La muerte de Ariel: ¿Por qué?
Por Gustavo Martínez Puga
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com
La pregunta: ¿Por qué? Ese es el gran misterio alrededor de la muerte de Ariel Facundo Tapia, después de que su cadáver apareciera en el interior de una heladera abandonada a los pies de su casa, en la Villa Angelita, Santa Lucía, al quinto día de su desaparición.
La certeza: Todo su entorno está bajo sospecha por el trágico final. El novio de la madre, la madre, el hermano mayor y el vecino, quienes estaban demorados hasta el cierre de esta edición.
Esta última afirmación se desprende de lo investigado por la división Homicidios y el juez Benito Ortíz, del Primero de Instrucción. Además, desde un primer momento el entorno estuvo bajo sospecha: No había ningún motivo a la vista por el que Ariel escapara de su hogar, horas antes de su cumpleaños –despareció el sábado a la noche y cumplía años el lunes-. Y porque era un niño que pasaba muchas horas en la calle y sabía perfectamente movilizarse por sus propios medios, pedir ayuda, conocía familiares a los que acudir si lo necesitaba.
Alegre, buscavidas –solía vender juguitos congelados para hacerse unos pesos-, conocía su barrio como la palma de su mano y casi a diario saltaba esas paredes divisorias de pre moldeado que separaban el fondo de su casa del predio en el que estaba la vieja heladera, donde Ariel iba a jugar a la pelota con otros niños.
Por eso a los investigadores y a los vecinos les cuesta mucho creer que el niño haya sido víctima de un accidente al quedar atrapado en el interior de esa heladera, cuya manija trababa la puerta desde afuera y no permite que se pueda abrir desde adentro, según confirmaron desde el juzgado que dirige Ortiz.
Además, es ilógico creer que el niño se haya metido por su propia voluntad en el interior del viejo aparato, si se tiene en cuenta que desapareció el sábado en la tarde/noche, cuando la temperatura era elevada y era aún peor en ese desértico depósito en el cual la heladera estaba al rayo del sol.
Además, Ariel estaba con un pantalón corto, sin la remera con la que lo habían visto salir de su casa el sábado a la noche. Y una de sus zapatillas estaba en el congelador de la heladera y la otra entre sus piernas, por lo que cuesta creen que él mismo se las hubiera sacado y las hubiera puesto de esa forma.
Este contexto y el hallazgo del cadáver de Ariel en avanzado estado de descomposición despiertan un mundo de incertidumbres que alimentan la gran duda de este caso que conmocionó a toda la Provincia ¿Por qué?
Su mamá, Alejandra Silva (34), su novio, Franco Sifuentes (21), su hijo mayor, Ezequiel (18) y un vecino de apellido Gordillo –quien vivía a dos lotes de la casa de Ariel-, están bajo sospecha. Al cierre de la edición estaban arrestados y el juez Ortiz tenía previsto tomarles declaración.
Ya el martes el caso empezó a señalar ese entorno. En un principio la desaparición de Ariel fue investigada por la justicia de Menores. Después, por pedido de la asesora de Menores Patricia Sirera, saltó al Tercer Juzgado Correccional, donde el caso dejó de ser un abandono de hogar para ser investigado como un “ocultamiento de información del paradero de un menor de 15 años”. Los investigadores ya suponían que ese entorno sabía más de lo que decía. Pero la aparición del cadáver en el interior de una heladera abandonada, a los pies de la casa del niño, hizo saltar el caso un escalón más grave: pasó al Primer Juzgado de Instrucción como un presunto homicidio.
Hipótesis
Al cierre de la edición, fuentes del juzgado de Ortiz dieron una sola precisión a Tiempo de San Juan: el cadáver de Ariel no tenía ningún proyectil en su interior. Así se desprendió de la placa radiográfica que le hicieron al cadáver. Pero ese era sólo un dato: con la autopsia se va a saber cómo y por qué murió Ariel; si fue víctima de una herida o un golpe mortal; si fue víctima de algún tipo de abuso sexual y cuánto tiempo antes del hallazgo llevaba muerto.
Oficialmente los investigadores no se inclinaban por ninguna hipótesis en particular hasta no tener la autopsia. Por eso el juez Ortiz pidió que no esperaran las 48 horas de frío que necesitaban los forenses sobre el cadáver para estudiarlo. Y empezaron a realizar su trabajo a las 24 horas del hallazgo.
Mientras pasaban esas horas y esperaban esos resultados, los pesquisas le tomaron declaración y quedaron demoradas cuatro personas: el vecino de apellido Gordillo, porque fue el último que lo vio con vida a Ariel, el sábado a la noche, cuando en su casa no estaban su esposa y sus hijos. En su casa había rastros que serían de sangre. La policía le secuestró computadoras y otros elementos, después de que la perra Abril de la sección Canes condujera a los investigadores hasta esa casa.
Mientras que la madre, su novio y su hijo mayor estaban demorados porque los investigadores están seguros que saben más de lo dijeron. Hay motivos. Por ejemplo, la madre, Alejandra Silva, dijo en un primer momento que ella había estado trabajando en un hotel alojamiento cuando Ariel salió de su casa, el sábado a la noche. Pero después la policía informó que en su declaración dijo que se había ido a ver a Sabroso. Por eso es que ella se da cuenta a las 5 de la mañana del domingo que su hijo no estaba en su casa y es cuando da aviso a la Seccional 29.
Por otra parte, los investigadores siempre tuvieron entre ojos a la relación de Alejandra Silva y su novio, Franco Sifuentes, quien tiene prácticamente la edad de su hijo mayor. Los vecinos dicen que Ariel no simpatizaba con ese sujeto. Y los vecinos de la Villa Angelita lo vinculan con personajes de mala reputación en ese vecindario.
Por eso muchos investigadores policiales entienden que el cadáver de Ariel en la heladera, a 50 metros de los pies de la casa, fue un mensaje mafioso para la familia o alguna persona muy cercana a ella.
Pero todas estas son hipótesis oficiales que no dejan de alimentar la gran incertidumbre que hay alrededor del trágico final que tuvo Ariel Tapia, un niño querido por todos en la Villa Angelita, con excelentes notas en la escuela, y que no llegó a ser abanderado este año por su inquieta forma de ser.
¿Se investigó bien?
La investigación del caso de Ariel Tapia también quedó bajo sospecha. En un principio, los mismos policías decían que hubo un “instructor inexperto en la Seccional 29 que no hizo las preguntas correctas a la madre y a su novio” cuando fueron a realizar la denuncia, el domingo a la madrugada.
Este fue uno de los motivos por el que sacaron la instrucción policial a la Seccional 29 y la pasaron a la Central de Policía cuando se hizo cargo el Tercer Juzgado Correccional. Además de que allí tenían más medios para investigar.
La otra gran duda es por qué la Seccional 29 y la Infantería no recorrieron desde un primer momento el depósito ubicado a los pies de la casa de Ariel, donde finalmente estaba el cadáver.
Finalmente, la otra gran duda alrededor del caso es cómo llegó el jueves a la tarde el personal de la Seccional 29 a la heladera. Primero dijeron que era por un vecino, después por un llamado telefónico y extraoficialmente llegaron a decir que fue un cura de la Medalla Milagrosa que se enteró del crimen por una confesión, lo que fue negado rotundamente por sacerdotes de este templo.