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domingo 5 de abril de 2026

Con visos de novela

La increíble historia del hombre lobo de Angaco

Luis padece una rarísima enfermedad congénita llamada hipertricosis que se manifiesta con pelos en todo su cuerpo y cara por lo que se la conoce como el síndrome del hombre lobo. Dicen que sus padres lo abandonaron de niño, deambulaba cerca del río pero ahora nadie sabe dónde está. Por Viviana Pastor
Por Redacción Tiempo de San Juan

El ruido de la frenada y el golpe brutal en la chapa del auto se perdió en la oscuridad de los campos angaqueros, mientras el olor a caucho quemado llenaba el aire. Primero creyeron que habían atropellado a un animal, la noche sin luna no permitía más conjeturas. Al bajarse del auto se encontraron con un espectáculo espeluznante: allí, tirado en la orilla de la calle Rodríguez, yacía algo parecido a un lobo, o a un hombre, o a ambos. Con la contextura de una persona normal pero con su cara y cuerpo completamente cubierto de largos pelos, la figura parecía sacada de alguna película de terror. Pobremente vestido y con signos de descuido personal, lo vieron cara a cara, era la versión real del “lobizón” de las leyendas.

Sin disimular el escalofrío del temor a lo desconocido, lo ayudaron y lo llevaron al Urgencias del Hospital Rawson. Pero poco duraría allí Luis, el único nombre que se le conoce al hombre lobo, escapó y volvió malherido a sus campos. Según la versión de los vecinos de la zona, salieron a buscarlo con la policía y lo llevaron al Hospital Neuropsiquiátrico El Zonda; es que el hombre, además de la enfermedad que lo hacía verse casi como un animal, también tenía alteradas sus facultades mentales. Poco tiempo permanecería en el hospital mental, de donde también se fugó. Hoy nadie sabe dónde está, pero deambula por algún lugar de San Juan.

En el hospital no recuerdan que haya estado internado, según confirmó a Tiempo de San Juan, Juan José Linares jefe de servicio del Neuropsiquiátrico. Dificultó la tarea de ubicarlo en los registros del nosocomio el hecho de no tener el apellido de Luis.

Una historia tristísima se devela detrás de esta desgracia que puso en el centro de la escena a este hombre que padece una enfermedad conocida como el síndrome del hombre lobo y que se denomina hipertricosis, una dolencia tan poco común que sólo se han detectado 50 casos en todo el mundo, y uno de ellos está en San Juan.

La hipertricosis es una mutación que sigue una herencia totalmente ligada al cromosoma Y. Quienes la padecen están cubiertos completamente, a excepción de las palmas de las manos y de los pies, por un vello largo, que puede llegar hasta los 25 centímetros. Los casos más famosos fueron los de hombres y mujeres que se ganaban la vida como atracciones de circo en morbosas exposiciones de lo ‘anormal’.

Es posible que a Luis nunca le explicaran que tenía una enfermedad tan rara que pocas personas en el mundo comparten. Es posible que a Luis le faltara además el afecto de una familia, dicen los vecinos de la calle Rodríguez que sus padres lo abandonaron a su suerte cuando era un niño. Es probable que nunca aprendiera a socializar, que nunca fuera a la escuela y que, hablando lo mínimo, nunca aprendiera a leer y escribir. Es posible que además de verse como un animal, se sintiera como uno, sumido en una soledad inenarrable.

Hasta antes del accidente vivía en el campo, en la zona del puente que cruza el río sobre la calle Rodríguez, en Angaco. Incluso ahora, bajo el puente, pueden verse restos de colchas que evidencian que alguien dormía allí (foto). Acompañado siempre de 4 o 5 perros que eran su familia y sus paladines.

 “Nadie se le podía acercar porque los perros no lo permitían, atacaban al que intentara acercársele”, contó Mario Silva, quien vive en la zona y solía ver siempre a Luis rondando con sus animales. “No hablaba nunca y comía lo que le daban los vecinos. Mi mamá siempre le daba algo”, dijo Mario, quien también contó lo del accidente y el paso de Luis por el hospital mental.

“Después de eso, que fue hace como dos años, no lo vimos más por acá”, dijo el hombre. Los vecinos de la esquina de calles Oratorio y Rodríguez, donde hay un almacén, contaron que Luis solía ir a pedir pan de vez en cuando. “Hablaba lo mínimo, pedía y se iba. A veces lo veíamos caminando a la orilla de la calle. Pero no sabemos nada de su origen, la gente dice que los padres lo abandonaron por su enfermedad y se crio solo”, dijo la señora.

José Mercado, que vivía en la zona, dijo que no eran amigos pero que siempre se lo cruzaba a Luis y a veces le daba comida. “No era del todo normal, casi no hablaba. Estaba un poco ido. Yo trabajaba en la finca Las Marías y lo veía todos los días”, dijo Mercado.

El último dato que manejaban los vecinos era que Luis se había arrimado a la casa de una tía que tenía un puesto de cabras, en el mismo Angaco.

En algún descampado sanjuanino, rodeado de perros, deambula el desangelado Luis, que no necesita la luna llena para convertirse, que no nació maldito, pero que nunca encontró ayuda para sus dolencias. 

Hipertricosis en la historia
El caso más antiguo del síndrome del hombre lobo del que se tiene registro es un hombre nacido en 1556 llamado Petrus Gonsalvus, que tenía todo el cuerpo y la cara cubiertos de vello. Por orden del rey Enrique II de Francia, se trasladó a París donde tuvo una buena educación y tuvo 4 hijos, todos con el mismo aspecto de su padre. Tras una gira por Europa de toda la familia, el duque Albrecht IV de Baviera asombrado por su aspecto encargó realizarle un retrato de tamaño natural que es el de la foto. Otros tuvieron menos suerte y eran motivo de atracción y burla en los circos de la época.

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