Ceci Moreno y una historia de mucho deporte y corazón. Hay gente que te dice que después de los 40 ya fue, tira la toalla y empiza a acompañar desde la tribuna, pero muy lejos es el caso de Cecilia Moreno, quien te mira, se sonríe y te ataja una pelota. Entre el mostrados, la casa y el arco gigante de Alianza.
Ceci Moreno: a los 42, entre el mostrador, la casa y el arco de Alianza
Es madre de dos, comerciante y arquera sanjuanina. Defiende los tres palos en futsal mientras maneja su polirubro y cría a sus hijos, que también son jugadores de fútbol en las inferiores. La bandera en alto y mucho amor por la disciplina. Su historia.
Vive en Rivadavia, pero nació a media cuadra del barrio San Martín, en Falucho y Julio Roca. En la casa del Chiqui Tapia, para ser específicos. Hoy tiene 42 años, dos hijos varones de 17 y 19, un polirubro que atiende mañana y tarde, y los guantes puestos cada vez que Alianza la necesita. Medias altas, rodilleras, dedos encintados para cuidarlos y sin guantes, así viste cada vez que le toca saltar a la cancha y defender la casa del Lechuzo.
Empezó tarde, a los 39, pero el fútbol siempre estuvo ahí. Se crió yendo a la cancha de San Martín y a los 13 jugaba handball en la Universidad. En 2019 se probó en el femenino de San Martín, quedó, e hizo historia: metió el primer gol femenino en el Estadio Hilario Sánchez el día que las mujeres debutaron en esa cancha.
No era arquera. Hasta que un día faltó la titular y Pepe Bravo, el DT más ganador del Verdinegro femenino de San Martín, de ese momento, la miró y le dijo: "Vos jugabas handball, ¿te animás?". Dijo que sí. Y no salió más de debajo de los tres palos.
"Mis hijos siempre me apoyaron", contó. En esos comienzos ellos también jugaban en San Martín, así que iban los tres juntos a entrenar. Después se repitió en Colón Junior y hoy en Alianza la van a ver siempre.
En futsal pasó por Hualilán, Pumas, Comunicaciones, Barrio Escobar, Batistella, Rivera y ahora Alianza, donde son primeras en la tabla y jugarán los playoffs. Sin titubear, sin que le pese la pregunta y casi como un trofeo de oro guarda su carta más valiosa: el título con Batistella a la División A en 2023. Después vinieron campeonatos amateur y varios premios a la valla menos vencida.
Aunque los días se le pasen volando, su rutina no da respiro. Se levanta temprano para que sus hijos vayan al colegio y al instituto, abre el polirubro, vuelve a cocinar al mediodía, sigue con la casa y se va a entrenar. Rara vez falta. A la noche, cena en familia y arranca de nuevo. Así es como pasa los días