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domingo 5 de abril de 2026

Opinión

¿Milei sin candidatos en San Juan? El entramado de una carambola que puede impactar al oficialismo

Un alto dignatario del jefe de la peluca dejó dos mensajes intranquilizadores. Si no hay uno de ellos en la grilla de partida sanjuanina, los posibles efectos comprenden a todos. Sin excepción. Por Sebastián Saharrea
Por Sebastián Saharrea

Carlos Kikuchi es un recordado periodista cercano a Domingo Cavallo en los 90 que encontró ahora la manera de reverdecer su recuerdo acomodándose como armador y vocero principal de Javier Milei. Sobre quien a esta altura no hace falta aclarar quién es.

Pasó Kikuchi velozmente el fin de semana largo por San Juan y pegó un sacudón al hasta acá tranquilo tablero local. Apurado al principio por acomodarse al amparo de la nueva figura del universo político (con perdón del término) nacional, preocupado ahora por decodificar los nuevos preceptos del flamante evangelio que no tiene pinta de abrir demasiado el debate sobre su aplicación.

Kikuchi acaba de ser claro en su vuelo rasante por Cuyo: no se adaptará la estrategia nacional de la figura irrumpiente a la lógica particular de cada distrito y sus referentes provinciales, sino al revés. Al que le guste, bien, y al que no, a arrodillarse en otro templo.

Implica eso que las condiciones serán impuestas por el cuartel central, y no viceversa. Esas condiciones son, como lo relató Kikuchi a sus huéspedes sanjuaninos el viernes del día feriado de paso para Mendoza, las siguientes: Primero, que no habrá unión de toda la oferta opositora, en los lugares conducidos por el peronismo, como la Nación y San Juan, porque harán jugar la bolilla negra contra lo que consideran izquierdistas según su particular punto de vista; y segundo, que no jugarán en ningún lugar a perdedor sacando a la cancha a algún postulante que muerda el polvo por mucho y facilite un esmerilado gratuito a Milei bajo título de perdedor en los portales. Metralla ésta, la de los medios y redes, que es la que más interesa al libertario en su desesperado afán de asociarse a imágenes disruptivas, cualquieras sean.

Manual para incautos: nadie vaya a pensar que cuando el vocero de Milei o el propio Javier señalan con el dedo a pecadores de izquierda apunta a Del Caño o Bregman, ni siquiera a versiones socialistas que lo más parecido que pueden mostrar es un trapo rojo. No, para nada: lo son, según su particular interpretación, todos desde Larreta hacia la izquierda –incluyendo al alcalde- pasando por la UCR completa –sin distinguir entre Negri o Moreau-, la Coalición Cívica, y siguen las firmas.

En San Juan –como en la Nación- todas esas interpretaciones rotuladas sin piedad por Milei como socializantes, conforman el bloque de oposición: hay radicales, bloquistas dispersos, actualistas ex UCR, lilitos, y hasta tal vez el senador Roberto Basualdo puede atravesar ese desfiladero como presunto émulo del Che Guevara.

Milei participó el mes pasado en el Lolapalooza global de los partidos afines, varios de ellos filonazis como el español Vox y con la nueva figura consular del espacio, la premier italiana Giorgia Meloni. Allí le quedó claro que el negocio está en acentuar, no diluír: les va bien a los que lo hacen sin transpirar. Y Javier se encarga de todo lo demás: la peluca y los trajecitos de Batman para dar outsider, y una calificación sin concesiones.

Así, difícil unir. Más bien, jugar a la separación. Lo admiten bajo cuerda su gente cercana: les va cada vez mejor cuando se muestran alejados de cualquier dirigente con algún antepasado con la política. Salvo que esos dirigentes sean Macri o Patricia, los únicos a los que se cuida de no pecar con un desaire.

Pero lo más potente que dijo Kikuchi en su vuelo a Cuyo no fue esa apuesta al purismo que se viene orejeando, sino que no pelearán en los distritos en los que no vean chances claras. Y puso una vara con medidas y todo: la colocó en 10 puntos porcentuales para comenzar a charlar sobre si bendecirán a algún candidato en una ciudad o provincia con la marca de la peluca.

Eso sí que es una novedad que traerá consecuencias, adentro de la oposición y también afuera. Porque con ese tono, llegará seguramente el momento que la jefatura nacional no considere alcanzada la garantía de piso del 10% y algún admirador provincial suyo entienda que sí. Con la dificultosa resolución que eso implica.

Pero también consecuencias en la mirada general, en el modo de migrar que tiene el voto y que puede derivar en efectos impensados. En especial hacia el oficialismo, para quien no será irrelevante que concurse o no en San Juan alguno con el perfil neto de la escudería de la peluca.

Cualquier abordaje profesional con data completa de los flujos migratorios provinciales en las últimas décadas dará por descontado que para el oficialismo local hay dos requisitos imperiosos para presentarse con mayores chances a las elecciones del año que viene: una fuerza de centroizquierda por dentro que evite dispersiones hacia afuera y le sume (aprovechando la ley de lemas, al 100%) y una fuerza ultraconservadora que le quite gas a lo que tiene enfrente como oposición.

Se verificó en el último turno electoral el año pasado: la izquierda le resta al PJ si no es contenida por adentro (en el 2022 alcanzó el inédito margen de 8%) y la oposición se divide entre opciones más conservadoras (Consenso Ischigualasto cosechó 8% que mayoritariamente le sacó a Orrego). Si apareciese una formula recostada aún más a la derecha, no es una deducción difícil de obtener que esos votos serán restados también a Orrego y a sus pretensiones de ganar. Si es que no arreglan ir juntos, como a todas vistas se plantea dificultoso.

Por eso la aparición de una candidatura potente apadrinada frontalmente por la peluca debe ser de especial interés para el cuartel del oficialismo cuando se pongan a diseñar estrategias y pase el tiempo de las obviedades. Una que tenga un candidato fuerte, de estilo irreverente, hasta salvaje. Que sintonice con los espíritus libertarios sueltos y dispuestos a cambiar de marca. Y que, nueva obviedad a subrayar, que cuente con el concurso del jefe de la peluca. No será lo mismo con él que sin él.

A partir de esos tópicos relatados por Kikuchi, pueden pasar más cosas. Una de ellas, que el jefe libertario se plante al entender que no hay garantías de piso del 10% entre sus escuderos sanjuaninos y prefiera personalmente pasar el turno para no aparecer perdedor en la que realmente le importa: la presidencial, varios meses más tarde. Y que, a la vez, alguno de quienes le sostienen la vela en la provincia consideren que sí lo están, como el caso de ADN. Entonces podrán acordar ir separados en la provincia para juntarse luego.

En ese caso, el efecto asoma en el campo de juego electoral como intermedio: una eventual tercera fuerza como ADN puede aspirar votos de Juntos para el Cambio, seguramente no los mismos que si la comanda el jefe de la peluca con incursiones personales incluidas. Y pueden no resultar suficientes para que el actual oficialismo les pase por el medio.

Puras especulaciones, es cierto. Igual, con la lógica suficiente como para asumir que, si hay algo para hacer, deberá ser iniciado ahora. Abrir el paraguas antes que llueva.

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