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jueves 16 de abril de 2026

análisis

Presupuesto, el primer desafío

Toca el turno de las rencillas anuales de los intendentes, que siempre desempata Gioja. Hoy hay que hacer la ley sin su presencia en medio de pulseadas que no son nuevas pero que denotan la ausencia temporal del líder. Por Sebastián Saharrea
Por Redacción Tiempo de San Juan

Nunca fue fácil armar el presupuesto provincial, por una cuestión en especial. Ni los ministros, ni ninguna otra asignación específica generan tanto revuelo todos los fines de año como los fondos a los municipios, espinoso asunto siempre resuelto con mano firme y contención espiritual susurrada por José Luis Gioja al oído de los intendentes que se juegan el año. Esta vez no es la excepción, la diferencia es que Gioja no está.
Conviven siempre a esta altura maneras surtidas de analizar el tema. Expectativas, supuestas promesas secretas que nunca ven la luz, ideas más simples o más rebuscadas sobre lo que debería ser la asignación de recursos a los municipios, fabulaciones sobre una ley de coparticipación, críticas por lo bajo –y por lo alto-, sospechas de preferencias. Termina siempre el asunto siendo saldado por el mismo lado: lo posible.
Si lo sabrán, por citar sólo un célebre antecedente, Enrique Conti y Mauricio Ibarra. En tiempos inmemoriales que ahora parecen prehistoria porque ambos acaban de armar juntos un frente electoral, peleaban como perro y gato por los fondos y las supuestas preferencias de Gioja en su primer gobierno. El bloquista desde Capital petardeaba sin piedad al mandatario, al que acusaba de proteger con el criterio de asignación de fondos al que señalaba como su pollo, el rawsino que no tardó mucho en cortarse del esquema político provincial.
Pero quedaron para el recuerdo aquellos amargos lamentos de Conti quejándose por supuesto trato desigual de Gioja con Ibarra, más aún con lo que pasó después. No sólo el portazo del supuesto tutelado, sino que ahora es ni más ni menos que el hermano del gobernador –Juan Carlos, al mando de Rawson igual que lo estaba Ibarra en aquellos años incendiarios por la coparticipación municipal- el que se queja por un trato desigual.
Reflexiones al margen, que deben ser leídas. Aquel ejemplo de Rawson es revelador de la histeria municipal para estas fechas, porque el reparto del que se quejaba Conti es el mismo vigente hoy por el que se queja Juan Carlos: ¿cómo es posible que antes beneficiaba a Rawson y ahora lo perjudica, si en lo esencial no fue modificado? La respuesta es sencilla, amigo lector: las quejas van y vienen con menor ajuste a la realidad que a las ganas o no de generar fastidio.
Esta vez, el zarandeo de los intendentes fue sottovoce, acorde con la incomodidad adicional que hubiera representado levantar algún inconformismo en medio de la recuperación del gobernador. Pero no hay encuentro de intendentes que no aborde esa planilla clave del presupuesto que para ellos es vida o muerte.
El ritmo de la gestión no reconoce de oportunidades. Y si bien los intendentes debieron guardar el violín para otros momentos que no desentonen tanto, al presupuesto hay que hacerlo y a las planillas de fondos municipales hay que confeccionarlas.
Al vicegobernador Sergio Uñac le tocó ésta brasa caliente. Pocos conocen como él –intendente durante largos años en Pocito- la historia de cómo se fue modelando el formato de fondos a los municipios. Estuvo más de una vez del otro lado del mostrador, yendo lo más lejos posible en lo que puede ser considerado un reclamo de intendentes del palo por la distribución.
Fue testigo privilegiado de aquella pulseada Conti-Ibarra. Armó afinidad con varios intendentes en las trincheras, que son los que llevan dos períodos y es donde el vice tiene una de sus fortalezas políticas. Y hasta se puede decir sin riesgo de errar que firma con las dos manos buena parte de los reclamos de sus ex colegas. Pero ahora le tocó aparecer por la otra ventanilla: la del pagador, de la firma del presupuesto que será girado a Diputados y que dejará –como dejan todos los presupuestos- algunas voces inconformes. Vueltas de la vida.
Por convicción y por olfato político, el vice decidió no intervenir en el armado de la distribución de fondos en un asunto que le es familiar y sensible. Se sentó con el ministro de Hacienda, Francisco Alcoba, y juntos saldaron la discusión: el presupuesto es el que pensó el gobernador Gioja antes del accidente, que ya estaba medianamente bocetado y que conserva los rasgos de los anteriores, fondos municipales incluidos.
Quedó el gusto a pólvora de algunos jefes comunales de pasar la lapicera por aquellos trazos que consideran más injustos. Y quedó el simbolismo político de que el vice –todo un producto político de los departamentos, con generoso kilometraje transitados pidiendo por una distinta distribución de los recursos- decidió correrse para no generar ruido. Todo un gesto destinado a dar señales con la recuperación del gobernador Gioja, que incluso lo disuadió de sintonizar en público con la voz un tanto más alzada de Juan Carlos, el rawsino que quedó como el más encarnizado.
Es que la distribución de fondos municipales tiene no sólo una larga historia de desprolijidades sino una franca dificultad para solucionarlas: como toda suma cero, para darle a alguien hace falta quitarle a algún otro, y eso conspira con cualquier diálogo civilizado tanto en San Juan como en el país, donde a pesar de existir un emplazamiento para debatir un nuevo régimen con las provincias desde la reforma constitucional de 1995, nunca hubo clima para concretarlo.
Perduran desde siempre algunas desviaciones gruesas. Varias, elementales. Como el premio al más ineficiente entronizado en las ayudas anuales para los municipios que más crecen en personal, que en los últimos dos años ha comenzado a ser atenuado pero no eliminado. Otro, el criterio de variables que confluyen para establecer a quién sí y a quién no, que es lo que hizo bramar a Juan Carlos ante el hecho de que Rawson es el departamento con más población y más perjudicado: a ojos vista, un criterio que debe ir siendo corregido. Y hasta lo más elemental: si las regalías minerales quedan depositadas en las arcas del municipio que posee en yacimiento y no derrama a nadie más, la preservación de la misma coparticipación que el resto genera un desequilibrio al que nadie es ajeno.
Catarata de planteos y situaciones, unos más reales que otros, con algún que otro sobreactuado. Que deja cicatrices durante todo el año y que Gioja siempre emparcha con el ascendiente político. Sergio Uñac conoce de sobra el panorama, pero ha decidido razonablemente mantenerse al margen.
Tendrá tiempo para entrenerse con los estatales, que también a esta altura del año golpean la puerta por el plus navideño y que, nuevamente, resuelve con razonamiento de bolsillo y ascendiente político el hombre que pelea por salir de la terapia y todos esperan que se recupere.

 

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