Estela de la Cuadra es la tía de Ana Libertad, la última nieta restituida, hija de Elena de la Cuadra y Héctor Baratti, ambos asesinados por el terrorismo de Estado. “Estamos felices. Es hermosa. Logramos hablar con ella. Pero puedo llegar hasta ahí. Esto está en el marco de una causa. Necesitamos tiempo para acomodar las fichas, los sentimientos, procesar todo”, contó a revista Veintitrés la hija de Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y primera presidenta de la asociación.
"Es un poco de todos"
La última dictadura cívico-militar se ensañó particularmente con la familia De la Cuadra. Además de Elena, Héctor y Ana (la nieta 115, recientemente recuperada), Estela también sufrió la desaparición de su hermano Roberto José y su esposo Gustavo Fraire.
Al igual que su concuñado y esposa. Debió exiliarse para salvar su vida. En diálogo con Veintitrés, relató la búsqueda de su sobrina y criticó a la Iglesia por su rol durante la represión y su silencio posterior: “No es que no nos ayudó. Fue la (institución) que brindó el andamiaje ideológico y moral a los genocidas”.
–¿Siente que la tarea está cumplida?
–No. La alegría involucra a muchas personas, y las personas recuperadas son un poco de todos. No es un fenómeno aislado lo que le pasó a mi familia. Es colectivo. Entonces faltan otros 400 nietos, que están vivos. Yo hace una semana estaba en la misma situación de todas las familias que siguen buscando.
–Usted denunció la complicidad de la Iglesia: ¿se pudo establecer una línea investigativa que involucre el silencio eclesiástico en la causa judicial de Ana Libertad?
–En la causa no. Eso es temprano. Pero sí hay otras causas en las que vemos capellanes implicados. Más allá de lo lento, trabado y fragmentado que son los juicios, de cualquier manera, se logra poner en evidencia, y cada vez más, la cuestión del vicariato castrense, que actuó directamente como personal de inteligencia dentro de los campos (de detención y tortura).
–Por una solicitud suya, Jorge Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires, fue citado por la Justicia para dar explicaciones sobre su rol en aquella época. ¿Quedó satisfecha con sus argumentos?
–Cuando declaré en el juicio Plan Sistemático (de robo de bebés) pedí que se citara a Bergoglio, porque era el responsable máximo de la Iglesia argentina, para que dijera todo lo que sabía de Ana Libertad; todo lo que mi familia gestionó ante él y qué hizo al respecto. Y, por otro lado, por la cuestión del robo de bebés. También declaró en el juicio de ESMA. Allí hubo falso testimonio porque dijo saber de las apropiaciones después de la dictadura.
–¿Su familia se entrevistó con él en 1977?
–Sí. Mi familia tenía una larga relación con los jesuitas. Cuando toda la represión de la familia, mi hermana Soledad se fue al exilio con su marido y sus hijos, en el ’77. Mi hermano Eduardo ya había sido perseguido y se fue en el ’74. Estaban en Italia. Papá le encomendó a Soledad que fuera a ver a Pedro Arrupe, general de los jesuitas, que estaba en el Vaticano. Arrupe entregó una carta de presentación para ir a ver a Bergoglio. Papá logró una cita con Bergoglio en octubre del ’77, en San Miguel. Y fue con esa carta de Arrupe. Le pidió por Roberto José, Elena y Ana Libertad. Bergoglio le dio una cartita para que cuando volviera a La Plata viera a Mario Picchi, obispo auxiliar de la ciudad. Papá lo fue a ver a Picchi. Este se contactó con el subjefe de la policía (bonaerense, Reynaldo) Tabernero y con el coronel Enrique Rospide. Rospide le dijo que la nena estaba en una buena familia, bien criada. Lo interesante es que el coronel Rospide era el enlace de inteligencia del Destacamento de Inteligencia 101 (del Ejército) con la Dipba (Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires). La Iglesia Católica tenía aceitados todos los contactos, sabía el organigrama interno y a quién dirigirse. Bergoglio sabía a quién derivar. La Iglesia tenía organizada esta contención de los familiares. En diciembre del ’77 se publicó una lista de desaparecidos en cuya confección intervino mi madre. ¿Qué es lo que Bergoglio no sabía? Después vino la lista de Bergoglio y resulta que estaba al tanto de todo y salvó a media Argentina. Lástima que no salvó a la otra mitad.
Estela de la Cuadra criticó a la Iglesia por su rol durante la represión y su silencio posterior.
–¿Le molestó la difusión de aquella lista, una vez que se convirtió en papa?
–Es una inmoralidad. Que sea papa no lo salva de nada. A pesar de Bergoglio, Ana Libertad está acá.