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sábado 16 de mayo de 2026

análisis

A 20 años: Los Conchita siguen matando

Hace veinte años, en una casona de la capital bonaerense, el odontólogo Ricardo Barreda asesinaba de nueve escopetazos a sus dos hijas, su esposa y su suegra.
Por Redacción Tiempo de San Juan

 

 

Por Mauro Federico      
 
Hace veinte años, en una casona de la capital bonaerense, el odontólogo Ricardo Barreda asesinaba de nueve escopetazos a sus dos hijas, su esposa y su suegra. La historia se transformó en una moneda de dos caras que simboliza como ninguna otra a la violencia contra la mujer y a su vez exacerba el morbo machista de quienes mitifican al cuádruple homicida. El primer simbolismo es absolutamente comprensible. No hay expresión más cabal de la violencia de género que el femicidio, en este caso multiplicado por cuatro y con el agravante del vínculo familiar. Pero cuesta entender por qué razón para una porción no desdeñable de la sociedad, Barreda se ha transformado casi en una especie de castigada y sufriente víctima que emerge de las oscuras aguas del crimen luego de purgar su condena en prisión para convertirse en el héroe redentor de los hombres vituperados por sus familias.
 
Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. La fecha es más que oportuna para repasar algunas estadísticas que permiten magnificar esta problemática social. El 90 % de los casos de violencia de género es ejercido contra mujeres. Y en casi su totalidad el agresor pertenece al círculo íntimo de la víctima. Según las cifras difundidas por la provincia de Buenos Aires,  el 46.5 por ciento de las mujeres convive con su agresor; en el 50,4 por ciento el agresor es la pareja; y en el 27,8 por ciento es un familiar.
 
Las víctimas viven en lo que se llama el círculo de la violencia. Básicamente son tres fases que se repiten indefectiblemente, cada vez en forma más frecuente e intensa: la acumulación de la tensión, violencia psicológica, amenazas; el estallido con situaciones muy graves de violencia física, uso de armas; y la etapa de enamoramiento, donde la mujer perdona. Además de la física, que según el relevamiento oficial alcanza un pico de un30 por ciento entre los 15 y los 24 años, existe también la violencia psicológica, con un 29 por ciento durante los mismos años; la sexual, un 19 por ciento; y la económica, un 38 por ciento entre los 25 a 34 años.
 
Pero el dato más escalofriante, sin dudas, es que en Argentina, entre 1 y 2 mujeres son víctimas de un caso de femicidio cada tres días. Esto significa que, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por prevenir los casos y atender a las víctimas, los Barreda siguen existiendo y su número crece sostenidamente año tras año. Como comunicadores debemos otorgar mensajes claros al respecto. No se puede reivindicar ni en broma el accionar homicida de estos personajes como si se tratara de mártires de una causa tan indefendible como sangrienta. La condena judicial-penal ya fue saldada y nadie debe arrogarse el derecho de ejercer la justicia por mano propia. Seguramente Barreda jamás olvidará esa circunstancia “única e irrepetible” que lo llevó a masacrar a su familia. Pero somos nosotros los que no debemos olvidar estos hechos aberrantes –sin importar el nombre del victimario- y condenarlos más allá de lo que digan los jueces, con nuestro repudio social.

diarioregistrado.com

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