Bien al sur de 25 de Mayo se encuentra la localidad de El Encón, una comunidad pequeña, generalmente rural, y muy cerca del límite con Mendoza. Allí, en sus tierras que parecen ásperas y hostiles, crece una planta que durante décadas permite poner al pueblo en la mirada de empresarios de distintas partes del país. Se trata del junquillo, la principal materia prima para la elaboración de escobas.
Junquillo, la planta que permite a un pueblo llegar a todo el país
Desde los 12 años Cristian Mansilla se dedica a la recolección de junquillo, oficio que aprendió de su padre. “Mi padre llegó al Encón a los 17 años. Desde ahí comenzó a trabajar con esto, otro hombre más. Él compraba todo el junquillo del Encón y lo vendía fuera de la provincia. Después, cada cual fue teniendo sus campos, sus terrenos y pudimos tener lo nuestro”, señala Cristian, quien desde muy pequeño se encuentra entre campo y junquillo.
A tan corta edad, Cristian no solo ya tenía una proporción del campo de la familia, sino también compradores. Detalla que no era tomado enserio al ser un niño, y si bien contaba en un principio con ayuda de su padre, con el tiempo fue conociendo en detalles el negocio y lo que ello implicaba. Su padre falleció hace un par de años atrás, e incluso meses antes de su muerte, seguía metido en el medio del campo, entre junquillos.
De acuerdo a su cálculo, aproximadamente el 60% de las familias de la localidad veinticinqueñas viven gracias al junquillo, pero el oficio no es para nada sencillo. Representa muchas horas hincado, debido a que el corte de la planta se hace de manera manual, con una hoz de mano, a la intemperie del campo, por lo que siempre las condiciones climáticas son un factor fundamental para desarrollar una jornada laboral sin inconvenientes.
Esto hace que cada vez haya menos mano de obra, por lo que Cristian teme que el cultivo, producción y posterior venta del junquillo desaparezca en algún momento. Si bien reconoce que no se puede vivir de la venta un 100%, ya que no suele ser bien pago, alcanza.
Una vez que se saca del campo, se deja extendido para que se seque y agarre el característico color amarillo que reconocemos en las escobas. Cuando está seco, se lo enfarda clasificando por tamaño, largo, grosor; para luego despacharlo, gran parte a las afueras de las fronteras sanjuaninas.
Pero no solo es una importante actividad productiva para las familias que viven de ella. En la localidad hay una escuela de escobería, donde le sacan el mayor provecho al junquillo, principal materia prima para la elaboración de estos productos. Así, se ensaña a los jóvenes y no tan jóvenes el oficio que durante décadas ha permitido que la localidad no desaparezca y tenga una importante fuente de ingreso.
Mientras en la localidad aprenden el oficio, la mayor parte de la producción de junquillo viaja cientos de kilómetros desde el sur de San Juan hasta distintas fábricas en todo el país. Cristian detalla que gran parte se vende en Buenos Aires, también en Santa Fe, Tucumán, Jujuy, Salta y él en lo particular también sumó Santiago del Estero. Pese a ello, el valor no es significativo. Hoy un fardo tiene un valor de $700, el cual está integrado por 20 paquetes. “Con dos a tres paquetes se hace una escoba”, detalla Cristian.
Trabajar el junquillo hace que las jornadas sean largas, a veces insoportables, en el medio de un campo sin conexión o señal. Es un oficio que representa sacrificio y esfuerzo. El cuerpo se avejenta por la labor rural, y la sequía pone en jaqué el crecimiento de esta planta. Lo que para los desconocidos se trata de una simple planta sin gracia, para El Encón en particular y 25 de Mayo en general, es parte de sus genes y raíces. “El junquillo ha sido mi vida, toda mi vida la he pasado entre medio de esto. Es parte de mi y de mi familia”, finaliza Cristian.