“Estaba perdido en las drogas. Robaba para drogarme. Hacía sufrir a mis viejos y sabía que andaba mal en la vida. Pero quería cambiar”. Con la cabeza agacha, un poco tímido y quizás avergonzado del infierno que atravesó en su adolescencia, Martín Garay (21) abre su corazón y por primera vez revela su dura historia. Una juventud marcada por el delito y las adicciones que amenazaron con ponerle punto final a su vida. Pero una "luz de esperanza" apareció cuando se topó con el boxeo y hoy, con apenas un año y medio en la disciplina, se perfila para grandes cosas.
El renacido
No es fácil remover heridas del pasado. Martín creció en una familia numerosa, con 10 hermanos y sus papás Carlos y Norma, sereno de la Municipalidad de Valle Fértil y ama de casa respectivamente. Vivía a pocas cuadras de la plaza de San Agustín y pese al esfuerzo incansable de los suyos por brindarle contención, confiesa que de niño era inquieto y revoltoso, que lo expulsaron varias veces del colegio por pelear con sus compañeros de primaria. Pero también cuenta que con apenas 10 años ya estaba trabajando en la albañilería y en la cosecha.
Con una enorme sonrisa en su rostro recuerda su infancia, hasta que se quiebra. Con un nudo en su garganta habla de su otra etapa, con múltiples entradas y salidas a la comisaría de Valle Fértil y La Rioja, provincia por la que deambulaba por días. “Me iba de mi casa y estaba tirado. Tenía 15 años, conocí un chico… Me cuesta hablar, porque yo ya salí de todo esto. Pasé muchas cosas malas en mi vida. Estaba mal, hacía sufrir a mis viejos, pero yo sabía que podía salir. Todo se puede en la vida”, sostiene.
Y así fue. Una de esas tardes solitarias por las calles de su pueblo, el joven boxeador se encontró con Cristian Guevara, el profe de la escuela municipal de kick boxing. Una especie de ángel guardián que se cruzó en su camino para tenderle una mano cuando su vida era un caos: “Me dijo `elegí, el boxeo o las drogas´”, y yo elegí el boxeo. Lo hablé para ver si me podía ayudar y él se fijó en mí. Me empezó a apoyar, al igual que toda la gente del departamento. Hice un clic y le di para adelante”.
Martín conocía el deporte, tenía sobrinos que ya se habían puesto los guantes. Además, comenta que creció admirando a Marcos Maidana, vaya casualidad, a quien conoció cuando disputó su tercera pelea amateur en el estadio Aldo Cantoni. Era pura afición, no sabía de técnica. Y si bien sus primeros pasos los dio junto a Guevara, sabía que para dar el siguiente salto debía viajar a la ciudad. Entonces contactó a Daniel Alcaraz, tío y entrenador de Leonela Yúdica, campeona del mundo peso mosca de la FIB.
“Estaba en el Valle y lo fui a buscar a la casa de su papá. Le dije que quería que me entrenara, pero me explicó que tenía que ir a la Ciudad. Me la jugué y a la semana me fui a la casa de mi hermana, en Cuacete. A los tres meses me dijo que no podía quedarme más con ella y el intendente (Omar Ortíz) me alquiló un departamento. Cuando más necesitaba apareció la ayuda de él. Soy un agradecido", explica Martín.
Desde hace un año y medio entrena en la Capital. Dejó atrás su tormentoso pasado para iniciar una nueva vida de la mano del boxeo. Lleva tres peleas amateur pero ya todos hablan de él. Fue campeón del Torneo de los Barrios (64 kg welter), con una victoria por nocaut y otra por puntos, y participó del mega festival de boxeo que se desarrolló en el Aldo Cantoni, donde Yúdica retuvo su título mundial por sexta vez. Ante la mirada del "Chino" Maidana y cientos de sanjuaninos, hizo de las suyas.
“Hice sufrir mucho a mis viejos pero pude hacer una vida nueva gracias a este deporte. Quiero darles una alegría a ellos y a mi pueblo. Yo le pido perdón a la gente que le hice daño. Ahora cambié, quiero seguir adelante y no bajar los brazos, quiero cumplir mi sueño. ¿Cuál es? Llegar a Las Vegas", se ilusiona el joven sanjuanino.