La herramienta central de esta política -considerada
estratégica por el presidente Mauricio Macri y por el ministro de Energía, Juan
José Aranguren- es un proyecto de ley para establecer un nuevo Acuerdo Federal
Minero. Apunta a homogeneizar las legislaciones nacional y provinciales, para
darles estabilidad impositiva a los inversores, evitar conflictos con los
gobiernos locales y lograr el respaldo de las comunidades donde se desarrolle
la actividad. Es algo similar a lo que hizo el gobierno anterior con la
actividad petrolera.
La meta es alcanzar en los próximos ocho años inversiones
por US$ 25.000 millones. Es más del doble que los US$ 10.000 millones
registrados entre 2007 y 2015, pero mucho menos que lo invertido en ese tiempo
en Chile (US$ 80.000 millones) y Perú (US$ 52.000 millones).
El plan enfrenta un gran escollo: el rechazo de las
organizaciones ambientalistas, en estado de alerta ante la posibilidad de que
la minería siga avanzando sobre áreas protegidas por la ley de glaciares.
Descubrieron que el Poder Ejecutivo prepara un decreto de
reglamentación de la ley que podría flexibilizar los estudios destinados a
delimitar las zonas prohibidas para la actividad minera. De hecho, dos tercios
del monto de inversiones previsto hasta 2024 corresponden a emprendimientos con
conflictos potenciales con la ley de glaciares (de lo que se informa por separado).
En cambio, los defensores de la iniciativa -impulsada por el
secretario de Minería, Daniel Meilán- sostienen que se protegerá el ambiente y
hacen foco principalmente en el enorme beneficio económico que podría traer
consigo un eventual boom de la minería.
Los puestos de trabajo de la actividad, que en 2016
superaron los 80.000, entre empleos directos e indirectos, podrían
multiplicarse, prometen los promotores del proyecto. La Cámara Argentina de
Empresas Mineras (CAEM) aspira a alcanzar 130.000 puestos de trabajo para 2021.
Todavía con resistencia firme de algunas provincias, como
Chubut, el proyecto para un nuevo acuerdo federal ya superó la instancia del
Consejo Federal de Minería (Cofemin), integrado por representantes de todos los
distritos. Tras una última ronda de negociaciones con los gobernadores,
prevista para la semana que viene, será enviado al Congreso.
La idea de la Casa Rosada es que empiece a discutirse a
partir de la reapertura de las sesiones ordinarias, el 1° de marzo.
"Estamos trabajando contra reloj. Necesitamos que salga
rápido para aprovechar el viento a favor que sopla en la actividad, después de
haber levantado el cepo cambiario y eliminado las retenciones", dijo a LA
NACION el presidente de la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados,
Eduardo Cáceres (Pro-San Juan).
El oficialismo parlamentario ya inició conversaciones con el
sector más moderado de la oposición. Por tratarse de una ley-acuerdo, su texto
puede ser aprobado o rechazado, pero no modificado. Después debe ser ratificado
por las legislaturas provinciales.
La cuestión ambiental
El debate encenderá la polémica. Sobre todo por la cuestión
ambiental. La ley de glaciares no es una norma turística. El ambiente glaciar y
el periglaciar son considerados un reservorio estratégico de agua para el país.
En atención a esa resistencia, el borrador de la iniciativa,
que ya circula entre diputados y senadores, hace hincapié en la factibilidad
social de la actividad.
Entre las premisas de acuerdo se afirma que la política
minera deberá incluir "mayores beneficios para las comunidades en las
zonas" donde se desarrollan los proyectos de extracción, "mayor
participación en los ingresos a las provincias" y "altos estándares
de gestión y control ambiental".
Respecto de este último punto, se dispone la creación de un
equipo consultivo, con autonomía funcional e integrado por técnicos de
"reconocida trayectoria", con el objetivo de "generar y promover
la adopción de las mejores políticas de la gestión ambiental minera",
entre otras cosas.
