miércoles 1 de abril 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Opinión

Leo Fariña, ¿genio precoz o un pelotudo?

A los 26, enamoró y desposó a la doncella más linda de la aldea –la bella Karina Olga-, le vendió carne podrida –eso dice- al comunicólogo más temido, y tiene al país en su mano. ¿Típico tilingo de farándula o hábil prestidigitador? Pasen y vean al nuevo gran enigma argentino. Por Sebastián Saharrea

Por Redacción Tiempo de San Juan

Hay una brillante película llamada "Los sospechosos de siempre" en la que un descollante Kevin Spacey interpreta al sobreviviente de una batida por drogas en un puerto que terminó en masacre. Rengo y claramente atolondrado, el personaje relata su historia ante un investigador del FBI, y cita nombres: Kayse Soze, Kobayashi... Ya cansado y seguro de estar ante un 4 de copas, el sabueso lo larga, mientras la cámara hace un paneo por los nombres de las cerámicas de la sala de interrogatorio, donde aparecen todos los apellidos lanzados por el testigo. Cuando se dio cuenta, el rengo ya se había ido.

Algo de eso hay en el raid de Leonardo Fariña por todos los medios: entró como el hombre al que todos querían escuchar después de la denuncia de Lanata y se fue dejando al país entero envuelto en llamas. Difícil creerle a semejante personaje: ¿cómo puede haber cosechado millones, pagar una boda de U$S 350.000 y mostrado una vida lujuriosa un jovencito sin la herencia de papá, ni los años de sabiduría para semejante acumulación?

La única manera de escaparle a los bordes y a las sospechas –lavado, narcotráfico, influencias, etc.- es con un talento descomunal para los negocios, en envoltorio de consejero para que los hagan los otros, como Lázaro Báez. Y eso es lo que dijo, plantado en el living de Rial: “les hice ganar millones”.

Habrá que ver que se mostró con una soltura asombrosa. Hasta encandiló al propio dueño de casa –un Rial que por momentos pareció tirar los centros, igual que su amigo Ventura-, quien postuló: “de paso, aprendemos una lección”. Así, Fariña fue enhebrando su relato dejando clara una solidez desacostumbrada para un pibe de su edad, cuando muchos a esa altura apenas salen del cascarón de la facultad para entrar a la calle. Habló de fiduciarios, de sociedades, de apoderados, de empresas fantasmas, de picardías para sacar el dinero, bordeó la apología, pero se movió con la soltura de un financista de mil batallas.

Rial miraba incrédulo, ante un personaje al que siempre hizo recitar las estupideces de la farándula, condición en la cual entró al estudio. El Fariña que abrió el relato era un tipo sólo desconocido por sus excesos, el champagne, las mujeres, los autos caros y los derrapes. La tipicidad de un pelotudo.

En las tres horas que duró la entrevista, Fariña dejó un discurso temerario: que le dio una ficción a Lanata porque el periodista buscaba una ficción, que sabía que la cámara oculta no era tal y hasta saludó al pajarito, que su estrategia era llevarle una historia falsa para que el periodista no pueda corroborarla en la Justicia y quedara en falta y su imagen –la de Fariña- lavada, que es todo mentira. Y que su relato fue armado por los recortes que los periodistas dijeron de él y que nunca chequearon. Guau, fina ingeniería.

Lleno de incertidumbres e inconsistencias. ¿Cómo fue que se animó a ir a la casa del periodista con más cara de malo del mercado –Jorge Lanata-, visitante total, a mentirle en la cara?, ¿por qué fue que metió la cabeza en la guillotina pensando que luego su imagen quedaría lavada, si lo más probable es que ocurra lo contrario?

Pero fue al hueso en un par de pases. Se preguntó si a Lanata le gusta tanto hablar de montañas de dólares, si no podría haber sido él –y por consiguiente alguno de sus mandantes- los que le pagaron a semejante personaje para decir lo que dijo. O si no podría haber tenido una UZI en el cuello, en un testimonio sin valor legal, que al fin y al cabo es lo que menos importa.

Lo que consiguió Fariña es llevar a Lanata a su propio terreno, el del puterío mediático bien distante de la seriedad que impone un caso en el que está en juego el futuro. Tanta incertidumbre generó el descargo de este personaje, que arrastró y hasta deschavó el informe periodístico dominical de Jorge Lanata vendido desde un título rimbombante como el del dinero K, sin más elementos de sospecha que la declaración semi oculta de este personajote como Fariña, al que ahora el propio Lanata descalifica. ¿En qué quedamos, es tan valioso el testimonio de Fariña como para sostener una tremenda denuncia sin más que eso y la entrevista pactada a otro financista de aspecto turbio como el ex amigo de Fariña, Federico Elaskar? Un escalón abajo para Lanata.
Incosistente Fariña, inconsistente Lanata. Y quien el domingo había incendiado el país, recibió su propia medicina, le contestaron en su propio idioma: el del show business y de los intereses político-mediáticos. Como los de quienes inflaron el globo el fin de semana, y el de los que se los desinflaron ahora.

Quien asiste a este espectáculo, las penurias de tener que elegir entre un muchachito –o pendejo, según lo ajustició el esposo de Ileana Calabró- que mostró un manejo sorprendente, pero que anda bien lejos de las inocencias, y de un periodista desairado y dispuesto a hacer lo imposible para que CFK no siga. Cómo él mismo dijo.

Faltan Guillote, la larva y Andy Chango, y cartón lleno. Los próximos episodios –a tenerlo claro- serán en un estudio de televisión y no en la justicia. Por desgracia.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Conmoción por la muerte del periodista Renato Di Fabio: cayó a un barranco en su moto en plena montaña
Cerró un café del centro sanjuanino: qué pasaría con el inmueble
César Carrasco, el imputado por los supuestos abusos contra tres mujeres.
Cae en Rivadavia la banda del chofer marcador: usaba aplicaciones de viaje para elegir víctimas y robar sus casas
Niña violada y embarazada: dictan 3 meses de prisión preventiva para el único sospechoso

Te Puede Interesar