POR TOMÁS ELIASCHEV
Los famosos que "hablan del faso"
Con cada tapa de la revista THC se reaviva el debate sobre la despenalización. ¿Es más efectivo que las marchas en las que participan más de cien mil personas?
Cada vez que un famoso hace una declaración que lo vincule al consumo de marihuana se arma revuelo mediático. El circuito se repite hasta el hartazgo: el antagonista habitual es Eduardo Feinmann, quien suma rating poniendo en escena su performance de sentido común reaccionario. La motivación suele ser una tapa de la revista THC con la imagen de algún personaje notorio hablando de la hierba. La foto de Dady Brieva sonriendo, en la portada de la publicación, sosteniendo una copa llena de cogollos en su mano, generó polémica. No es el primero que posa: Dolores Fonzi, Moria Casán, Vicentico, Hugo Arana, son otros que se prestaron a salir en la tapa de la revista de la cultura cannábica. Detrás del ruido de los cruces televisivos y su correlato en las redes sociales existe un debate más profundo: qué hacer con la actual ley de drogas, algunos de cuyos artículos fueron declarados inconstitucionales por la Corte Suprema de Justicia hace ya cinco años. La normativa criminaliza a usuarios y cultivadores mientras los traficantes siguen acrecentando su negocio.
"Que un personaje de trascendencia pública salga en la portada de THC busca contribuir a reavivar el debate en torno a la reforma de las desastrosas políticas de drogas que tiene nuestro país”, dijo a Veintitrés el director de la revista, Sebastián Basalo. "En sus respuestas los entrevistados reflejan la complejidad de un fenómeno, como lo es el uso social, cultural y medicinal de sustancias psicoactivas, con diversas visiones que contribuyen a enriquecer el debate. No sólo se charla con ellos sobre su relación con el cannabis sino que se los invita a reflexionar acerca de la conducta del Estado argentino respecto de las drogas, que desde hace décadas sólo fomenta el narcotráfico, la criminalización de los usuarios de drogas y obstruye una verdadera asistencia sanitaria a quienes tienen problemas de consumo”, señaló el periodista.
Para Basalo, "la banalización del debate, lejos de ser producto de la aparición de estos famosos en THC, es responsabilidad directa de quienes encaran el tema en busca de promover un escándalo a la medida de sus lógicas de construcción. Lo que generó la aparición de Dady Brieva en la tapa del último número no hace otra cosa que mostrar la estructura robusta de los prejuicios contra los usuarios de drogas: cómo un padre, un hombre querido y respetado, puede fumar marihuana. Si se evita el cinismo, la respuesta es simple: muchísima gente y con muchísimos fines consume cannabis. Y cualquiera de ellos puede ser víctima de una ley que los criminaliza”.
Pablo Cymerman, de la asociación civil Intercambios, recién llegado de la Asamblea Extraordinaria sobre el Problema Mundial de las Drogas convocada por la Organización de Estados Americanos, en la ciudad de Guatemala, puntualizó: "Que las personas que tienen trascendencia pública hablen del tema ayuda a que se hable del consumo de una sustancia que lamentablemente se sigue penando a quien la porte. Es importante despertar a los funcionarios del poder legislativo para que se muevan y cambien una ley que es inconstitucional. Es una deuda pendiente”. Y detalló que "los organismos de la región vienen planteando poner en el centro del debate las políticas públicas para facilitar el acceso a la salud de las personas que usan drogas, evitar la discriminación y la estigmatización que muchas personas padecen y modificar la perspectiva represiva”.
Matías Faray, de la Asociación de Cannabicultores del Oeste (ACO), sufrió en carne propia la criminalización. Hace tres años fue detenido por cultivar marihuana en su casa. Fue después de hablar en la Marcha Mundial de la Marihuana frente al Congreso, y sostener que para evitar el narcotráfico los usuarios debían plantar su propia hierba. "Estas polémicas mediáticas sacan a la luz la problemática pero no se pone el foco sobre lo realmente importante: algo se tiene que hacer con la ley de drogas, ¿cuánto más vamos a esperar?”, se preguntó el militante en diálogo con esta revista. Para los integrantes del movimiento en contra de la prohibición de la marihuana, la situación sigue siendo grave: "Mientras tanto nosotros seguimos cayendo presos aunque mucha gente crea que ya no pasa semejante violación a los derechos humanos. Hace unos días condenaron en Saladillo a Fernando Colombini a cuatro años de prisión efectiva sólo por ser un cultivador. Es algo atroz. Otros casos son los de Carlos y Rosendo, dos muchachos de Moreno presos también por plantar”. Faray todavía está procesado por "apología”, es decir, por expresar sus ideas. "Se sigue usando la ley de drogas para criminalizar a jóvenes y pobres, sirve para que la cana controle a los que soportamos prejuicios en nuestra contra por estar mal vestidos o no tener recursos. El que va detenido es el que no puede pagar un abogado o el que no tiene la ropa apropiada”, denunció. Más allá de los debates mediáticos, para estos militantes representados por Faray la movilización sigue siendo la respuesta: "Seguimos planteando lo mismo que planteamos en la primera marcha que hicimos: basta de presos por cultivar o fumar marihuana, hagamos algo en contra del narcotráfico, el Estado derrocha plata deteniendo a cultivadores y usuarios”.
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