Todas las personas merecen una segunda oportunidad, algunas la tienen, otras no. Por suerte, 35 internos la encontraron de la mano de una pelota ovalada que los visita una vez a la semana en la cancha del penal de Chimbas. Durante una hora y media ellos aprenden destrezas básicas propias de la disciplina y, sobre todo, valores que el mismo rugby plasma dentro y fuera de la cancha.
Rugby inclusivo, el deporte que llegó al penal de Chimbas para quedarse
Los 35 precursores del rugby en la cárcel no lo tomaron como un simple esparcimiento; sino todo lo contrario: como un estilo de vida. El gran proceso que están llevando adelante desde hace 90 días les permitió a perdonarse y perdonar. Aprendieron que trabajar en equipo es más valioso que hacerlo en forma individual. Que por más que la vida te tira al piso, uno debe limpiarse, agarrar la pelota e ir para adelante con la tranquilidad que un compañero está atrás acompañándolo.
Guillermo Miodvosky es el encargado de enseñarle conceptos básicos de la disciplina. El nacido de la UNSJ, es también entrenador de las divisiones formativas de los Patitos y del Seleccionado Juvenil USR. Miodovsky se mostró contento por los grandes pasos que dan los internos y que gracias al deporte comenzaron a desarrollar un nueva forma de vida.
Dario Atencio es el encargado de las distintas disciplinas que se llevan a cabo dentro del penal. Él se mostró sorprendido por el cambio que dieron los internos desde que entrenan rugby.
Espiritú rugby, es el nombre que le pusieron los internos al equipo y no es casualidad. Ese plus que le da la ovalada es la fuente que necesita cada integrante del plantel para crecer como persona; y cuando sea el momento de salir del penal tengan realmente esa segunda oportunidad que los 35 buscaron.