En los últimos años, los únicos productores de
oro en la provincia eran las grandes empresas internacionales, pero eso está
destinado a cambiar. Los pequeños mineros sanjuaninos también serán productores
de oro gracias al programa de subsidios del Gobierno de San Juan.
Los hermanos Roque y Julio Dávila obtuvieron
un subsidio de casi $250.000 para medir una veta aurífera en el yacimiento La
Fragüita, en Calingasta, fondos del Programa de Asistencia Financiera para la
Pequeña y Mediana Minería. La meta es explotar esa veta y vender el metal.
Los hermanos Dávila pertenecen a una familia
de estirpe minera, su bisabuelo, el francés Francisco Sabatié, fue quien
introdujo en San Juan el sistema de cianuración para separar el oro (ver
aparte). Julio trabajó 7 años en la mina Casposo y ahora está concentrado en su
propio proyecto.
"Este es un pequeño proyecto que iniciamos en
los ’90 junto a un inversor privado, pero que abandonamos a los 6 meses cuando
murió ese socio. Se trata de una mina
vetiforme aurífera con muy poca plata, que cuando entre en producción dará
trabajo a unas 30 personas”, aseguró Julio Dávila.
La primera etapa del proyecto es la
exploración ya que si bien se trata de una veta descubierta en superficie el
objetivo es tratar de medirla. En la parte inferior hicieron una calicata con
una máquina para ubicar la cantidad de mineral que hay. La segunda etapa es
procesarlo usando medios de concentración gravitacional. Para moler la piedra
que contiene el metal usarán una planta móvil.
"Para la primera etapa nos entregaron $122.500
y gracias a eso ya estamos trabajando. Con esos fondos pudimos armar el
campamento con carpas modernas, porque hay una construcción de piedra de 1916 en
una quebrada hermosa que realizaron los mineros cuando se explotaba el cobre en
la zona, pero está destruida. Compramos carpas y grupo electrógeno para tener cubiertas las
necesidades mínimas”, contó Dávila.
Ahora se dedican a la cubicación de la veta,
que es medir el mineral superficial pero no en profundidad ya que necesitarían
otras máquinas para realizar sondeos profundos. "No tenemos medios para
contratar una perforadora pero hasta 14 metros bajo la superficie descubrimos
mineral y tenemos unas 3.000 toneladas”, dijo.
El proceso de molienda fina se hará a malla 80
(tamaño del grano) para liberar el mineral, un proceso ya que conoce Julio ya
que lo hicieron en los ‘90 con buen resultado, pero con poca tecnología. Ese
material se enviará al circuito de concentración gravitacional, que es un tambor como un
secarropa, se introduce la pulpa y elimina las impurezas ya que trabaja a 1700
revoluciones por minuto. Con ese efecto, el metal más pesado se separa las
impurezas. De una tonelada de material
calculan que podrían sacar unos 10 gramos de oro, una concentración alta si se
considera que la ley de la mina Veladero era de entre 2 y 3 gramos de oro por
tonelada.
Las colas de este proceso, es decir el
material que queda como residuo, irán a piletas de contención y de ellas
también se obtendrá un beneficio: van a venderlo como mineral que se usa como
colorante en la industria de las pinturas.
El agua se recuperará para volver a ser usada
en el circuito, según explicaron.
Finalmente, se obtiene un concentrado de alta
ley que puede venderse así, hay varias empresas que lo comprarían en todo el
país, para lo cual quieren stockear unas 20 toneladas. También podrían pagar el
proceso de fundición y obtener el doré o barra.
"Este programa para la minería artesanal es
dar trabajo de largo alcance. Si sumamos 4 o 5 proyectos chicos, se van sumando
años porque son de larga vida, no de un día para otro. Además se genera mano de
obra, calculamos que en plena producción vamos a necesitar unas 30 personas,
una cifra importante para un pequeño proyecto donde todo es trabajo manual”,
señaló Dávila.