Sandra Córdoba no puede disimular la felicidad de poder aunar dos cosas que ama: hacer cerámica y enseñar. Gracias a un subsidio del Programa de Asistencia Financiera para la Minería Artesanal, hace 3 semanas abrió su primer taller-escuela y ya tiene 17 alumnos de todas las edades y hasta chicos especiales.
Su proyecto "Cerámica gastronómica con identidad sanjuanina”, fue uno de los 64 ganadores de subsidios para la pequeña minería, aportado por el Ministerio de Minería de la Provincia. La meta es la producción de vajilla con toque autóctono y 100 % artesanal para restaurantes.
Son $250.000 el monto de su proyecto, de los cuales ya recibió la mitad, compró un horno eléctrico, materiales, mobiliario, y alquiló una casa donde montó su taller-escuela, en el barrio Natania XX, en Rivadavia. Y a pesar de que empezó hace poco, está superfeliz con los resultados: todos lograron producir algo en la primera clase.
Rodeada de sus bellísimas y únicas piezas de cerámica esmaltada, y otras obras de arte como los peces con pie de hierro, Sandra cuenta que siempre quiso tener su propio lugar. "Por mi hijo me enteré de este programa de Minería, que estudia geofísica, así que lo presenté. Nunca me imaginé que iba a ganar. Estoy asombrada, para bien, porque se le ha dado el subsidio a gente que viene trabajando hace años y no tenía la posibilidad de hacerse de sus elementos. Otra gente que está empezando, a los 50 o 60 años, como yo que tengo 51, esto es una posibilidad enorme. Es una bendición a esta edad tener mi taller que no lo hubiera logrado por mis medios, porque con 6 hijos siempre hay otras prioridades”, cuenta.
Con la segunda parte del subsidio quiere comprar un horno más grande, dos tornos alfareros, y más materiales. "En San Juan casi no ves alfarería típica en restaurantes y confiterías, algo que por ejemplo Salta explota muy bien para el turismo, por eso se me ocurrió hacerlo acá”, dice.
Las piezas son verdaderas obras de arte, ya que Sandra, que nació en Catamarca, estudió Bellas Artes en Santiago del Estero; y también se recibió de Diseñadora Gráfica, en Buenos Aires. Sus piezas tienen precios muy accesibles, mates pequeños desde $70 y esculturas de peces en $1.500. Muchas piezas las vende a través de otros locales.
Siempre hizo cosas para vender, incluso cuadros, pero casi sin margen de ganancia ya que no tenía horno y tenía que alquilar.
Apasionada con su trabajo, Sandra quiere contar cada detalle del proceso de la cerámica. Mientras amasa la arcilla y realiza un esgrafiado, que es el tallado de la cerámica cruda, o "cuero”, habla sin parar. "Si me pedís una pieza específica no la puedo tener antes de los 20 días, el proceso de la cerámica es lento, lleva dos quemas”. En ese proceso, además de la arcilla, intervienen muchos productos como otros minerales, mica o cuarzo de San Juan; chamota, engobes, esmaltes importados y nacionales.
El clima seco de San Juan es ideal para acelerar el proceso de la cerámica, cuenta mientras sigue trabajando con las espátulas especiales. De todas maneras, cada pieza requiere varios días hasta su terminación.
Con 6 hijos de 23, 22, 21 y 10, 11 y 12 años, esta artesana se da tiempo para todo. "Cuando empecé a aprender el esmaltado no me salía. Estaba a punto de abandonar hasta que encontré acá una maestra genial y con ella me salió la técnica”, dice.
La idea para las vajillas futuras es darle su impronta a la iconografía aborigen conocida. "Hacer algo estilizado porque la percepción que se tenía antes de lo utilitario no es la de hoy. Hoy uno quiere ver color, más materiales. Lo llamativo de mis piezas es lo colorido y no quiero alejarme de eso”, asegura.
Sandra está recibiendo alumnos para sus clases de cerámica los días miércoles, para chicos; y jueves y viernes para adultos.