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domingo 26 de abril de 2026

El DT de la selección: "Antes que a Messi hay que preguntarle a Menotti"

Por Redacción Tiempo de San Juan
"Que vayan y le pregunten a Messi quién tiene que dirigir y qué jugadores tienen que estar", dijo Juan Román Riquelme, y nos puso a todos a pensar si la voz del mejor futbolista del mundo no debería ser escuchada en medio de la ensalada en que se ha convertido la elección del nuevo técnico de la selección argentina.


En la columna de la semana pasada, y refiriéndome al papel que cumple Carlos Tevez en Boca, expuse que a mi entender, en un club o en un equipo existen las jerarquías, y que invadir terrenos ajenos suele ser contraproducente. Pero la serie de disparates que en este asunto se están cometiendo desde la AFA habilita las dudas sobre prácticamente todo.

La imparable degradación que sufre nuestro fútbol provoca una mayúscula distorsión de méritos y valores. Al convertirse en puro negocio (que tampoco funcionó, porque está económicamente arruinado), el fútbol ha atraído a gente sin un conocimiento profundo ni del juego ni del deporte en general. Es gente que se acerca movida por el afán de protagonismo o por cualquier otro interés personal, y se convierte en encargada de tomar decisiones sobre temas que la superan.

En condiciones normales deberían ser los dirigentes o los managers los encargados de decidir los temas relacionados con un equipo de fútbol, pero en la Argentina todo tiende a ser turbio y a veces sucede que un manager está más dispuesto a extraer beneficios personales que institucionales con su trabajo. Esto lleva a hablar de personas antes que de cargos, y si esas personas no son las más idóneas surgen las soluciones impensadas, como la de darle a un jugador la misión de elegir técnico.

La mirada del Riquelme ex jugador, pero a la vez hincha, parte de un razonamiento muy sencillo: entiende que para sostener la aspiración de la Argentina a ganar un título el mejor jugador debe estar en sintonía con el juego que propone el técnico y también protegido por el equipo. Y como la figura de Messi tiene un tamaño gigantesco, la idea suena coherente, porque parece impensable no contar con él a la hora de contratar al nuevo entrenador.


Pero más allá de la lógica que aplica Román, personalmente sigo creyendo que no se debe alterar el orden de las cosas y debería ser tarea del dirigente darse cuenta de lo que necesita un jugador extraordinario para potenciar sus virtudes. Ni siquiera los más grandes futbolistas pueden rendir en un clima hostil o en un equipo contrario a sus características. A Messi se lo encontró solo en demasiadas ocasiones, tanto durante el ciclo de Sabella como en el de Martino, y la preocupación de quienes deben elegir la línea de juego del equipo (que es la que marcará el nuevo entrenador) tendría que estar centrada en lograr ese apoyo del resto del conjunto, ausente cada vez que los rivales fueron de igual categoría que la Selección.

Por otra parte, adjudicarle a uno o dos jugadores (Mascherano sería el otro "hombre señalado") la decisión de decir quién debe ser el técnico sería cargarlos con una mochila que no les corresponde. De hecho, dudo mucho que en el mundo haya un caso similar. Sería ponerlos en una situación incómoda y hasta peligrosa, entre otras cosas porque nadie responde a una pregunta elemental: ¿qué pasa si la experiencia sale mal?

Se me ocurre que la ruta correcta es otra y pasa por recuperar el camino de la seriedad. Recurrir a personas idóneas tendría que ser el paso inicial. Las decisiones deben ser tomadas desde el conocimiento y la sabiduría, y para ello hay que hablar con quienes están mucho más cerca de la cancha que de los escritorios. En la Argentina hemos desperdiciado durante demasiado tiempo a César Luis Menotti, uno de los hombres que más sabe de fútbol en el mundo. Y es solo un ejemplo.

Mientras tanto asistimos a una búsqueda sin rumbo. Se habla con entrenadores de perfiles antagónicos o que están trabajando en otros equipos, lo cual -dicho sea de paso- demuestra una total falta de ética y saca a relucir entre el periodismo y el público una posición contradictoria. Si les pedimos a los dirigentes que respeten los contratos de los técnicos y los proyectos a largo plazo, ¿por qué tildamos de "antipatriotas" a quienes ya han dicho que no vendrán porque deben respetar contratos vigentes?

Todo lo que sucede deja en evidencia a los dirigentes del fútbol argentino. No habían previsto nada y solo se ocuparon de lucrar con la pasión del hincha, creyendo que siempre iba a haber algo que sostuviera el negocio. Pero al negocio, incluso al más modesto, hay que cuidarlo. Los directivos de nuestro fútbol tuvieron todo en sus manos, fundamentalmente una materia prima increíble, que sigue surgiendo casi de la nada, como un milagro. Y a esa pasión la han ido acorralando con incomodidades de todo tipo y permitiendo que impere la violencia.

Me gustaría que por una vez esos dirigentes intentaran mirar el fútbol desde la perspectiva del jugador. En este país la pelota es una compañía, una necesidad. Sentimos por la pelota una pasión que trasladamos a la cancha. El fútbol es una manera de expresarse y el directivo debería entenderlo. No se puede desconocer ese sentimiento hablando de él como si fuera un romanticismo perdido, un ideal del pasado. Por eso aplaudiría la elección de un técnico que fuese funcional a una idea de juego representativa del fútbol argentino; un entrenador que permitiera a cada jugador demostrar sus virtudes en toda su dimensión.

Es muy triste todo lo que está pasando y no se aprecia una salida a corto plazo. Pero al menos deja una enseñanza. Los argentinos tenemos que acostumbrarnos a construir de otra manera. Debemos cambiar los postulados. Nuestra visión de la vida, esa que lleva a pedir para la selección a un entrenador porque es pícaro y saca ventajas de su picardía, no coincide con la mirada universal utilizada para valorar quién sabe y quién no. Tampoco los personalismos funcionan a largo plazo. Ni en la cancha, ni en los despachos, ni en ningún ámbito. No se puede esperar siempre a un salvador, a un Messi, a un Grondona que lo decida y lo solucione todo.

Hasta acá hemos tomado 45 atajos y no nos llevaron a ningún lado. Ya no hay más. Para que la AFA vuelva a ser la AFA, la selección sea un gran equipo y el negocio deje de ser ruinoso hacen falta bases sólidas y no decisiones sobre la marcha en busca de lo inmediato. Las personas idóneas tienen las respuestas. Es con ellas con quienes hay que sentarse a conversar.

 

 

(Fuente: Cancha Llena La Nación) 

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