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sábado 2 de mayo de 2026

Karate

El Sensei de patadas mortales

Rodrigo Leguizamón es un karateca con gran habilidad que se sabe defender. Combina a la perfección concentración, equilibrio y destreza y con ese talento pone en ridículo a sus rivales y como buen maestro les da una lección. Sueña con estar en el seleccionado y representar al país en un Juego Olímpico. Por Luz Ochoa
Por Redacción Tiempo de San Juan

Rodrigo es un pibe que no aparenta ser agresivo, ni peleador. Pero cuando se para en el tatami, la rompe. Es que pone a su servicio todo su talento y la adrenalina fluye. Sus pulsaciones aumentan, su respiración se acelera. De repente, sus patadas vuelan y estremecen a cada oponente que le hace frente.

Campeón argentino en su categoría, comenzó a practicar el arte marcial luego de pasar por cuanto deporte se le presentó. “Qué no hice. Cuatro años de fútbol, dos de hockey sobre patines, seguí con tenis, handball, rugby y vóley. Pero un día me invitaron a probar con el karate y acá me quedé”, cuenta Rodri.

Claro, después de practicar tantas disciplinas, finalmente, descubrió que algo lo apasionaba. “A diferencia de otros, en el karate encontré amistad, buenos momentos y cero agresividad. Aunque sea individual porque uno solo pelea contra otro, no existe la rivalidad con saña. Hay mucho código”, explica el jovencito de 17 años.

Una vez que entró en el mundo de la lucha con descendencia japonesa, descubrió que, además de ponerse en forma, al mismo tiempo conocía una cultura totalmente diferente a la occidental, donde los valores en el deporte son el pilar fundamental de la práctica y no así características ultra ponderadas como la fuerza y la viveza.

Además de todas las enseñanzas y de todos los porqués que significan y yacen en la disciplina oriental, el crack del tatami relató que practicarlo le sirvió para su defensa personal: “Una vez me quisieron robar y me agarraron por la espalda. Po fortuna, reaccioné instintivamente y logré sacármelo de encima y como eran varios los que querían hacerse de mis pertenencias, atiné a correr con todas mis fuerzas. Lo mejor de todo es que zafé y hoy lo cuento como si fuera gracioso, pero me asusté. Así y todo, sé que estoy preparado para ese tipo de cosas”. 
  
El que lleva bien puesto el cinturón celeste se dio el gusto hasta de ganarle a su hermano gemelo en una final nacional. “Fue como pelear con un espejo. Gracioso porque conocíamos todos nuestros movimientos y, por suerte, gané yo. Eso me da el gusto todos los días y no es por malo, pero cada vez que puedo se lo recuerdo”, cuenta entre risas.

Aunque no piense ponerse serio con la práctica del karate, se ilusiona con algún día vestir los colores del seleccionado y representar al país en una competencia internacional como lo es un Juego Olímpico. “Ahora es posible pensar en eso porque la disciplina fue incluida en los próximos Juegos de 2020. La chance está y por eso uno sueña. Sería muy lindo. Pero no quiero perder el “amateurismo” con el karate porque ahora lo disfruto mucho y ponerme presiones sería negativo”, argumenta.

Cansado de subirse a lo más alto del podio en competencias nacionales como la de Tucumán, Buenos Aires y Mendoza, el especialista en realizar kata -formas- se abre paso y promete mucho.       



Identifíquese

Nombre: Rodrigo Agustín Leguizamón
Fecha de nacimiento: 7 de mayo de 1996
Colegio: 6° año de Escuela Fray Mamerto Esquiú
Club: “Dojo Musashi “ (Escuela Central)
Categoría: Sexto Kiu, cinturón celeste
Especialidad: Kata (Forma)
Ídolo: Leonardo Cano

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