adentro existe la Ley de la Jungla: sobrevive el más fuerte. Hablando vulgarmente, todos tienen que pagar su derecho a piso. Lo peor que le puede pasar a un ser humano es el Penal. Es el infierno aquí en la tierra”.
En su primer día fuera de la cárcel, Brizuela fue a visitar a la Defensora Oficial para ver los pasos a seguir. Ese choque con el mundo exterior le impactó: “Todavía no lo puedo creer, de hecho todavía me da vergüenza mirar a la gente en la calle. Mi familia es humilde pero con alto respeto moral”.
Brizuela dice que ya nunca su vida volverá a ser lo que era antes. Pero que no sólo a él le afectó lo vivido, sino a toda su familia: “Con esto han destruido totalmente la vida de mis hijos. Mi pareja actual, con la que llevo 17 años y tengo siete hijos, se tuvo que ir a La Rioja, porque a los hicos los molestaban diciéndole cosas sobre mí. Los cambiaron de escuela, pero todo siguió igual. Se deprimieron y se enfermaron. El más chico hoy tiene 6 años y la más grande 16”.
El puntano, quien se ganaba la vida como electricista, tiene otros tres hijos con su primera pareja. La más grande de ellos fue quien lo denunció penalmente. Incluso, en la etapa de instrucción, otra de las hijas sumó otra acusación por abuso. Sin embargo, el puntano dice no guardarles rencor: “Lamentablemente nunca nadie tomó muy en cuenta que mi hija está enferma. Y de hecho hay un informe psicológico que así lo dice y nadie lo tomó en cuenta. No la culpo a ella ni a la madre, que hizo lo que habría hecho cualquier madre: tomó la decisión de denunciarme directamente. Ellas son una víctima más”.
En estas primeras horas, Brizuela intentó hacer alguna de sus actividades normales: “Hoy por hoy estoy como un niño que me tienen que llevar y traer. Ni siquiera me animo a conducir, con eso le digo todo. Ayer –por el miércoles- me junto con unos ex compañeros de grupo, soy músico, toco el teclado y el bajo, pero no pude tocar nada. Estoy bloqueado mentalmente”. Brizuela es un apasionado por el cuarteto y en Las Casuarinas, 25 de Mayo, tenía un grupo que se llamaba Los Diamantes, al que intentarán reflotar.
El proceso
El 7 de julio del 2010 Brizuela quedó detenido, por su propia voluntad, después de que la policía lo fue a buscar a su casa de 25 de Mayo. Él estaba en San Luis y telefónicamente se enteró de que lo acusaban de violar a su propia hija. Lejos de huir, Brizuela viajó a San Juan y se entregó, con la tranquilidad de ser inocente y la confianza de que todo iba a salir bien.
Pero la Justicia sanjuanina fue exageradamente lenta en confirmar su inocencia. Recién el 5 de abril de este año le hicieron el juicio, donde lo encontraron culpable por un delito aberrante: la violación de su propia hija. Le dieron 16 años de prisión. Pero el martes último, la Corte de Justicia dijo que todo era una farsa: en primer lugar, porque de haber existido delito, debió investigarse en San Luis, que habría sido donde se cometió, según la denuncia de la hija y de la ex pareja de Brizuela. Pero, para colmo, la misma víctima y su madre dijeron en el juicio que todo había sido una mentira para separar al puntano de su actual pareja.
Tres años y dos meses después, libertad inmediata para el puntano y apercibimiento para todos: para el fiscal de primera instancia, Daniel Guillén; para la jueza de instrucción María Inés Rosselot; para la fiscal de cámara Alicia Esquivel y para el tribunal de la Sala II de la Cámara Penal que lo condenó, Juan Carlos Peluc, Ernesto Kerman y José A. Vega.
Un escándalo pocas veces visto en Tribunales. Con una víctima que lo padeció en carne y hueso y con consecuencias millonarias para todos los sanjuaninos: Brizuela ya tiene decidido demandar al Estado provincial por los daños y perjuicios que le provocaron. Con el fallo de la Corte, en Tribunales dicen que es prácticamente un trámite iniciar esa demanda civil.
De todas maneras, Carlos Brizuela está intentando salir adelante después de estos tres años, a los que define como “el peor infierno de mi vida, lo peor que me pudo pasar”.
Textual
“De la defensora Mónica Sefair no tengo palabras para agradecerle. De hecho, sinceramente, personas como ellas muy pocas quedan. Le estoy eternamente agradecido. Si no fuese por ella, yo estaría detenido y cumpliendo una condena de 16 años”.
Carlos Brizuela.
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