POR LEANDRO FILOZOF
Taringa! lanza su sello discográfico
Debutantes. La banda Superchería lanzó La naturaleza de las cosas, su primer disco post-CD.
En este caso fue un búho, pero podría ser cualquier cosa: un auto, una remera, un monitor, un cassette o un libro pueden convertirse ahora en un “disco”, el nuevo recipiente para la música. Con mil de estas pequeñas aves –azules, blancas, transparentes– Taringa!, la empresa argentina y red social, desembarcó en el mercado discográfico de la mano de su sello 432 Hz. “Le estamos pidiendo a la industria más clásica que valore al link en Internet como obra –explica Alberto “Tatu” Estela, ingeniero de sonido y director del sello–. Varias de las entidades que regulan la música en la Argentina dicen que si no está en un CD no es obra. Nos parece un hecho bastante heavy porque ¿qué tiene el CD de mágico? Yo me enamoré del formato en los ’90, pero hoy los pocos que compro los pongo en la compu y quedan frizados de por vida: es mucho plástico. Eso puede tener formas y vida”.
Hace poco más de un año y medio, la empresa sumó un nuevo proyecto, Taringa! Música, plataforma de streaming que invita a las bandas emergentes e independientes a subir su música y compartirla. Hoy cuenta con más de 75.000 canciones, 2.000 discos de solistas y bandas y un promedio de medio millón de visitas al mes. Pueden encontrarse artistas diversos: Escalandrum, Javier Malosetti, Yusa, Liliana Herrero, Pez, Karamelo Santo o Mr.AlGo Dúo. “A partir de eso nos sumergimos más y entendimos más por qué creemos que hay tantas fallas en el mundo discográfico. Y dijimos ‘vamos a meternos desde adentro’ –asegura Estela, que ha trabajado con Gustavo Santaolalla, Bersuit, Divididos, Lisandro Aristimuño y Hermeto Pascoal–. Ahí creamos el sello, hicimos una editorial registrada en Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), Capif (Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas) y Aadi (Asociación Argentina de Intérpretes): nos acercamos a gente con la que chocábamos mucho y empezó un diálogo bastante interesante. El sello nace con la idea de ayudar a estas bandas a editar y grabar música. Nos va a costar achicar el trecho con ese mainstream que está hace muchos años ahí arriba. Yo me pregunto: ¿por qué es imposible que crezca una banda? Tiene que ver con un estanco y me entristece, porque siento que es remar contra la corriente”.
Así nacieron también los objetos ideados que llevan el nombre de Hertzios. Cada banda, cada disco tendrá el suyo propio. El primero fue el de Superchería y su disco La naturaleza de las cosas: “El búho fue casi por decantación, porque es nuestro símbolo hace años. Si lo ves, tiene los ojos como cintas y botones, tiene la parte tecnológica y digital: abraza un poco todo lo que es una banda –asegura Pira Bastourre, voz y guitarra–. Hice un modelo para mí y lo llevé a una grabación para que nos acompañe: Tatu lo vio y dijo ‘este es el disco’”.
–¿Fue sencillo salir del formato CD?
–Costó un poco, porque vivimos la última etapa del CD y la primera etapa emergente de Internet y veníamos con ese imaginario. Para nosotros siempre fue muy importante que el disco tuviera libre acceso en Internet y esa fue una gran herramienta. En realidad, el disco objeto es digital: la persona que compra el búho tiene la parte material, el fetiche del disco, pero las canciones las descargás de Internet y van al Ipod, a la compu, lo que sea. Tenés el objeto, que es algo lindo, y todo el arte del disco, pero sobre todo lo que nos convenció es que el disco sigue siendo una obra.
“Desde nuestro primer disco elegimos compartir, Internet es nuestro aliado y más allá de cómo iba a salir el disco, en este caso formato objeto, ya estaba la idea de que todo el mundo lo pueda escuchar –agrega Joaquín Álvarez, guitarra y voz–. Además, viene con un código QR atrás, con contenidos a los que podés acceder desde el celular que se van modificando y actualizando. Nosotros hicimos un documental, making of, backstage...”.
Muchos de los juicios que tuvo Taringa! en su historia tienen que ver con el copyright y Estela no duda en afirmar que “hoy alguien me preguntaba si me molestaría que una banda nuestra suba su música a Spotify, que es una competencia, pero lo que más quiero con el sello es que a la banda le vaya bien y que suene en todos los lugares posibles porque así me va a ir bien a mí. La dinámica con la banda es hablar mucho sobre el win-win, ganás vos y gano yo”. Tal vez por eso estos búhos, que se venden en la nueva página de la discográfica (cuatrotresdos.com) a 80 pesos, tienen un porcentual de ganancias cercano al 50 por ciento para la banda. “Si la música está en todos lados puede abrir más cosas, puede haber más música –dice Tatu–. Contrario al formato de CD, la música es todo, es inherente al hombre, está pegada al hombre desde que nacimos. El arte no se envasa, tiene vida”
Siga el baile
Taringa! no es el único que decide innovar. En su nuevo disco de mashups dedicados al rock argentino, el DJ Villa Diamante propone “un vinilo sin vinilo”. Por amor al baile es un disco “homenaje” a Gustavo Cerati, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Andrés Calamaro, entre otros, que se presenta el 31 de octubre en Niceto y que puede descargarse gratis de www.villadiamante.cc . Con la premisa de que “los mashups se regalan, no se venden”, el artista también plantea un “formato físico como souvenir del disco. El disco termina en un mp3, en un teléfono, casi nunca en una compactera”.
“Con mi disco anterior, Empacho digital, lo que hice fue pedirles a mis amigos cassettes viejos, reciclarlos con el arte nuevo y sacarles la cinta. De un lado decía Villa Diamante, y del otro, Luis Miguel o los Redondos. El formato era un souvenir para que te acuerdes de que mi disco está en computadora. El nuevo es un formato vinilo doble que se abre y adentro tiene el código QR para bajarlo gratis. Trabajé con diseñadores como Lucas DM y Valentino Tettamanti para construir un objeto fetichista y lindo que se vende a 30 o 40 pesos”, cuenta el DJ que, además, tiene una disquería, Mercurio, a la que muchos músicos llegan con formatos alternativos: frutas y verduras de plástico con una tarjeta de memoria adentro; bolsas para aspiradora cerradas y selladas o un libro infantil con forma de oso. En cualquiera de esos objetos cabe un disco.