ver más

jueves 23 de abril de 2026

Anécdotas

Las increíbles historias de los colectiveros del fútbol

Quiénes son los choferes que trasladan a los planteles de primera; anécdotas fuera de la cancha.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Entre todas las profesiones existentes en el planeta tierra, la de chofer de ómnibus no rankea alto en las preferencias. Por lo menos para la mirada de un adulto, porque en el imaginario de los niños el oficio de colectivero puede encerrar cierto atractivo mágico y competir con otras inclinaciones, reales o fantásticas, como la de ser médico, veterinario o jugador de PlayStation profesional. Dentro de esta raza resistida (los colectiveros no tienen fama de simpáticos), aparece una subespecie que es distinta. Que rompe el paradigma y cuyos integrantes sí pueden ser envidiados por buena parte de esta sociedad tan futbolera en la que vivimos. Son capaces de lanzar frases al viento rutilantes sin ruborizarse y sacar pecho por todos sus colegas. Por ejemplo: "Tengo el récord mundial de ser el chofer con más años con una selección. No hay otro caso así en ningún lado". O si no: "Paso momentos muy gratos. Tengo la suerte de cumplir el sueño de muchos, más en un pueblo tan futbolero como el argentino". Y también: "Aunque no parezca se trabaja al límite. El momento del traslado es muy estresante. Tenemos mucha responsabilidad porque llevamos personas que valen mucho dinero. Llevamos fortunas arriba del micro". Sí, señoras y señores...¡Bienvenidos al mundo de los choferes del fútbol!

Gustavo Ríos, entonces médico del plantel de Banfield, revisó a José Luis Barrios y le dijo: "Chávez, vos no podés seguir manejando". La respuesta fue inmediata, nacida del corazón: "No, olvidate. Yo no me bajo de acá hoy que salimos campeones". A Barrios, de 42 años, le dicen Chávez por su parecido con el fallecido presidente venezolano. Es hincha de Banfield y pudo ser el chofer del plantel en 2009, cuando el club ganó el título. Aquel día, tras el triunfo con Boca en la Bombonera, la comisión directiva planeó el transbordo del micro de dos pisos a uno descapotable. El operativo se iba a realizar en Camino Negro, para luego ir a Banfield. Allí barras de Los Andes apedrearon al plantel, y la peor parte la llevó Barrios. "Me dieron en la ceja. Manejaba el descapotable chorreando sangre, pero yo era el más feliz del mundo." Hoy, entre otros clubes, conduce a Lanús y los jugadores saben de su simpatía: "Me dicen pingüino. Pero yo les digo que cuando viajan conmigo ganan. Eso sí: cuando está el clásico pido licencia médica y no trabajo". También es chofer de Argentinos, y cuenta: " Riquelme es el último en subir y en bajar. Se va al fondo y es el DJ. Pone música romántica y bachata. Un día le dije: cantás muy mal, por suerte sos futbolista".

A los jugadores les encanta hacer bromas. Parecen vivir en un viaje de egresados interminable. Y cuando toman confianza con el chofer asignado, el rey del volante se convierte en el bufón del grupo. " Cubero me escondía las llaves del micro y los dirigentes me retaban porque se hacía tarde y los horarios del fútbol son muy estrictos. Me las tenía que colgar del cuello. En Tigre, en la época de Arruabarrena, el entrenador de arqueros Fernando Galloso me volvía loco: sal en el helado, cama turca en las concentraciones en el interior. Las mil y una me hacía." Con 58 años, Guillermo Ferradini se ufana de ser el chofer con más tiempo en el ambiente. "¡Hace 34 años que estoy en esto! Empecé con el Ferro de Griguol, imaginate. Hice Vélez, River, San Lorenzo, Tigre, los equipos del exterior cuando vienen a jugar las Copas.Todo". Pero este verborrágico hombre no se detiene en el fútbol: deja la pelota y agarra la guitarra. "Fui chofer de grupos de música como Los Piojos y la Bersuit. ¡Y de los Rolling Stones! Grinbank me puso traductor y todo para hablar con ellos." El hombre de las mil anécdotas recuerda que Diego Simeone, en River, lo llevó a una pretemporada en Punta del Este por cábala. Unos meses atrás vino Atlético de Madrid a Buenos Aires. Ferradini cuenta que fue a saludar al Cholo y su equipo de trabajo y Pepe Pasqués, el jefe de prensa, le dijo: "Nos acordamos de vos el otro día. Teníamos un viaje en España de 60 kilómetros y queríamos saber cuánto tardaríamos. ¡Necesitábamos tus conocimientos!".

A Daniel Galante nadie lo conoce por su nombre: es el Tolo, por su parecido con el técnico. "Yo cumplí un sueño", afirma. "Llevo 13 años en la selección, ¿entendés? Bielsa, Pekerman, Maradona, Batista, Sabella, Martino. Todos. Y a los chicos de ahora los conozco desde que estaban en el sub 15.. ¡Y Batistuta me invitó a su casamiento!" Tiene 55 años y conoce el predio de Ezeiza como la palma de su mano. "Soy récord mundial", se jacta.

Por supuesto que por más que sea un trabajo, todos los choferes tienen su corazón de hincha. "Que me den para manejar el micro de All Boys para mí fue tocar el cielo con las manos", dice Mario Díaz, genuino vecino de Floresta. "Yo he llorado como chofer llevando al plantel de Quilmes después de un descenso", confiesa Gabriel Lupo. Sin embargo, Javier Traba ("es con B larga", dice, después de pedir que no surja una sonrisa al escuchar el apellido) afirma: "No me gusta el fútbol". Y agrega: "Hago Gimnasia, Olimpo, Racing, lo que sea. Independiente no, porque los delegados son hinchas y se lo quedan ellos".

Sí, es cierto, ser chofer no es de las profesiones con mayor popularidad. Pero seamos honestos: el fútbol es especial y permite que detrás del volante aparezcan historias mágicas.
 
(Fuente: La Nación)
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar