Redoblantes apilados en el comedor de una casa. Plumas llenas de polvo y una cuadra en silencio. De vez en cuando se juntan en algún lugar para, con un poco de música, calmar la ansiedad y frustración que los invade. Pero nada es lo mismo. Extrañan los nervios y la adrenalina que se apodera de ellos días, horas y minutos antes de salir a escena. Extrañan el público, el corsódromo, las agujas haciendo lo suyo a último momentos y todo lo que hay detrás del carnaval más popular de San Juan: el de Chimbas. Los referentes de la agrupación "Unidos de Villa Paula" y cómo viven el carnaval sin carnaval, otra vez por la pandemia.
Hasta hace dos años la casa de Isaías Burgoa estaba invadida de costureras, y de niñas y niños que entraban y salían para buscar sus casquetes y trajes con lentejuelas. Isaías es el presidente de la unión vecinal de Villa Paula, la comparsa más antigua de Chimbas y campeona de las dos últimas ediciones. Pero también es uno de los impulsores del carnaval: en esa misma casa donde antes de la pandemia estaba atestada de pasistas y batuqueros, es donde en 1996 se empezó gestar el corso más importante que tiene hoy la provincia. Nadie siente tanto la ausencia del ritmo carioca como él.
"Al carnaval ahora lo vivo en la vereda de mi casa, sentado en una silla, aburrido. Extraño el ruido de la batucada, el movimiento de gente, de madres que van y vienen tratando de conseguir algún material para mejorar el traje de los chicos. Era una vida muy dinámica antes de la pandemia. Por eso hoy el carnaval es melancolía y tristeza", confesa Isaías.
A pocos kilómetros de su casa de Villa Paula, otra hogar que pasó de la alegría a la desazón. Un lugar desconocido y que cualquier otro año estaría en efervescencia, desbordado de alegría y nervios. Allí, sobre calle Gobernador Rojas, en Villa Sarmiento, vive Cristian "Pipo" Calderón (director de la batucada) y Betiana Villegas (pasista oficial), otros dos integrantes que viven a flor de piel cada febrero por el Carnaval de Chimbas. A excepción de este mes, que como en 2021, se quedaron sin fiesta en el Predio Costanera.
"Hoy mis días son diferentes. Nosotros vivíamos para la comparsa, la batucada, teníamos una vida a full. Eso ahora ya no se vive. Si bien hemos vuelto con los ensayos, no es lo mismo, no hay carnaval. Un poco nos fuimos acostumbrando a esto, a la pandemia, pero esperamos y rogamos que esto se termine", confiesa "Pipo", quien vive el carnaval desde que tiene 7 años.

A Betiana también le pese la ausencia del carnaval. En verano volvió a lucir su traje de lentejuelas y brillo por algunos eventos privados, que ante la ausencia de carnaval y premios, sirvieron para sumar unos mangos y poder conectarse nuevamente con esa magia que transmiten los instrumentos de percusión. Sin embargo, nada se asemeja con lo que genera Chimbas y su gente, también los que vienen de afuera a disfrutar del espectáculo.
"No se deja de extrañar. Años atrás venían todos los chicos de la batucada a la casa, todo el día y todos los días. Tampoco se deja de extrañar los nervios y esa adrenalina que te genera antes y durante el corso. Eso no lo vivo en otros pasatiempos o momentos de la vida, solo lo genera el Carnaval de Chimbas", confiesa ella. En esa misma línea se mantiene Aitana, la pasista infantil de Villa Paula: "Se extraña el baile y esa alegría que se siente al pisar el corsódromo. Es muy triste todo por este problema de la pandemia. A veces me pongo a bailar en mi casa, pero no es lo mismo".

Si bien ellos se enteraron de la suspensión del carnaval con anticipación, ya tenían algunos trajes adelantados. En la agrupación de Villa Paula se trabaja los 365 días del año en la indumentaria, sonidos, carruaje y demás aspectos artísticos. "Hicimos algunos casquetes, pero cuando se decidió que no se iba a hacer dejamos todo ahí. Hoy estamos tranquilos, porque para esta fecha estábamos hasta último momento bordeando alguna piedra de Betiana", señala Daniel Arredondo, diseñador y coreógrafo de la comparsa.
Ahora esperan retomar lo más pronto posible los trabajos con esos trajes que dejaron a la mitad. Todos coinciden en que sin carnaval hay un vacío enorme y les "falta algo". "Esperemos que cuando empiece todo a mejorar respecto a la salud podamos salir a escena. Nos falta ese ruido de los instrumentos y todo lo que genera el carnaval, esa magia de Chimbas", cierra Cristian Calderón.