Por Carla Acosta
La vida del hombre que hace soñar al Pueblo Viejo
Compartió vestuario con Francescoli y enfrentó en un Superclásico a Maradona; se ganó la capitanía y el cariño de todos los hinchas de uno de los principales equipos mexicanos; tuvo como inspirador en la conducción técnica a Ricardo La Volpe y hoy con 43 años es uno de los que marca el camino de los técnicos jóvenes, pero prometedores, del fútbol argentino.
Nada de poca experiencia tiene Pablo Lavallén, el hombre que hace soñar al Pueblo Viejo y que en una nota a fondo con Tiempo de San Juan se confiesa y habla de su vida futbolística y personal.
De perfil bajo y sincero, así se lo ve en la práctica como en el campo de juego cuando toca partido por el torneo. Según cuenta, el temperamento que tanto lo caracterizó en su juventud murió en la cancha cuando colgó los botines a los 35 años. "Como futbolista siempre fui temperamental, jugaba con el corazón y dejaba todo, no me guardaba nada. Al fútbol lo disfrutaba. Pero después, cuando pasaron los años, fui encontrando el equilibrio, tomé consciencia que es sólo un trabajo y que no estamos por encima de los demás. En el fútbol se pierde muy rápido el piso, por eso tenés que encontrar un equilibrio”, confiesa Lavallén, un tipo correcto que a la hora de hablar parece tenerla clara.
Pablo nació en Palermo, Capital Federal, y a los seis años de edad arrancó en el fútbol en River Plate. Un tal Ruiz, cazatalentos millonario, lo probó y fichó para que vistiera la camiseta de la Banda. Cuenta que en aquel entonces su categoría, la ´71, no estaba conformada y tuvo que integrarse a la ´72.
En el Millo empezó usando la diez o la once, posición que lo llevó a debutar en Primera de la mano de Daniel Passarella cuando apenas tenía 18 años. Pero un Superclásico ante Boca provocó impensadamente un cambio en su puesto habitual en el campo de juego: "Me fracturé y estuve siete meses inactivo. Cuando vuelvo, Ricardo Altamirano era citado a la Selección y no había lateral por izquierda. Entonces Passarella me probó en esa posición y al final terminé ganándome la titularidad en el equipo campeón del ´93 y ´94 del torneo argentino”.
Además de los campeonatos oficiales que ganó en Primera con River, también fue parte del plantel que se consagró campeón de la Copa Libertadores en el ´96.
Con Atlas de Guadalajara, club al que emigró el mismo año de la Libertadores, no ganó títulos pero sí experiencia e imborrables recuerdos con los hinchas. Ni hablar de los grandes cracks con los que compartió vestuario o enfrentó. "En realidad me ha ido mejor que peor. Jugué muchos años en River, un equipo grande con el que gané títulos, y después jugué muchos años en México en clubes que fueron protagonistas. Pero también me tocó irme al descenso con equipos más chicos en el final de mi carrera. La verdad es que el fútbol es maravilloso y me conectó con personas o lugares que en tu vida te hubieses imaginado. Compartir partidos con Maradona, Caniggia y Verón, o vestuario con Francescoli, Ortega y Crespo, fue muy lindo. Me tocó jugar con una camada de grandes jugadores. Después cuando lo pienso, digo que estuve en un lugar de privilegio”, expresa.
De la cancha al paravalancha
Uno de los maravillosos momentos que vivió gracias a la pelota fue cuando en un partido entre Atlas y América de México, en el 2000, decidió abandonar su lugar en el palco e ir al núcleo de la hinchada rojinegra, saltando en el paravalancha y revoleando su remera. "Yo había tenido dos lesiones bastantes graves y en ese partido no pude estar. Estaba alterado en el palco y me ganó la emoción, entonces quise ir a alentar a mis compañeros con la barra. Quería descargar un poco de tensión. Por suerte ganamos 6 a 3, era un partido por Pre-Libertadores. Fue un momento muy bueno, quedó en la memoria de los hinchas de Atlas porque yo era el capitán y compartí ese momento con ellos”, cuenta Lavallén.
Sin dudas River y Atlas estarán siempre en su corazón, de hecho hasta su esposa y tres hijos comparten el mismo amor por ambas camisetas. "El Millo y Atlas son los equipos que más tiempos me vieron como profesional. River es mi casa porque allí me formé y conozco cada pasillo y rincón del club. En algún momento me reproché el no tener mayor protagonismo en el equipo ya que me conformé con sólo estar y pertenecer al grupo. En Atlas fue distinto, jugué 5 años y medio, y me mentalicé en ser importante y dejar una huella. Fue mi mejor etapa y aunque no pude lograr un titulo, fue un equipo que marcó un gran momento de la historia del fútbol mexicano”.
