Según los informes que registró el INPRES, el terremoto había hecho estragos en los departamentos del sur y del oeste de la provincia.
La conmoción que provocó este nuevo sismo fue tremenda. Hacía tan sólo ocho años que San Juan había vivido la fatalidad del 15 de enero de 1944. Las heridas estaban abiertas. Los recuerdos aún tibios. Muchas casas, sobre todo de los departamentos que aquel terremoto no había afectado directamente, cayeron destruidas. En esta ocasión, le tocó a Sarmiento, Pocito (entonces llamado Presidente Perón), Zonda y Ullum. Los daños más importantes, remarcaba, se registraron en las localidades de El Abanico, Villa Aberastain y La Rinconada en Pocito; también en Carpintería y el pueblo de Zonda.
Incluso, la hora en que ocurrió este terremoto (1952), fue casi la misma que la de aquel (1944). Esta cuasi coincidencia acrecentó aún más el recuerdo doloroso y punzante de la muerte y la impotencia.
Era un día de semana. En principio, un martes como cualquier otro martes. En un momento: escuelas, comercio, talleres, personas que deambulaban desprevenidas. Un día común. Un minuto y medio después, el movimiento sísmico cambió el paisaje. Camas en las calles, tiendas colgadas de las ramas de los árboles rodeados de escombros y polvo. ¡Otra vez! San Juan era sometida por la naturaleza implacable. Remezones sucesivos atentaban con borrar de cuajo todo instante de tranquilidad y sosiego. De hecho, no había tranquilidad ni sosiego. La memoria tiene la costumbre de guardar lo que creemos olvidado.
La supuesta solución respecto del problema de la vivienda antisísmica, volvió a salir a la luz. Es verdad que después del ’44 muchas casas se levantaron respetando algunos de los requisitos antisísmicos del incipiente Código de Edificación, por entonces, en vigencia; pero, entre el ’44 y el ’52 muchos también levantaron, de manera clandestina, las paredes de sus casas con estructuras endebles y peligrosas. Es que las promesas del Consejo de Reconstrucción se hicieron esperar muchos años, y había que vivir en algún lugar. La gente no se hizo esperar. Los que podían, echaban mano de las herramientas e insumos necesarios y levantaron una casa para vivir.
Corrían por esos tiempos aires peronistas. En el país gobernaba la popularmente conocida pareja del pueblo: Perón y Evita. En San Juan, lo hacía el Ingeniero Rinaldo Viviani, peronista también. Fue para ellos un llamado de atención muy importante, ya que San Juan volvía a ponerse en el centro de la política argentina. Los fondos destinados a reconstruir la ciudad, por ejemplo, fue uno de los temas que empezaron a despuntar en los medios de comunicación, y discusiones de café. Sobre todo, se discutía el por qué la provincia volvía a sufrir derrumbes múltiples si, se suponía, había aprendido la lección del pasado. ¿Negligencia? Esta fue una de las actitudes que muchos dieron como respuesta, respecto del accionar de los funcionarios políticos.
Dos de los diarios más leídos de la época: Tribuna y Cuyo; en sus editoriales del día 12 de junio de ese año 1952, hacían notar la falta de previsión y tecnología respecto de construcciones antisísmicas; y la necesidad de que el gobierno “no construya al margen de la técnica”, y se pusiera al día respecto de este tema. Estos conceptos llaman la atención en una prensa que durante los días posteriores al terremoto, no dejaba de elogiar, tanto a Perón como a Viviani, por su presencia política en medio de los damnificados. Elogios por un lado. Pero, la verdad parecía estar en las ausencias (fondos, casas antisísmicas, Código de Edificación depurado, etc.) más que en las presencias, por el otro.
LA CALLE HABLÓ…
La gente, cuando habla, nos coloca frente un discurso particular: el de la calle. En esas palabras hay una cierta sabiduría que se manifiesta desde lo más visceral, pero, además, no permite conocer un poco más sobre lo que el sanjuanino piensa de sí mismo. Aquí se recaban las palabras que algunos sanjuaninos expresaron en los días siguientes al terremoto:
- Este pueblo de San Juan tiene sentido heroico. No se asusta. Sufre latigazos y aguanta sin quejarse. Ni siquiera llora, aunque lo pierda todo vuelve a empezar de nuevo, dicen lo que han visto derrumbarse las paredes del rancho.
- No estábamos repuesto del un terremoto y ya tenemos otro. Este de ahora ha sido menos trágico, pero igualmente violento. El susto ha sido grande, pero la gente enfrentó la contingencia con serenidad.
- El que sabe de estos terremotos sabe de sentirse pequeño en medio de estos sacudimientos. No puede preverlos ni evitarlos. Apenas si logra explicárselo, y eso no de manera muy convincente.
- La fantasía tiene un ancho campo en un caso como estos. No ha faltado locutor de radio, o periodista que diera amplio vuelo a la imaginación diciendo que al mismo tiempo que la tierra se sacudía, llamar brillantes surgía de entre los cerros, se escuchaban ruidos subterráneos violentos, mientras la ciudad yacía envuelta en densas nubes de humo.
EL TERREMOTO NÚMERO 5
El primero se produje en el año 1639, el segundo en 1730, el tercero en 1894, el cuarto en 1944, el quinto en 1952. Al igual que el terremoto de 1894, el movimiento fue de noroeste a suroeste, ondulatorio, y de 8 grados en la escala de Mercalli. La hora del sismo de 1952 fue a las 21:32 hs, con una duración de 1 minuto y medio. Una hora después, a las 22:30 se produjo el segundo movimiento con una duración de 15 segundos. A la hora 0:00, otro movimiento de relativa importancia sacudió la tranquilidad de la población, continuándose, simultáneamente, a las 3:15 de la madrugada, a las 5:10, y 7:30 de la mañana siguiente. Fueron en total, entre el 10 y el 12 de junio, unos 20 temblores de regular intensidad.
Un elemento curioso, tiene que ver con un dicho popular de la época que decía: “año nevador, año temblador”. Dicho que se veía cumplido, ya que, en esos días, la cordillera estaba cubierta de nieve, y las zonas afectadas fueron, en su mayoría, las que se ubican entre la cordillera y una amplia zona suroeste de la provincia.
EL SALDO QUE DEJÓ
Una niña de 5 años perdió la vida quedando sepultada bajo los escombros de una pared de su casa que se desplomó violentamente. Más de 25 heridos terminaron internados en el Hospital Rawson. Y miles de casas destruidas. Estos resultados conmocionaron profundamente a la población sanjuanina, ya que volvían a revivir la tragedia de enero de 1944.