No hay límites cuando se trata de pasiones. Guadalupe Burgoa es una jugadora de la Universidad Nacional de San Juan que se la rebusca entre el estudio y la distancia, para cumplir con su equipo en el campeonto de básquet local. El fin de semana se bañaron en oro y quedó reflejado que cuando se trabaja a conciencia, todo es posible. Los kilómetros recorridos desde Valle Fértil, una venta de pastilitos para ayudar a costear el viaje y un amor incontrolable por el pique de la naranja.
Entre sierras y básquet: Guada, la vallista que vende pastelitos y recorre cientos de kilómetros para vestir la camiseta de la Universidad
Guadalupe Burgoa tiene 20 años, juega de base y todos los fines de semana viaja a la ciudad para ponerse los colores de su club en el campeonato sanjuanino. Después de tanta rutina, entrenamientos a distancia y al pie de la montaña, se bañó en oro tras ganarle por 10 puntos a Isca Yacú. "En ese lugar me siento completa", le dijo a Tiempo de San Juan.
Guada tiene 20 años y reside en la Villa San Agustín, en el corazón de Valle Fértil. Sin buscarlo mucho, el básquet llegó de la mano de una amiga que la invitó a un entrenamiento para probar y de ahí no se movió más. "Probé varios deportes, pero ninguno me llamó tanto como el básquet".
Sus primeros piques los dio en el básquet municipal de Valle Fértil, ahí forjó sus primeros pasos hasta luego pegar el salto a Aramburu, el club de Rivadavia. Después se insertó en el plantel de la Universidad Nacional de San Juan, donde juega como base y se convirtió en una pieza clave del equipo capitalino.
Son casi 257 kilómetros los que tiene que recorrer cada fin de semana para vestir los colores de su querida 'Uni' y eso no es un impedimiento, ya que se hace el lugar para entrenar bajo la montañas de su tierra y vender pastelitos para sumar un dinero extra para los viajes a la ciudad.
Pero el esfuerzo no termina ahí. Entre partido y partido se entrena sola, con rutinas físicas que le mandan los profes del equipo. Parte de esa preparación la hace corriendo entre las sierras, cerca de su casa, y la parte técnica como los lanzamientos o ejercicios específicos de básquet, la realiza en el polideportivo de la Villa San Agustín. "Siempre trato de estar a la par de las demás, aunque entrene lejos", aseguró Guada Burgoa a Tiempo de San Juan.
La base no solo estudia, sino que se las ingenia para poder juntar dinero y costear los viajes. Es por eso que arrancó un mini emprendimiento vendiendo ropa deportiva y pastelitos dulces por sus 'pagos', "es un ingreso extra que me ayuda". Su historia no es solo la de una jugadora de básquet. La joven sigue apostando al esfuerzo, sacrificio y la distancia para representar a su querida Universidad. Orgullo vallista.