La Volpe, su gran inspiración
En su paso por el fútbol mexicano -además de jugar en Atlas lo hizo también en Tiburones Rojos, San Luis y Coyotes de Sonora- lo dirigió Ricardo La Volpe. Para él, fue aquel hombre el que marcó su camino como entrenador. "Mis ganas de dirigir empezaron cuando llegué al fútbol mexicano. Allí vi otro estilo de fútbol y tuve como técnico a La Volpe durante casi cinco años, de quien me gustó su forma de dirigir ya que me parecía distinto a todo lo que había tenido. Si bien no tuve muchos técnicos, sí muchos buenos como Passarella, Gallego y Sabella. Pero a lo largo de mi carrera fue el entrenador que más me marcó y con el que vi cosas más novedosas, que no había aprendido y que no volví a ver con otro técnico. Todos tienen sus cositas pero La Volpe era el que más se distinguía no por ser mejor o peor, sino por ser distinto”.
Dice que sus repentinas ganas de colgarse el silbato no influyeron en su retiro a los 35 años de edad, cuando jugaba para Platense. Cuenta que el fútbol argentino con el que se encontró después de estar en México lo terminó sufriendo y por eso su decisión de abandonar las canchas. "Jugué hasta donde pude. Me retiré en el momento que yo consideraba que ya desde lo físico daba ventaja, yo tenía 35 años y jugaba con chicos de 18 años. Y más allá de la experiencia, el fútbol argentino había cambiado mucho y no disfrutaba tanto el partido, como sí el entrenamiento, el día a día y el vestuario. El jugar lo terminaba sufriendo por el tipo fútbol que se hizo en el último tiempo, muy ríspido y vertiginoso”, destaca.
La familia, un pilar a la distancia
Pablo está casado con María Laura y es papá de Federico, Florencia y Valentina. Todos ellos viven en Buenos Aires, por lo que el técnico vía redes sociales o teléfono lleva el día a día con su familia. "El estar lejos de la familia es complicado. Uno trata de mantener el contacto vía tecnología pero es duro vivir y saber que los afectos de los seres queridos no están al lado de uno. Es un obstáculo incómodo pero es parte del precio que hay que pagar por iniciarse en esta carrera fugaz e inestable, sobre todo difícil porque no podés moverte con la familia”, explica.
Los kilómetros que hay de San Juan a su casa no lo aísla del apoyo y contención que encuentra en su familia. Mucho menos lo aísla de su hijo Federico, quien juega en las inferiores de River y quien heredó su pasión por la redonda. "El hecho de que mi hijo tenga la misma pasión por el fútbol como yo, me llena de orgullo y alegría. Nunca lo presioné para que se decida jugar, nació de él la posibilidad de querer dedicarse a esto. Trato de ayudarlo y apoyarlo en lo que sea sin meterme como técnico, hago de padre nada más. Me encantaría que pueda vivir de esto porque sé lo que le gusta y porque nació con esta pasión”.
La Libertadores como sueño
San Martín hoy está en la tabla 7mo en el Grupo b con 13 puntos y a ocho fechas del final del Torneo Transición, Lavallén y su cuerpo técnico sueña con la clasificación a la Copa Libertadores. Para eso deberá estar entre los cuatro primeros de la fase de grupos. "Tenemos la idea de venir y marcar una forma y un estilo. Uno no se tiene que conformar porque los demás crean que estamos lejos, en los denominados equipos chicos. Podemos jugar de igual a igual aunque lleve trabajo y esfuerzo. En la cancha somos once contra once y nosotros apuntando a lo más alto”, confiesa.
Por último, el entrenador destaca estar conforme con lo hecho hasta ahora con el Verdinegro y afirma que el futuro del plantel depende del equipo: "Nadie nos quita la posibilidad de soñar”.
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"Más allá del estado de ánimo de la gente, pensamos en cómo están los jugadores y cómo se sienten. El espectador analiza desde lo pasional y nosotros necesitamos otro punto de vista”.
"Hoy el fútbol se volvió parejo, lo que no podés equiparar desde el presupuesto o calidad individual lo haces desde lo colectivo y eso les da la posibilidad a los equipos más humildes”.
Ping pong con Lavallén
-¿Influye hacer largos viajes en colectivo?
-Influye en la cantidad de horas que uno va acumulando. Llegamos a mitad de torneo con viajes muy largos, no podemos descansar y a la larga el cansancio acumulado termina repercutiendo con lesiones y agotamiento físico. Pero las condiciones están dadas así y es parte de lo que nos toca por estar situados acá.
-¿Luna está para ponerse la titular?
-Jorge es un jugador interesante y de jerarquía, que lo ha demostrado en San Martín y en Estudiantes. Veremos cómo incluirlo sin desarmar lo bueno que hemos armado. Qué bueno que tengamos piezas de calidad que pueden aportar y sumar a todo lo que venimos haciendo.
-¿Cómo palpita el clásico con Godoy Cruz?
-Lo
tomo con la prioridad que se toma cada clásico, será único experimentar un
clásico entre dos provincias rivales en lo deportivo. Viví clásicos como el
River / Boca como jugador, pero como técnico será diferente y seguramente
apasionante.