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sábado 25 de abril de 2026

La historia de Pinedo Zabala

La dura vida del boliviano que pinta para figura del Verdinegro

Debutó en San Martín contra Racing y, a pesar de que salió lesionado, dejó una buena impresión. Es oriundo de Coripata, una pequeña localidad de Bolivia. Para cumplir sus sueños con la pelota, él y su familia se sacrificaron trabando duro en la siembra de café. Por Carla Acosta.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Vivió y trabajó junto a su familia en Coripata, un pueblo del departamento de La Paz, Bolivia. Allí sus papás Augusto y Ana trabajaron duro en la cosecha de café para darles una mejor vida a él y a sus cuatro hermanos. Esta es la historia de Gustavo Pinedo Zabala (26), uno de los refuerzos de San Martín que si bien jugó a penas unos minutos ante Racing, por Copa Argentina, a raíz de una lesión, dejó una gran impresión a la prensa e hinchas.

Según contó el delantero, se crió en un pueblo chico y humilde, en donde la mayoría de las familias viven de los naranjales y cafetales. El clan Pinedo Zabala también se dedicó a ello, siendo el único sustento día a día. “Soy el único futbolista de la familia, el resto se dedicó a los estudios. Mi familia siempre trabajó en la agricultura, cosechando café y frutas”, contó.

Más allá de que perteneció a una familia humilde, recordó que en Reyes o Día del Niño nunca le faltaron unos botines o una pelota. Pues desde que tiene noción, el fútbol ha sido una parte importante de su vida.

A los diez años, con la única experiencia de jugar sólo en potreros y de manera informal, se trasladó junto a sus padres y hermanos a Santa Cruz en busca de una mejor vida. Su papá consiguió trabajo en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera, de la localidad, aprovechando el puesto para hacer contactos y cumplirle el sueño se convertirse en futbolista a Gustavo. Y Augusto Pineda lo logró, ya que Rolando, hijo de Ramón Aguilera, le dio una beca a  su hijo para integrar las filas de la Academia Tahuichi Aguilera, una famosa institución formadora de jugadores.

En la Academia se rozó con el primer nivel, aquel que soñó desde muy pequeño, con torneos internacionales de por medio y con la chance de integrar las selecciones menores de Bolivia. Es que el nuevo jugador del Verdinegro formó parte de los combinados Sub-15, Sub-17 y Sub-20, con este último disputó los Juegos Panamericanos de Rio de Janeiro de 2007: “Siempre soñé con jugar en grandes equipos, desde chico, pero cuando llegué a la Academia comencé a tomarme más en serio ese objetivo. Se me dio y disfruté mucho lo que me pasó”.

Luego, ya con 18 años, abandonó su querida Bolivia y se desprendió de su familia para perseguir su anhelo de llegar lejos con la pelota. Se fue al Cádiz de España, que lo descubrió en un campeonato en Punta del Este, Uruguay, y de inmediato lo fichó. Allí jugó en Segunda División y después tuvo pasos por equipos europeos como Xerez, CD Rota y Almería, entre otros.

Después de su paso por el Viejo Continente volvió a su país y  tras dos descensos seguidos resurgió con el Universitario de Sucre, con quien se consagró campeón del Clausura Boliviano, con él como goleador.

Artillero y campeón, llegó a San Martín para tener su primera experiencia en el fútbol argentino, el cual siempre miró y le llamó la atención. “Siempre miré el fútbol de aquí. Es algo bonito y me pone contento hoy poder estar acá. Mi familia está contenta con mi presente, mis padres y mi mujer. Están felices y me desean muchos éxitos. Quieren que marque goles (risas)”, expresó el delantero, que llegó a San Juan con su hija Sasha y su esposa Andrea.

Pinedo se desgarró en el partido ante la Academia, en San Luis, y estará afuera de las canchas durante casi veinte días más. Sin embargo, su debut con la camiseta verdinegra dejó bastante conforme a todos, que esperan al igual que él una pronta recuperación.


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