Con apenas 2 años recién cumplidos, Constanza ya empieza a forjar su propio camino en el mundo del deporte. Es la hija de Gonzalo “Chalo” Molina, el rider sanjuanino que representó al país en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y París 2024, y de Victoria Perkoski, arquera del club Bancaria en hockey sobre patines. Inquieta y con una herencia inevitable, la pequeña ya empieza a dar qué hablar en el ambiente del bicicross.
Con 2 años y en patacleta: Coti, la mini rider que es sensación del BMX
Es sanjuanina y viene de participar del Campeonato Argentino y Open de BMX en Santiago del Estero, dónde se robó todas las miradas. Hija de un atleta olímpico y de una hockista, crece entre pedales, pista y pura pasión por el deporte.
Su debut oficial fue en marzo pasado, en San Juan. En la pista rawsina, Coti integró la categoría “patacleta” -una modalidad participativa para los más chiquitos- y ella, con apenas 1 año y 9 meses de vida, fue una de las protagonistas. Desde entonces, entrena con su papá, aunque siempre desde el juego y la diversión.
“No es que la forzamos ni mucho menos, ella lo hace porque le encanta. Nosotros simplemente la acompañamos”, aclara Victoria, su mamá, que la sigue a todos lados, tanto en la pista como en el club. “Va a hockey conmigo desde principio de año, porque yo entreno en la escuelita. También hace gimnasia deportiva dos veces por semana, y va a natación desde los tres meses. Siempre fue así, muy inquieto”, cuenta entre risas.
La escena que se repite en las pista es siempre la misma: mientras otros niños juegan, Coti corre, se trepa, busca el casco y se alista para la carrera. “El otro día en Santiago estábamos con un montón de chicos, todos con juguetes, y pensé que me iba a decir que no quería correr. Pero no, buscó su casco y salió. Le encanta, ¿entendés?”, asegura Victoria.
La pequeña, incluso, ya se anima al partidor, ese lugar de salida elevado desde donde los riders largan en las competencias. “Fuimos el martes a la pista y se quería largar el partidor. El Mati, su tío, se largó con ella un poquito sentada. Está loca con eso, tiene la cabeza en eso”, dice su mamá, un poco sorprendida.
La historia viene de larga data, y de sangre también: “Desde que aprendió a caminar tuvo una patacleta, de esas con dos ruedas atrás y una adelante. Caminaba medio tambaleando y ya iba arriba de la bici. A los 14 meses se puso los patines. Nosotros la apoyamos porque vemos que le gusta, se nota mucho. A veces los chicos están jugando, y vos le decís '¿querés correr?' y va, corre, vuelve y sigue jugando. Es muy inquieta, pero también maneja el cuerpo muy bien”.
Además de lo que ocurre dentro del circuito, también hay una previa que llama la atención de todos. En compañía de sus papás, la pequeña realiza la entrada en calor con las demás categorías, como una más. “Nosotros nos morimos de risa, la filmamos porque todo el mundo se queda sorprendido. Tiene dos años recién cumplidos y ya se mueve como si fuera una nena más grande. Es muy chistosa, la verdad”, cierra su mamá.
Con su patacleta a cuestas, una energía imparable y un apellido marcado por el deporte, no hay dudas que la más chiquita del clan Molina ya pisa fuerte en las pistas.