Por Fabio Cavaliere
Más que nunca, InmEnzo
Difícilmente el público y los protagonistas que estuvieron presentes en el Bicentenario este domingo de julio olviden el espectáculo que dio el ídolo millonario, Enzo Francéscoli. Cuando su nombre sonó en los alto-parlantes el estadio tronó.
El Príncipe fue la estrella del homenaje, se cansó de firmar papeles, remeras, pelotas y se robó todo los flashes del público, madres, niños, jugadores locales, periodistas, dirigentes, policías, bomberos, etc. Además estaba retratado en cuanta bandera se registraba en las tribunas.
¿Y en la cancha? Un gol más lindo que otro (hizo 4 golazos y un par de remates pasaron muy cerca), gambetas endiabladas, pisaditas, asistencias milimétricas. Hasta los enviados de la prensa de Buenos Aires comentaban su nivel y su clase.
Además, en un momento del partido interactuó con la gente. Fue en el primer tiempo, cuando en una jugada cerca del arco, y cuando la pelota se alejó, alguien desde la Popular le gritó “Enzo salúdame”; el uruguayo miró hacia el sector subió las manos y las bajó en señal de reverencia. La tribuna explotó ovacionándolo.
En cuanto, a los demás protagonistas se notaba el entusiasmo por compartir una cancha con semejante emblema. Desde el Cogote Dillon hasta el Cachilo Magallanes, pasando por el resto del combinado local, sean hinchas de lo que sean, querían eternizar el momento. ¡Hasta el propio Enzo hizo de fotógrafo para retratar al Cachilo con un amigo!
En cualquier momento que no fuera partido se le abalanzan por fotos y autógrafos. Como siempre, se mostró respetuoso y agradeció tanto cariño.