El sueño de la jaula bioclimática
Ella, arquitecta. Él, ingeniero. Y si bien no nació para ese fin, el innovador diseño urbanístico de este matrimonio podría terminar siendo el destino de un bazar ligado a una histórica firma comercial de ese rubro. Por Gustavo Martínez Puga.
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com
Hasta ese momento, en el 2004, al matrimonio Guerrero Giménez no se les había cruzado que el destino final de ese emprendimiento podía estar ligado a un histórico negocio de la familia de ella, el Bazar Giménez Castro, el cual estuvo entre los sanjuaninos durante 53 años, cerrando sus puertas en Laprida y Rioja en el 2011.
“La idea es llevar a la esquina la venta al público, en la planta baja, y en el primer piso dejar para la atención a especialistas. Y aquí dejar un show room de atención más personalizada, tal como es hoy en día”, comentó Ana María, quien junto a su marido pusieron el bazar Espacio G, en Mitre 413 Oeste.
En su sangre corre la tradición de este rubro comercial, ya que su padre fue Rogelio Giménez Castro, fundador del histórico bazar, y su madre –quien lo siguió cuando falleció su esposo, Ana María Herrero.
Desde afuera, la primera impresión es que se trata de una jaula gigante. Y, en cierta medida, así lo es. El proyecto fue del matrimonio y los cálculos fueron uno de los últimos trabajos personalizado del ingeniero Patiño, considerado una eminencia en la provincia, con décadas de formación de calculistas en la UNSJ.
Cada cuadrado de hierro tiene 33 x 33 centímetros y puede crecer, expandirse, en forma proporcionada.
“Queríamos una obra segura y no tradicional. Desde lo antisísmico, la estructura es liviana y muy adaptable a San Juan. Desde el punto de vista bioclimático o energético, también respondía muy bien y lo estudiamos, particularmente por la orientación sur-este”, explicó Ana María, quien junto a su marido son expertos en energías alternativas.
El sueño de la jaula bioclimática del matrimonio Guerrero Giménez marchó sobre ruedas entre el 2004 y el 2009. Pero ése año el ingeniero enfermó –llegó a estar en terapia intensiva y tuvo que seguir su tratamiento en Mendoza- y la obra se suspendió. Al problema de salud, se le agregó que la actividad minera les chupó a los metalúrgicos más finos y conseguir mano de obra se les convirtió en un problema. “Es un trabajo muy artesanal. No es venir a sacar tarea, porque el hierro con la soldadura se dilata, así es que hay que ir de a poco y con mucha precisión”, explicó Guerrero.
Actualmente la obra está hecha entre un 40 y un 50 por ciento. Incluso tienen los materiales para avanzar con la obra, tales como vidrios espejados, la cubierta para el entrepiso y el piso. El salón de la planta baja tiene 80 metros cuadrados. Si se le suman los 120 metros cuadrados de la planta alta, el total del proyecto de la jaula bioclimática de la esquina de la Alem y Mitre tiene 200 metros cuadrados de construcción. Incluso, la construcción contempla un patio de luz.
Hoy el matrimonio Guerrero Giménez está dispuesto a seguir adelante con la obra que intriga a muchos sanjuaninos.
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