Para el desarrollo de las comunidades locales se propone
crear un programa que capacite de manera anticipada a los pobladores para que
puedan dar respuesta a las demandas productivas de las empresas mineras, tanto
en la captación de empleos como en la contratación de servicios.
El proyecto tiene un apartado destinado al "empleo
local". Pero no se establecen cuotas mínimas, como se decidió el año
pasado en la ley de inversión privada para el desarrollo de la obra pública. Se
dispone, en cambio, "adoptar medidas de promoción tendientes a hacer
atractiva a los empleadores la contratación" de trabajadores autóctonos.
Respecto de los proveedores locales, se establece que "a igualdad de
condiciones, en precios y plazos, tendrán preferencia" en las compras de
las empresas mineras.
Otro capítulo importante es el impositivo. El acuerdo
establece que las provincias no podrán cobrar más del 3% de regalías sobre el
importe total de los ingresos de las empresas y que no se podrá aumentar el
canon, fijado cada dos años por la Secretaría de Minería, mientras un
emprendimiento minero se encuentre en actividad.
El proyecto se propone también garantizar un régimen
promocional de inversiones y regular el funcionamiento de las empresas públicas
provinciales, para evitar que compitan con ventaja respecto de las firmas
privadas.
"El acuerdo perjudica a las provincias y el único
beneficio sería para las empresas", se quejó en diciembre el secretario de
Minería de Santa Cruz, Guillermo Bilardo.
Consultado por LA NACION, el gobernador de Chubut, Mario Das
Neves, recordó que en su provincia está prohibida la megaminería a cielo
abierto y anticipó que sólo estaría dispuesto a revertir esa situación "si
así lo decide el pueblo de Chubut, por medio de un plebiscito". El debate
se anticipa intenso y de resultado incierto.
Claves de un proyecto que promete generar polémica
Plan minero
Tras varios meses de negociaciones con las provincias, el
Gobierno ultima los detalles de un plan para relanzar la actividad minera en
todo el país con la intención de multiplicar los proyectos en operaciones y
duplicar las inversiones en el sector
Acuerdo federal
La herramienta central de esta política, considerada
estratégica por el presidente Mauricio Macri y por el ministro de Energía, Juan
José Aranguren, será la firma de un "Nuevo Acuerdo Federal Minero",
el cual espera ser sancionado mediante un proyecto que el Gobierno enviará en
las próximas semanas al Congreso
Unificar legislaciones
El acuerdo comprenderá una homogeneización de las
legislaciones provinciales y la ley nacional en materia minera, para garantizar
estabilidad impositiva a las empresas que inviertan en el país y lograr el
respaldo de las comunidades vecinas a los emprendimientos
Duplicar inversiones
La meta es alcanzar en los próximos ocho años inversiones
por US$ 25.000 millones. Es más del doble que los US$ 10.000 millones registrados
entre 2007 y 2015, pero todavía mucho menos que lo invertido en los últimos
ocho años en Chile (US$ 80.000 millones) y Perú (US$ 52.000 millones), las dos
potencias mineras de América latina
Nuevos empleos
Los puestos de trabajo de la actividad, que en 2016
superaron los 80.000 entre empleos directos e indirectos, también podrían
multiplicarse, prometen los promotores del proyecto. La Cámara Argentina de
Empresas Mineras (CAEM) aspira a alcanzar los 130.000 puestos de trabajo para
2021
Rechazo ambientalista
El plan enfrenta un gran escollo: el rechazo de
organizaciones ambientalistas y varias comunidades locales, en estado de alerta
ante la posibilidad de que la minería siga avanzando sobre áreas protegidas por
la ley de glaciares. Las organizaciones argumentan que el Poder Ejecutivo
prepara un decreto de reglamentación de la ley, que podría flexibilizar los
estudios destinados a delimitar las zonas prohibidas para la actividad minera
Fuente: La Nación